El Banco Mundial y otras agencias financieras internacionales deben examinar su respaldo a la extracción de oro, cobre y otros metales en países pobres, advirtió este lunes la organización humanitaria Oxfam Estados Unidos.
La minería nunca se comportó como gran impulsora del desarrollo en Australia, Canadá o Estados Unidos, tres países que las instituciones financieras internacionales suelen erigir como ejemplo ante las naciones pobres con riquezas minerales, sostuvo el informe de Oxfam divulgado este lunes.
Este estudio demuestra en forma definitiva que las afirmaciones tradicionales del Banco Mundial son erróneas. La minería no fue nunca una fuente significativa de riqueza en países como Estados Unidos, Canadá y Australia y el Banco Mundial sostiene que lo fue, dijo el consultor sobre política de la organización, Keith Slack.
Por tanto, el Banco debe examinar con honestidad su promoción de la explotación minera a gran escala en países pobres, la cual suele provocar graves impactos en las comunidades locales y el ambiente, agregó.
La minería fue el principal motor del crecimiento y la industrialización en Australia y Estados Unidos durante más de un siglo, afirma un documento del Banco Mundial.
Esta retórica es repetida por el sector minero, cuyas inversiones se concentran cada vez más en el mundo en desarrollo.
Las experiencias de Estados Unidos, Canadá y Australia, que se convirtieron en tres de las naciones más ricas del mundo respaldándose en la minería prueban que el sector es una base económica que puede ayudar a las naciones a escapar de la pobreza, sostuvieron tres portavoces de la industria en una respuesta a otro informe crítico de Oxfam.
Pero el estudio ¿Excavando hacia el desarrollo? Una mirada histórica a la minería y el desarrollo económico, arguye que el sector minero se hizo significativo en cada una de las tres naciones sólo después que se habían desarrollado otros aspectos de la economía.
Más aún, la industria dejó tras de sí casi sin excepción comunidades económicamente deprimidas y sumidas en graves problemas de contaminación, conocidas como pueblos fantasma, agrega Oxfam.
El argumento del Banco y de la industria tiene un carácter folclórico que se no se basa en ninguna evidencia empírica, sostiene el estudio escrito por el profesor Thomas Power, jefe del Departamento de Economía de la Universidad de Montana.
En un contexto de desarrollo, la minería fue sólo una parte de un complejo modelo institucional, tecnológico y corporativo, que caracterizó no sólo a ese sector, sino a la agricultura, la manufactura, el comercio minorista y los servicios, argumenta en informe.
También se ignoran otros factores clave, como el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, los valores culturales, la infraestructura pública y la protección ambiental.
Las tres naciones ya eran economías avanzadas con grandes ingresos cuando comenzaron a explotar sus recursos mineros a fines del siglo XIX y principios del XX, un estado de desarrollo que no se aplica a los países pobres de hoy.
La analogía tampoco toma en cuenta la rápida caída de los costos de transporte desde mediados del siglo pasado, lo cual permite trasladar los metales en bruto a cualquier lugar del mundo, privando a comunidades locales y países de donde son extraídos de la oportunidad de crear nuevas industrias y empleos.
Oxfam es una de las organizaciones ambientalistas y de desarrollo para las cuales el efecto neto de la minería en muchas naciones pobres fue negativo para el desarrollo económico, perturbador para las comunidades cercanas y desastroso para los entornos ambientales.
Los daños ecológicos son denunciados desde hace tiempo, pero en los últimos años las críticas se dirigieron asimismo hacia desempeños productivos poco favorables.
Varias organizaciones presionarán al Banco Mundial para que reduzca o elimine los préstamos para proyectos mineros, incluyendo petróleo y gas, dos sectores no incluidos en el informe de Oxfam, durante las reuniones anuales del Banco y del Fondo Monetario Internacional (FMI), que se celebrarán este sábado y domingo en Washington.
Este año, la organización Amigos de la Tierra publicó una dura crítica a las políticas del Banco, titulada Tesoro o basura, donde afirmaba que la minería sólo debería llevarse a cabo en naciones con regulaciones y mecanismos legales rígidos, que no existen en virtualmente ningún país pobre.
La inversión extranjera en explotaciones mineras, en especial en zonas remotas de América Latina, Europa oriental, Africa y Asia central y sudoriental, creció notablemente en la última década por la necesidad de dinero de las naciones en desarrollo para pagar deuda externa.
Se produjo en consecuencia una ola de privatizaciones, frecuentemente respaldadas o alentadas por el Banco, que pusieron en manos de empresas extranjeras minas que formaban parte del patrimonio del Estado.
Desde 1980, el Banco Mundial y sus organismos colaterales proporcionaron bastante más de 1.000 millones de dólares en préstamos y otro tipo de respaldo a emprendimientos para explotar cobre.
A partir de 1994 la tendencia se acentuó mucho más. Desde ese año el Grupo del Banco Mundial otorgó montos en nuevos préstamos para ese sector iguales a los concedidos en los 14 años previos.
Además, en el mismo periodo, la Corporación Financiera Internacional y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones, pertenecientes al Grupo, triplicaron su respaldo a planes de explotación de cobre.
Aunque su participación es menor en términos financieros, su peso está dado porque alientan las inversiones del sector privado. (FIN/IPS/tra-eng/jl/dcl/en/dv/02


