La destrucción de bosques es tarea fácil y rápida, pero reforestar es muy costoso, aunque se haga de modo parcial, como pretende hacerlo Brasil a lo largo de su costa oriental.
Por eso la prioridad hoy es detener la destrucción histórica de los bosques atlánticos, con la consigna deforestación cero, dijo a IPS el presidente de la Fundación SOS Mata Atlántica, Mario Mantovani.
Reforestar con el mínimo indispensable de especies nativas cuesta 8.000 reales (unos 2.600 dólares) por hectárea, en una zona como la llamada Mata Atlántica, cuyos bosques ocupan en la actualidad apenas 7,3 por ciento de los 130 millones de hectáreas que cubrían en 1500, observó.
La reforestación en larga escala sólo será posible con abultados recursos. La esperanza es que el Protocolo de Kyoto, promueva inversiones de países ricos en la actividad para cumplir sus metas de reducción de los gases que provocan el llamado efecto invernadero, causante del recalentamiento de la Tierra.
El Protocolo de Kyoto fue aprobado en 1997, pero entrará en vigor sólo cuando se logre la ratificación de una cantidad de países que sume 55 por ciento de las emisiones mundiales de gases invernadero. Es meta parece difícil de alcanzar por el rechazo de Estados Unidos, responsable de un cuarto de esas emisiones.
Los mecanismos del Protocolo permiten que un país financie en el exterior proyectos que absorban gases del efecto invernadero, como los de reforestación. Eso activa créditos que cuentan para alcanzar la meta de reducción global de la emisión de esos gases, fijada en 5,2 por ciento hasta 2012.
El conocimiento para la recomposición de la Mata Atlántica de forma adecuada ya existe, aseguró a IPS Paulo Kageyama, profesor de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq), con sede en Piracicaba, a 100 kilómetros de Sao Paulo.
Largos años de investigación permitieron al equipo de Kageyama conocer la reproducción y genética de los árboles, además de la dinámica general de los bosques tropicales de mayor biodiversidad en el mundo y los más amenazados, por ubicarse en la zona de mayor ocupación humana en Brasil, el litoral y los planaltos vecinos.
En base a ese conocimiento, el experto estima que 20 por ciento del área original de los bosques es el mínimo necesario para el equilibrio del ecosistema.
Eso significa reconstituir 13 por ciento o 2,5 millones de hectáreas sólo en el meridional estado de Sao Paulo. Eso corresponde a la mitad de toda la extensión reforestada en el país con eucalipto y pino para fines industriales y suficiente para hacer de Brasil un gran exportador de celulosa.
Mantovani calculó que una operación de ese tipo en territorio paulista costaría al menos 6.500 millones de dólares y habría que multiplicar esa cifra por siete para alcanzar 20 por ciento de la extensión original de bosques en los 17 estados brasileños que comparten la Mata Atlántica.
Pero el director de SOS Mata Atlántica sostuvo que los ambientalistas deben reclamar una recomposición mucho más amplia, por lo menos 65 por ciento que se exige legalmente de las propiedades ubicadas en el ecosistema.
Es necesario reforestar la cima de las montañas, las orillas de los ríos y riachuelos. Solo eso, en Sao Paulo representa recomponer 17 por ciento de la Mata, estimó.
La Esalq amplió sus conocimientos al desarrollar dos bancos de germoplasma, es decir dos centros de conservación de recursos genéticos de los bosques que fueron inundados por un embalse hidroeléctrico.
De ese modo es posible desarrollar una reforestación con especies nativas de la Mata Atlántica, como canafístula, cedro, ipé, peroba y aroeira, que ofrecen buena madera, de forma mezclada, para mantener un equilibrio natural que evite plagas sin el uso de agrotóxicos, sostuvo Kageyama.
La mezcla y la diversidad es indispensable, porque los árboles nativos son vulnerables a los enemigos naturales locales, una situación de la que están a salvo las especies exóticas, como el eucalipto que se cultiva en plantaciones homogéneas en largas extensiones, explicó.
La producción de madera y otros productos forestales por ese sistema puede ser competitivo, porque en los árboles tropicales alcanzan la madurez en menos de 20 años, mientras que los países de clima frío tienen que esperar 60 a 100 años para talar sus especies nativas, comparó el experto.
La situación de la Mata Atlántica es desesperante, ya que la destrucción de sus bosques prosigue, pese a que ya alcanzó 92,7 por ciento de la extensión original encontrada por los portugueses al llegar por primera vez a la zona en 1500. Sin embargo, algunas iniciativas son alentadoras, resumió Mantovani.
El gobierno de Fernando Henrique Cardoso sólo extendió a la silvicultura un programa de crédito en favor de la agricultura familiar, que cuenta con plazos más largos, estimulando a los pequeños propietarios de tierra a reforestar o conservar sus bosques, con fines económicos, como la extracción sostenible.
Algunas actividades agroforestales favorables empiezan a expandirse. Son ejemplos la fruticultura o la siembra de café aprovechando la sombra de los árboles en el noreste de Brasil y el ecoturismo en los bosques, observó el activista.
La misma Fundación dirigida por Mantovani impulsa desde hace dos años el proyecto clickarvore. Cada clic de los participantes en una página de Internet hace que un árbol nativo de la Mata Atlántica sea plantado por distintas empresas, propietarios de tierras, alcaldías o comunidades.
Más de un millón de árboles ya fueron plantados por el proyecto financiado por un grupo de empresas.
Las variadas iniciativas y la conciencia ambiental ya invirtieron la tendencia, por lo menos en el meridional estado de Río Grande del Sur, donde la Mata Atlántica se expande hace cinco años, precisó el secretario de Biodiversidad y Bosques del Ministerio de Medio Ambiente, José Pedro de Oliveira Costa. (FIN/IPS/mo/dm/en/02


