Una conspiración mundial de silencio encubre la masacre del pueblo palestino cometida por Israel, afirmó este lunes Claudette Habesch, secretaria general de la organización no gubernamental (ONG) humanitaria Cáritas Jerusalén.
El judío que llega de Georgia, por ejemplo, es ciudadano de Jerusalén, y yo y mi familia, que habitamos la tierra en que nacimos y vivimos en esta ciudad cientos de años, no somos ciudadanos sino residentes, explicó Habesch, palestina nacida en esa ciudad donde israelíes y palestinos mantienen una conflictiva convivencia.
La activista fue desposeída de su casa. Tengo la llave y los papeles legales que dicen que es mía, pero hay colonos judíos viviendo en ella, que la tomaron por nada, y yo ahora carezco de derechos sobre ella, señaló a un grupo de periodistas en Madrid.
Habesch visitó la capital española para informar sobre la situación en Palestina, pedir apoyo a acciones humanitarias en esa región y pedir más esfuerzos para lograr la paz y la coexistencia de un Estado palestino y el israelí, con fronteras seguras para ambos.
También informó sobre la situación nutricional en los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza, y destacó que 9,3 por ciento de la población de esos dos territorios padece desnutrición aguda, y 13,2 por ciento desnutrición crónica.
La anemia afecta a 19,7 por ciento de los niños de seis a 59 meses, y a 10,8 por ciento de las mujeres no gestantes de 15 a 49 años, señaló.
Esa información es producto de una investigación financiada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y realizada por la universidad árabe Al Quds (nombre en árabe de Jerusalén), con asistencia técnica de la estadounidense universidad John Hopkins.
Según datos oficiales, el promedio de ingresos de 81 por ciento de los habitantes de Palestina no supera un dólar diario, medida internacional de pobreza extrema, apuntó Habesch, quien criticó a los grandes medios de comunicación por no prestar la misma atención a todas las víctimas del conflicto entre israelíes y palestinos.
Se habla poco y nada de las condiciones de vida de la población autóctona, el colapso de la actividad económica, el creciente desempleo, la carencia generalizada de productos de primera necesidad y la imposibilidad de acceder a servicios básicos como sanidad y educación, afirmó.
No olvidemos que los ciudadanos palestinos están sometidos a un toque de queda permanente, y que incluso niños de cuatro o cinco años de edad son baleados y asesinados si salen a la calle, subrayó.
Habesch relató el reciente caso de una mujer palestina que se dirigía a dar a luz en un hospital en un vehículo conducido por su marido, interceptado en uno de los numerosos puestos de control del Ejército israelí.
Los responsables del control no permitieron el paso del automóvil, pese a los desesperados ruegos de ambos esposos, y el parto se produjo dentro del vehículo, con una hemorragia que le costó la vida a la madre y al recién nacido, pero casi ningún medio de comunicación se hizo eco de ese incidente, enfatizó.
La comunidad internacional consiente la masacre del pueblo palestino y no hace cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas, y Estados Unidos llegó a vetar en el Consejo de Seguridad de la ONU el envío de observadores del foro mundial a la región, alegó.
Israel no se retira de Cisjordania por los manantiales que hay allí, y el agua será motivo de la guerra del futuro en la región, sostuvo Habesch.
En Gaza hay más de un millón de palestinos y 3.000 colonos israelíes, pero 80 por ciento del agua la consumen los israelíes, y 20 por ciento los palestinos, informó.
Israel ha cambiado el curso de corrientes que abastecían Gaza, y los palestinos carecen de agua para beber, pero los israelíes tienen el césped regado y las piscinas llenas, aseguró.
Está en manos de Israel, el país que cuenta con el poder económico y con la supremacía militar, hacer posible el diálogo y el entendimiento, arguyó Habesch.
Las primeras medidas en esa dirección son la retirada militar de Israelí y el fin de su ocupación de territorios palestinos, y para lograr esas medidas es vital la actitud que adopte la comunidad internacional, aseveró.
Cáritas Jerusalén es parte de Caritas Internationalis, una confederación de 154 organizaciones católicas para la asistencia, el desarrollo y la acción social, con presencia en 198 países y territorios.
La ONG realiza en la actualidad, con apoyo de esa red internacional, actividades humanitarias que benefician a unas 20.000 familias de árabes musulmanes, árabes cristianos y judíos.
La Iglesia Católica no puede ser indiferente al conflicto, y es preciso que tenga siempre presente que la victoria, cuando llegue, será para los dos pueblos y no sólo para uno de ellos, afirmó Habesch. (FIN/td/mo/hd ip/02


