BRATISLAVA – Las personas Lgbti+ en Rusia se ven obligadas a recurrir cada vez más a estrategias de autocensura en su vida cotidiana mientras luchan contra una vulnerabilidad sistémica, según ha revelado una de las mayores encuestas realizadas a esa comunidad en el país.
La última encuesta anual, realizada a más de 6000 personas en toda Rusia por las organizaciones Coming Out y Sphere Foundation, reveló que, en 2025, la situación de la comunidad no había mejorado ni empeorado significativamente.
Sin embargo, puso de manifiesto un refuerzo de las estrategias de adaptación existentes entre las personas Lgbti+, incluyendo enfoques selectivos a la hora de salir del armario y evitar situaciones en las que pudiera revelarse su identidad de género u orientación sexual.
También se observó un aumento de algunas formas de abuso, especialmente en los espacios en línea, y las amenazas de violencia, la extorsión, la denuncia y la presión por parte de los círculos más cercanos siguieron contribuyendo de manera significativa a la vulnerabilidad cotidiana de las personas Lgbti+.
Las organizaciones afirman que los resultados refuerzan la percepción de que las personas Lgbti+ en Rusia —donde existe una serie de leyes represivas que demonizan y persiguen al colectivo— probablemente se enfrentarán a niveles persistentemente elevados de vulnerabilidad y amenazas a su seguridad, salud y calidad de vida durante algún tiempo, ya que son objeto de ataques simplemente por ser quienes son.
«Nuestros datos muestran que la represión contra las personas LGBTQ+ ha pasado de la persecución por acciones específicas a la persecución por su identidad, por quién es una persona, no por lo que hace. Cada vez hay más casos judiciales contra personas que simplemente viven sus vidas, sin hacer nada en contra del Gobierno ni intentar promover los derechos humanos», dijo a IPS Denis Oleinik, director ejecutivo de Coming Out.
Añadió que «lo que hemos visto en 2025 es una ‘normalización’ o ‘rutinización’ de la catástrofe. Las personas Lgbtiq+ ahora simplemente conviven con [la situación], con que sucedan estas cosas. Es como si esto se hubiera convertido en la vida cotidiana. Es absolutamente horrible».
La comunidad Lgbti+ de Rusia lleva más de una década enfrentándose a una discriminación y marginación cada vez mayores.
Aunque históricamente ha existido cierto sentimiento anti lgbti+ en la sociedad rusa, este se ha agudizado significativamente con la introducción de una serie de leyes y políticas gubernamentales cada vez más hostiles hacia la comunidad.
En 2013, poco después de que Vladímir Putin volviera al poder como presidente, se promulgó una ley que prohibe «la propaganda de relaciones sexuales no tradicionales» a menores de 18 años.
Esta ley, que según los críticos supuso el inicio de una campaña de una década por parte del Kremlin para marginar y vilipendiar a la comunidad Lgbti+ en el país, se amplió en 2022 para abarcar toda la información o actividad pública que apoyara los derechos Lgbti+ o mostrara una orientación no heterosexual, independientemente de la edad.
También se incluyó en la Constitución la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo y, en 2023, se aprobó una ley que prohíbe a las personas transgénero cambiar de género, ya sea de forma oficial o médica.
Ese mismo año, el Tribunal Supremo dictó una sentencia que ilegalizó el inexistente «movimiento Lgbt internacional», declarándolo «extremista», lo que permitió multar o procesar a las personas por cualquier acto que pudiera interpretarse como promoción de «relaciones sexuales no tradicionales».
Al mismo tiempo, el discurso político homófobo se ha normalizado cada vez más, ya que el Kremlin ha buscado promover los «valores familiares tradicionales» en la sociedad y presentar el activismo Lgbti+ como un producto de un Occidente degenerado y una amenaza para Rusia.
Esto ha alimentado un rechazo cada vez más virulento y a menudo violento hacia las personas Lgbti+ en amplios sectores de la sociedad y ha hecho que muchos miembros de la comunidad teman por su salud física y mental.
