El Congreso legislativo de Estados Unidos tiene apenas tres semanas para decidir si deja las manos libres al presidente George W. Bush para derrocar mediante una guerra al presidente iraquí Saddam Hussein.
La decisión se tomará antes de que los congresistas se tomen licencia para participar en la campaña rumbo a las elecciones legislativas de noviembre, anunció, bajo fuerte presión de la Casa Blanca, el líder de la mayoría del Senado, Tom Daschle, del Partido Demócrata.
Algunos legisladores demócratas y grandes periódicos temen que Bush, del Partido Republicano, tenga intenciones de pasarle por encima al Congreso para que apruebe una resolución com graves consecuencias no sólo para Iraq y para todo Medio Oriente, sino también para el orden político mundial.
Uno o dos días de audiencias apresuradas en el Congreso no puede ser ni siquiera un inicio para la investigación de las complejidades del asunto, lamentó el diario The New York Times.
Mientras, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el demócrata Joseph Biden, advirtió contra la posibilidad de que el Congreso se vea sin rumbo al discutir una propuesta tan amplia como la remitida el jueves por el Poder Ejecutivo.
Bush pidió que se le permita emplear la fuerza para obligar a Bagdad a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), defender los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos contra la amenaza y restaurar la paz y la seguridad alrededor de Iraq.
Al contrario de pedidos anteriores, el proyecto de Bush no menciona como justificación ninguna amenaza inminente o tangible, ni un acto específico de agresión contra Estados Unidos. En cambio, formula riesgos hipotéticos que, en su concepción, deben ser prevenidos.
La solicitud se basa, entre otros puntos, sobre la demostrada capacidad y voluntad de Iraq para usar armas de destrucción masiva y el alto riesgo de que el régimen use esas armas en un ataque sorpresivo contra Estados Unidos o contra sus fuerzas armadas, o que se las ofrezca a terroristas internacionales.
El Congreso también deberá tomar en cuenta, según Bush, la extrema magnitud del daño que sufrirían Estados Unidos y sus ciudadanos por tal ataque, y que una guerra tendría el objetivo de que Washington se defienda.
Algunos sectores políticos y expertos manifestaron su alarma por la amplitud del pedido, que se nutre de la controvertida doctrina estratégica de la prevención, aun más elaborada en el documento del gobierno titulado La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, publicado el viernes.
La cuestión es si autorizaremos o no un ataque preventivo. Debe ser la votación más importante en la que ninguno de nosotros hayamos participado, dijo el diputado demócrata Jim McDermott.
Otros cuestionaron la amplitud del proyecto, aun comparada con la resolución que autorizó en 1964 al gobierno a emplear la fuerza militar en Vietnam para impedir nuevas agresiones en Asia sudoriental. Aquella resolución fue aprobada en el Congreso con sólo dos votos en contra.
El Congreso debe asumir su liderazgo en cuestiones de guerra e impedir que ocurra una tragedia, advirtió el activista Timothy Edgar, de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles.
La solicitud de Bush no especifica contra quién luchará Estados Unidos ni los objetivos militares, al igual que la resolución sobre Vietnam, sostuvo Edgar.
Pero varios senadores demócratas aseguraron el jueves que la aprobación del pedido de Bush no equivaldría a entregarle un cheque en blanco al presidente.
Otros advirtieron que Bush podría valerse de la resolución para extender su guerra contra el terrorismo a Siria, Líbano e Irán, tal como como lo hicieron los ex presidentes Lyndon B. Johnson (1963-1969) y Richard Nixon (1969-1974) cuando ampliaron el conflicto en Vietnam a países vecinos como Camboya.
Los neoconservadores estadounidenses solicitan una acción militar de gran amplitud desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington, y a eso parece apuntar el objetivo de restaurar la paz y la seguridad alrededor de Iraq incluido en el proyecto enviado por Bush al Congreso.
El pedido presidencial no hace alusión alguna a la Ley de Poderes de Guerra, aprobado por el Congreso a finales de la guerra de Vietnam para asegurarse de que el Poder Ejecutivo prolongara indefinidamente una guerra sin respaldo del Legislativo.
El ex presidente George Bush (1989-1993), padre del actual mandatario, tuvo cuidado en mencionarla cuando pidió autorización para atacar a Iraq en enero de 1991.
El diputado demócrata Dennis Kucinich afirmó que la mera discusión del proyecto resultaba prematuro, pues el gobierno no atinó a demostrar que Iraq represente una amenaza seria e inminente contra la seguridad.
Un editorial del diario Los Angeles Times titulado Necesitamos respuestas, señor Bush, publicado el viernes, formula una serie de preguntas referidas al carácter preciso de la amenaza que representa Iraq y a lo que hará Estados Unidos si logra derrocar a Saddam Hussein.
Incluso personalidades derechistas como el director de asuntos de Defensa del Instituto Cato, Ivan Eland, manifestaron su preocupación porque el nuevo documento sobre seguridad de la Casa Blanca deja de lado la adhesión que durante 55 años manifestó el gobierno al principo de contención de los enemigos mundiales.
La estrategia consistente en mantener la primacía militar y no descartar los ataques preventivos contra amenazas potenciales no se condice con la política exterior que debería tener una república y conduce a un perpetuo estado de beligerancia, dijo Eland.
La cuestión, ahora, es si la Casa Blanca está dispuesta a negociar el contenido del proyecto con los disidentes, que tratarían de modificarlo.
Pero eso tal vez no sea necesario, pues apenas un puñado de legisladores republicanos expresaron reservas sobre el pedido de Bush, mientras gran cantidad de demócratas ya adelantaron que alentarán la aprobación del proyecto en el plazo fijado.
Observadores del Congreso prevén que la iniciativa sería aprobada si se la votara ahora, con mayor margen en la Cámara de Representantes que en el Senado, más apegado al enfoque multilateral y de contención tradicional en la política exterior estadounidense.
Todo indica que Bush procurará un mandato amplio para su plan de guerra en Iraq aun a costa de estrechar su respaldo legislativo. Su segundo, Dick Cheney, el vicepresidente más poderoso de la historia, dijo con frecuencia que la Casa Blanca renunció a demasiado poder a causa del fracaso bélico en Vietnam.
La campaña electoral alienta la ambición guerrera de Bush. Los candidatos republicanos acusan por televisión a los demócratas de ser blandos con Iraq, mientras los demócratas aceleran la autorización de la guerra para volver a concentrar su discurso en la economía y en los escándalos financieros.
El debate en el Congreso, con seguridad, será breve. (FIN/IPS/tra-eng/jl/mj/ip/02


