El aumento de la brecha entre ricos y pobres en las sociedades de América agrava la situación sanitaria general, advirtió este lunes la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
En su nuevo informe Salud en las Américas, la OPS establece una relación directa entre la salud y la equidad social y económica en las sociedades del continente.
Las sociedades más saludables no son necesariamente las más opulentas, sino aquellas que distribuyen sus ingresos de forma más equitativa, sin importar los montos, sostiene el informe de la OPS, que se publica cada cuatro años.
Los habitantes de países pobres como Cuba, Guyana, Perú y Jamaica, donde es relativamente pequeña la brecha entre los más ricos y los más pobres, gozan de mejor salud que aquellos con ingresos similares (Bolivia, Ecuador, República Dominicana y la mayoría de América Central) pero con la riqueza más concentrada.
Hallazgos similares se alcanzaron en los países más ricos del hemisferio.
La salud de la población de Argentina, Costa Rica, Trinidad y Tobago y Uruguay es mejor si se comparan sus índices de mortalidad infantil y expectativa de vida con los de países donde las diferencias de ingresos entre pobres y ricos son mayores, como Brasil, Chile, Colombia, México y Paraguay, sostiene la OPS.
Según la OPS, la relación entre desigualdad y salud dentro de las sociedades es la conclusión más notable y inesperada del trabajo de 426 páginas, que revisa los estudios más importantes realizados en la última década respecto de la situación sanitaria de los países del continente americano.
Las mayores inequidades de salud en la región no se encuentran como podría esperarse al comparar las naciones más ricas con las más pobres, sino al comparar la distribución del ingreso de los países, sostiene el documento.
A mediados de 1990, la esperanza de vida en los países pobres con menores disparidades en la distribución del ingreso era de un año más que en los países más ricos pero con disparidades de ingreso significativas.
Más aún, la diferencia en la expectativa de vida entre los países con menor brecha entre ricos y pobres y aquellos con mayor brecha era de 8,2 años.
El estudio de la OPS también establece que el riesgo de morir en forma violenta en las naciones con grandes desniveles de ingreso duplica al de las naciones con menores disparidades, tanto ricas como pobres.
El informe halló asimismo que el gasto por persona en atención de salud es dos veces superior en países con menores diferencias entre ricos y pobres.
Según la OPS, la expectativa de vida promedio en América aumentó de 66 a 72 años desde 1980, mientras la mortalidad cayó casi 25 por ciento.
Al menos la mitad del aumento en la expectativa de vida se debe a la declinación de la mortalidad de enfermedades trasmisibles, como tuberculosis, y de enfermedades cardiovasculares.
Las muertes por tuberculosis cayeron en forma marcada por la expansión del programa de tratamientos de observación directa, por el cual se curan más de 85 por ciento de los casos en los países que lo aplican, en comparación con 46 por ciento de curas en los países que no lo hacen.
En 1999 se registraron 250.000 personas con tuberculosis en la región, de las cuales casi 140.000 eran nuevos casos.
La Estrategia de Control Global de la Malaria y la Iniciativa Malaria Atrás, lanzada en 1998, abatieron asimismo la mortalidad de este mal provocado por la picadura de un mosquito, de 8,4 muertes cada 100.000 casos en 1994 a 1,7 muertes cada 100.000 casos en 1999, asevera el documento.
La OPS acredita la declinación de la mortalidad de menores de cinco años al impulso de políticas de atención prenatal y a las campañas de vacunación masivas, en marcha desde mediados de los años 80.
A partir de 1980, la mayoría de las naciones americanas redujeron a la mitad las muertes de niños y niñas por enfermedades contagiosas. El sarampión, combatido mediante vacunas, está muy cerca de su total erradicación de la región, según la OPS.
Pero el panorama no es del todo positivo. La epidemia de sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) continúa su propagación y ha comenzado a afectar seriamente la esperanza de vida en varios países, sobre todo en el Caribe.
Las infecciones respiratorias agudas y la diarrea aún cobran muchas víctimas infantiles, en especial en las regiones rurales y suburbios pobres de las ciudades, donde vive 75 por ciento de la población americana.
El mismo avance urbano ha provocado nuevos problemas sanitarios que afectan la esperanza de vida, como muertes por accidentes de tránsito y violencia, fenómenos que muestran tendencias crecientes en zonas urbanas.
La proliferación de nuevos y casi siempre no planificados asentamientos en torno a los centros urbanos crea otras dificultades. Es común que estas comunidades carezcan de saneamiento y agua potable.
Por otra parte la mala alimentación, la falta de ejercicio, el consumo de tabaco y drogas y el estrés, la depresión y otros problemas de salud mental en aumento, constituyen graves desafíos para los sistemas de salud pública.
Otros cambios demográficos importantes impactan en la situación sanitaria, de acuerdo a la OPS.
La prolongación de la vida da como resultado una población más envejecida.
De hecho, la cantidad de personas con más de 85 años está creciendo de tres a cinco por ciento anual en algunos países, mientras los mayores de 65 aumentan dos por ciento al año, una proporción mucho mayor que el crecimiento general de la población de la región, de 1,3 por ciento.
En consecuencia, enfermedades crónicas como dolencias cardiovasculares, cáncer e incapacidad física, están mucho más presentes y han superado incluso a las enfermedades infecciosas como principal causa de muerte.
La mortalidad de la diabetes, que aflige a unos 35 millones de americanos, también se elevó en los últimos años, fundamentalmente en América Latina y el Caribe.
La OPS estima que en 2025, casi dos tercios de los diabéticos de América serán latinoamericanos y caribeños. (FIN/IPS/tra- eng/jl/dcl/he/02