Grigory, un estudiante Lgbti+ de una gran ciudad de Rusia, afirmó a IPS bajo un nombre supuesto por razones de seguridad, que era selectivo a la hora de revelar su sexualidad e identidad de género y que, aunque no vive con el miedo constante a sufrir agresiones físicas, ha adaptado su comportamiento para evitar determinados lugares.
«A veces, por las noches, evito ciertos sitios porque podría ser considerado gay según los estereotipos, quizá por mi voz o por mi forma de andar. No oculto mi sexualidad en público, pero tampoco la manifiesto», afirmó, añadiendo que esto le resultaba más fácil que a otros miembros de la comunidad Lgbti+.
Agregó que «las personas transgénero sufren los peores problemas. Debe de ser muy duro ser transgénero en Rusia. Son tan valientes y fuertes. Me sorprende que puedan seguir adelante».
La organización Coming Out y la Fundación Sphere demostraron que la situación de las personas transgénero, según la gran mayoría de los indicadores de calidad de vida —incluidas medidas específicas de discriminación y bienestar—, era peor que la de otros miembros de la comunidad Lgbti+.
En particular, eran significativamente más propensas a sufrir amenazas físicas y a sufrir violencia física real, incluida la violencia sexual y doméstica, con mayor frecuencia que otras personas del colectivo.
«Muchas personas trans viven ahora mismo toda su vida en casa, sin siquiera salir a las tiendas, si es que tienen acceso a servicios de mensajería o a algún familiar o amigo que pueda ayudarles a comprar lo que necesitan. Esto lo vemos cada vez más», afirmó Oleinik.
El estudiante Grigory comentó que sentía, al igual que muchas otras personas de la comunidad, si no miedo a sufrir agresiones físicas, sí una sensación concreta de hostilidad hacia ellas.
«Lo siento de forma indirecta. Se transmite a través de los discursos del gobierno en los medios de comunicación y en la esfera pública, o en algo que pueda decir un conocido. La queerfobia en Rusia está inducida principalmente por el gobierno. Por supuesto que existía antes de todas estas terribles leyes, pero no era tan fuerte. Las leyes la han agravado mucho», afirmó.
Los defensores de los derechos Lgbti+ afirman que los patrones de comportamiento entre la comunidad en Rusia descritos en el informe no son sorprendentes, dados los años de creciente represión contra ellos.
«Cuando la marginación y la criminalización por cualquier motivo son una característica a largo plazo de la vida cotidiana, las personas desarrollan formas de gestionar su exposición diaria al daño», explicó a IPS Anastasia Smirnova, subdirectora y directora de programas del grupo de derechos ILGA-Europa.
Añadió, sin embargo, que las personas Lgbti+ en Rusia se enfrentaban a un reto muy específico, ya que el Estado ruso, a través de una legislación cada vez más severa y una retórica estigmatizante, ha trabajado sistemáticamente para aislar a los defensores de los derechos humanos Lgbti+ y, posteriormente, a las propias personas Lgbti+ entre sí y del resto de la sociedad.
Una actuación que forma parte, dijo, de un desmantelamiento más amplio de las condiciones para la libre asociación y la disidencia.
«Esto es lo que lo diferencia del prejuicio social: no es un reflejo de la sociedad, es un proyecto del Estado, y su objetivo es la vida cívica. Para muchas personas que viven esta situación, los actos cotidianos de autocensura descritos en el informe son la realidad vívida de ese proyecto», afirmó Smirnova.
Los posibles daños de tales acciones sobre las personas y la comunidad en general son graves, con repercusiones tanto en la salud mental como física, ya que las personas quedan aisladas y, en algunos casos, tienen miedo de acceder a la asistencia sanitaria.
«El impacto en los niños y niñas es especialmente grave. La propaganda estatal dirigida a las escuelas, la ausencia de una educación sexual y relacional adecuada a la edad, y el clima de miedo que rodea a los temas LgbtiI dejan a los jóvenes expuestos a un daño extremo y al aislamiento, especialmente a los niños y niñas que son ellos mismos Lgbti o tienen familiares Lgbti, pero también a cualquier niño o niña que pueda ser percibido como Lgbti», afirmó Smirnova.
Aunque el informe no mostró un deterioro significativo en varios indicadores en comparación con años anteriores —de hecho, se observó una ligera mejora en algunas áreas—, sus autores advierten de que esto podría ser engañoso.
