ASIA CENTRAL: Una metamorfosis de apenas 12 meses

El escenario político, económico y social de Asia central experimentó un cambio radical desde que Estados Unidos lanzó su guerra antiterrorista, luego de los atentados de septiembre pasado contra Nueva York y Washington, en particular tras la caída del régimen islámico de Talibán en Afganistán.

En lo político, se pudo observar por primera vez desde la Revolución Islámica iraní en 1979 una clara convergencia en los intereses de Teherán y Washington contra un enemigo común: el movimiento radical islámico Talibán, que gobernaba la mayor parte del territorio afgano.

A partir de 2001, se puso en marcha un enorme despliegue de soldados estadounidenses y el establecimiento de bases militares en Kirguizstán, Tayikistán y Uzbekistán. Estados Unidos se aseguró en un año una fuerte presencia en una región en que las potencias dominantes son China y Rusia.

India también estableció una base militar en Tayikistán, cerca de la frontera afgana, según informó el diario estadounidense The Washington Post el 2 de este mes.

China y Rusia permitieron la presencia de Estados Unidos, en lo que constituye un cambio significativo en su tradicional política internacional.

Mientras, Washington incluyó por primera vez a los musulmanes independentistas de la república rusa de Chechenia en su lista oficial de ”organizaciones terroristas”.

Además, el subsecretario de Estado (vicecanciller) de Estados Unidos, Richard Armitage, en su última visita a Beijing, llamó ”terroristas” a los miembros del Movimiento Islámico de Turkestán Oriental, que luchan por la secesión de la provincia china de Xinjiang, de mayoría musulmana.

Estas son algunas de las características del escenario en Asia central, por completo diferente al que había antes de los ataques suicidas contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y el Pentágono (sede del Departamento de Defensa), en Washington.

Uno de los cambios más importantes fue la inusual cooperación económica entre los países de la región, que por primera vez en muchos años pudieron exportar sus productos a través del océano Indico, pasando por Afganistán y Pakistán.

El 27 de agosto, los presidentes Imamali Rakhmonov, de Tayikistán, y Nursultan Nazarbayev, de Kazajstán, dijeron a The Washington Post que consideran la construcción de una autopista a lo largo de Afganistán para reducir el tiempo de viaje desde cualquier país de la región al puerto pakistaní de Karachi.

El gobierno de Pakistán, para aprovechar esta apertura y el interés de Asia central en exportar a través del océno Indico, inició la construcción, con asistencia china, de un puerto en la localidad de Gawdar, en la meridional provincia de Balochistán.

La región tiene también una gran riqueza energética. Hay enormes yacimientos de gas natural en Turkmenistán, mientras las reservas de petróleo de Kazajstán se calculan en 95.000 millones de barriles de 159 litros.

La asistencia financiera comprometida en enero por la comunidad internacional para el desarrollo de Afganistán, acordada en 4.500 millones de dólares en una conferencia en Tokio, también alienta la integración regional.

En este proceso de cambios juega un papel importante la Organización de Cooperación Económica, integrada por Afganistán, Azerbaiyán, Irán, Kazajstán, Kirguizstán, Pakistán, Tajikistán, Turkmenistán, Turquía y Uzbekistán.

Pero los ataques del 11 de septiembre pasado también pusieron en acción a otras influyentes potencias regionales.

India, que apoyó a la Alianza del Norte afgana, organización que tomó las armas para luchar contra Talibán, cuenta ahora con una importante presencia militar cerca de Afganistán, tras firmar un acuerdo para entrenar a soldados de Tayikistán.

Irán prometió donar 550 milones de dólares para financiar programas de desarrollo en Afganistán, promesa que fue confirmada en agosto por el presidente Mohammed Jatami en Kabul.

El occidente afgano, controlado en su mayoría por el ”señor de la guerra” Ismali Khan, quien estuvo exiliado en la ciudad iraní de Meshed durante el régimen talibán, presencia ahora una fuerte influencia económica, política y cultural de Teherán.

Por su parte, Turquía expresó su apoyo al señor de la guerra afgano Abdur Rashid Dostum, de origen étnico uzbeko pero de habla turca, quien estuvo exiliado en Estambul durante el gobierno talibán.

Ahora que Estados Unidos tiene una fuerte presencia en la región, es de esperar una mayor influencia occidental en los asuntos internos de estos países, en especial por parte de organizaciones defensoras de las libertades civiles.

Esto es ya evidente en la lucha por el poder contra los conservadores de Irán, donde los moderados encabezados por el presidente Jatami proponen un mayor acercamiento a Washignton.

El vínculo entre China y Rusia se debilitó desde el 11 de septiembre pasado, lo que pone en riesgo el futuro de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO).

Los jefes de gobierno de la SCO, también integrada por Kazajstán, Kirguizstán, Tajikistán y Uzbekistán, se comprometieron en junio de 2001 a ”combatir el extremismo religioso, el separatismo y el terrorismo”. Pero este compromiso parece haber quedado a un lado.

Uzbekistán, Tajikistán y Kirguizstán serán los países que más sufrirán si este objetivo no es alcanzado, pues el Movimiento Islámico de Uzbekistán se extendió por la región luego de perder su santuario en el territorio afgano por la caída del régimen talibán. (FIN/IPS/tra-eng/wd/mj/aag/rp/mj/ip/02

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