Un nuevo foco de conflicto agrava el clima de guerra en Medio Oriente, pues Israel está dispuesto a evitar con las armas que Líbano desvíe aguas de un río que alimenta el mar de Galilea.
El plan libanés de distribuir aguas del río Wazzani entre 20 localidades meridionales mediante un acueducto ya construido de 16 kilómetros de largo y 40 centímetros de ancho podría originar una guerra, advirtió el gobierno israelí el 11 de este mes.
El río Wazzani es tributario del Hasbani, que provee entre 20 y 25 por ciento del caudal del mar de Galilea, la principal fuente de agua dulce de Israel.
El ejército israelí estudia de cerca el proyecto de Líbano, en especial luego de que el primer ministro Ariel Sharon se declarara dispuesto a ir a la guerra por esa causa. Mientras, el canciller Shimon Peres describió la obra como una provocación innecesaria.
Por su parte, el presidente libanés Emile Lahoud prometió no ceder y calificó el proyecto, que aún no comenzó a funcionar, de decisión irreversible y definitiva.
No pueden impedirnos aplicar los acuerdos y convenciones internacionales que reconocen el derecho de los estados a usar las fuentes de agua existentes en su propio territorio, dijo Lahoud al canal de televisión satelital Middle East Broadcasting, que emite su programación desde Dubai, Emiratos Arabes Unidos.
La situación se agrava también por la presencia en la región del islámico Hizbolá (Partido de Dios), a cuya acción militar se atribuye la retirada de las fuerzas israelíes del sur de Líbano en mayo de 2000, luego de 22 años de ocupación.
Tropas israelíes están preparadas para disparar contra los obreros que trabajan en las obras.
Hizbolá, respaldado por Siria e Irán, sostuvo que la conclusión del proyecto es una nueva victoria, y se comprometió a contraatacar si Israel concreta su amenaza de guerra. Sus combatientes, incluso, ya dispararon contra aviones israelíes que sobrevolaban la zona.
El conflicto abona la hipótesis de que la pacificación de Medio Oriente no podrá alcanzarse mientras no se logre una fórmula equitativa para el uso de las fuentes de agua de esta árida región.
En Medio Oriente y en el Magreb reside 6,3 por ciento de la población mundial, pero esa extensa área cuenta con apenas 1,4 por ciento de las fuentes renovables de agua dulce.
Los países han recurrido con frecuencia a las armas para asegurarse el acceso al agua. Jordania, Líbano y Siria iniciaron en 1964 obras para desviar agua de ríos afluentes del Jordán, una importante fuente de agua dulce de Israel. Los proyectos fueron destruidos con bombardeos aéreos y de artillería.
Del mismo modo, la guerra entre Irán e Iraq (1980-1988) tuvo entre sus muchas causas la aún no resuelta lucha por el control del estuario de Shaat al-Arab, constituido por los ríos Tigris y Eufrates.
El gobierno de Estados Unidos manifestó su preocupación por que una escalada en el conflicto por el agua entre Líbano e Israel obstaculice su estrategia contra Iraq. Un equipo técnico enviado por Washington comenzó a analizar el proyecto libanés el 23 de este mes con la finalidad de diluir la tensión.
La intención es determinar si la obra es consistente con los acuerdos internacionales forjados a lo largo de los años, dijo el secretario de Estado (canciller) estadounidense, Colin Powell. No queremos una nueva crisis que se sume a las ya existentes entre Israel y Palestina y entre Estados Unidos e Iraq, agregó.
Israel procura desde 1948 conservar su dominio sobre el agua de la región. No hay duda de que Israel usará su ejército y sus agencias de seguridad para sabotear el proyecto libanés por cualquier medio, encubierto o no, dijo el periodista P. V. Vivekanand, editor del diario Gulf News, de Emiratos.
Vivekanand consideró absurdo que Israel acuse a Líbano de violar los acuerdos internacionales y de tomar un paso unilateral que podría dañar las reservas de agua israelíes, dada su rampante negativa a cumplir las normas internacionales en referencia a Palestina.
El consumo de agua por persona de Israel multiplica el de sus vecinos árabes, incluida la población palestina. Los recursos acuíferos de Cisjordania representan 30 por ciento de consumo de Israel, que, sin embargo, también sufre severa escasez.
Los israelíes consumen un metro cúbico promedio de agua por día, cinco veces más que los palestinos, indicó Vivekanand.
El viceministro de Planificación y Cooperación Internacional de Palestina, Alí Shaath, aseguró que 85 por ciento de las fuentes subterráneas de agua dulce de Cisjordania —o sea 483 millones de metros cúbicos— son explotadas por Israel, así como 50 millones de metros cúbicos desde la franja de Gaza.
Uno de los principales factores detrás de la negativa de Israel a alcanzar un acuerdo de paz con Siria mediante la devolución de las alturas del Golán es su necesidad de conservar el control sobre el caudal de los ríos, según Shaath.
De las alturas del Golán proceden 30 por ciento de las aguas que fluyen al mar de Galilea, explicó.
Estados Unidos asegura que su intervención fue acordada por Israel y Líbano. Pero Beirut sostuvo que la misión técnica no tiene fines de mediación, y que cualquier acuerdo debe alcanzarse en el marco del sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a lo que Israel parece resistirse. (FIN/IPS/tra- eng/nj/aag/mj/ip dv/02