Destacan que el informe se basó en la disposición de los encuestados a «compartir información sensible en un entorno cada vez más opresivo» y que los niveles reales de discriminación y violencia podrían ser bastante más elevados.
Sean cuales sean los verdaderos niveles de discriminación contra la comunidad en Rusia, muchas personas están sufriendo gravemente en el contexto actual.
Grigory afirmó que actualmente está en terapia, en parte para ayudarle a afrontar los retos de ser Lgbti+ en Rusia.
Comentó que, entre la comunidad, «los pensamientos suicidas y los intentos de suicidio son bastante comunes».
Las personas Lgbti+ y los activistas que están en contacto o trabajan directamente con miembros de la comunidad y que hablaron con IPS señalaron que el abuso de sustancias, o la automedicación mediante el uso sin supervisión de antidepresivos, tampoco era infrecuente.
Sin embargo, resulta difícil buscar ayuda para estos problemas debido a la desconfianza hacia las instituciones sanitarias estatales, provocada por la homofobia y la transfobia generalizadas, así como por la preocupación de que el personal pueda violar la confidencialidad de los pacientes en lo relativo a su sexualidad.
A medida que continúa la presión sobre las personas Lgbti+, muchas sienten que no les ha quedado más remedio que abandonar Rusia.
El informe anual incluyó respuestas de cientos de personas que habían emigrado, tanto en 2025 como en los últimos años anteriores a ese año.
La ansiedad grave y el malestar psicológico fueron las razones más citadas para emigrar (66 %), mientras que otras razones importantes fueron el endurecimiento de la censura (59 %), el riesgo para la seguridad personal (57 %) y el aumento de la homofobia y la transfobia en la sociedad rusa (57 %).
Es revelador que la mayoría de los participantes que habían emigrado (63 %) no consideraran una opción volver a Rusia, lo que supone un aumento de 8 puntos porcentuales con respecto al año anterior.
Quizá esto no sea sorprendente, dado que muchos miembros de la comunidad ven pocas o ninguna perspectiva de que la situación en Rusia mejore en muchos años.
«Muchas cosas han cambiado en los últimos años, no solo en Rusia, sino en todo el mundo: la extrema derecha está ganando terreno en todas partes y los derechos LGBTQ están siendo atacados en todo el mundo. No espero que ocurra nada bueno dentro de Rusia en los próximos cinco a 10 años», afirmó Oleinik.
Sin embargo, otros sostienen que, a pesar de los resultados del informe —o quizá precisamente por ellos—, ahora es más necesario que nunca que las personas Lgbti+ en Rusia y los colectivos tanto dentro como fuera del país hagan todo lo que puedan para resistir la represión estatal que sigue sufriendo la comunidad.
«Hay que establecer una distinción importante entre reconocer que no se vislumbra a corto plazo un cambio democrático en Rusia y concluir que, mientras tanto, no se puede ni se debe hacer nada. El poder del Estado ruso, respaldado por la riqueza de sus recursos y la voluntad de utilizar todos los instrumentos de represión a su alcance, es real y no puede minimizarse», afirmó Smirnova.
Y, sin embargo, añadió, «lo que observamos desde nuestra posición, trabajando en apoyo de organizaciones de derechos humanos, defensores, organizadores y activistas, no es resignación, sino realismo acompañado de determinación».
«La gente sigue organizándose, aunque los plazos sean largos y confusos y los criterios para medir el ‘valor’ de esa organización sean distintos de los que podrían aplicarse en otros lugares. Pero mantener vivas las posibles formas de compromiso cívico, pensamiento crítico y solidaridad es una forma de resistencia que sí tiene valor a largo plazo», planteó.
Oleinik prometió que su organización no abandonaría a las personas Lgbti+ en Rusia.
«Tenemos que continuar con nuestro trabajo y nuestro apoyo, porque sabemos que las personas Lgbtq+ en Rusia nos necesitan. En este momento puede parecer que hay pocas esperanzas de un cambio positivo, pero eso no significa que debamos dejar de hacer lo que estamos haciendo», sentenció.
T: MF / ED: EG


