AFRICA: Disímiles coletazos del 11 de septiembre

La economía de Somalia resultó devastada como consecuencia de medidas tomadas por Estados Unidos tras los atentados de septiembre pasado, mientras el gobierno islámico de Sudán aprovechó la oportunidad para mejorar su vínculo con Washington.

La ”campaña contra el terrorismo” encabezada por el gobierno estadounidense tras el 11 de septiembre de 2001 frenó el ingreso de divisas a Somalia, lo que ”destruyó la microeconomía y la infraestructura de comunicaciones”, dijo el analista Mustaphá Hassouna, de la Universidad de Nairobi.

Luego de los atentados que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington, el gobierno de George W. Bush congeló los bienes de Al-Barakaat, la principal compañía de transferencia de dinero de Somalia, a través de la cual miles de somalíes en el extranjero enviaban remesas a sus familiares.

Estados Unidos aseguró que la empresa era utilizada como medio para canalizar fondos hacia Al Qaeda, la red radical islámica liderada por el dirigente saudita Osama bin Laden a la que Occidente atribuye los atentados de septiembre pasado contra Nueva York y Washington.

”La decisión de castigar a Somalia por constituir un posible refugio para Bin Laden y para Al Qaeda ocasionó tremendas dificultades a los somalíes”, a pesar de que existe ”escasa evidencia” para justificarla, afirmó Hassouna, profesor de Relaciones Internacionales.

Mientras, Sudán, el país en que residió Bin Laden entre 1991 y 1996 y considerado aun hoy por Estados Unidos ”patrocinador del terrorismo”, cooperó con Washington en la persecución del radicalismo islámico.

Este país, que en 1998 fue objetivo de ataques como represalia por su supuesta colaboración con los atacantes de las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania, llegó, incluso, a ser sede de una conferencia regional sobre la ”guerra contra el terrorismo” luego del 11 de septiembre.

Como consecuencia, las relaciones entre Estados Unidos y Sudán han mejorado. Washington, incluso, está detrás del diálogo de paz entre el gobierno islámico del general Omar Al Bashir y los separatistas del sur del país, donde predominan los negros que profesan religiones cristianas y animistas.

El proceso de negociaciones que se desarrolla en Kenia es la mejor oportunidad para poner fin a 19 años de guerra civil, según analistas. Estados Unidos ha sido un mediador imparcial, pues no se alineó con los rebeldes del sur como en el pasado, dijo el funcionario de la Embajada de Sudán en Kenia Mohamed Dirdeiry.

”La postura de Washington ha sido mucho más equilibrada tras el 11 de septiembre y nos ayudó a avanzar en el proceso de paz”, dijo el diplomático.

Uno de los acontecimientos más reveladores de los esfuerzos del gobierno sudanés por distanciarse de su pasado es la transferencia a una prisión del ex líder del régimen islámico, Hassan al Turabi, a fines de agosto.

Turabi, quien se encontraba en detención domiciliaria desde febrero de 2001, fue clave para promover a Sudán como base de organizaciones radicales islámicas de todo el mundo en los años 90, y tuvo una relación estrecha con Bin Laden.

De todos modos, Sudán fue incluido en mayo entre los siete países ”patrocinantes del terrorismo” que figuran en el informe especializado del Departamento de Estado (cancillería) estadounidense.

El informe indica, sin embargo, que ”el diálogo antiterrorista iniciado a mediados de 2000 entre Estados Unidos y Sudán continuó y se intensificó en 2001”, y destaca la condena del gobierno de Al Bashir a los atentados de septiembre pasado, así como su compromiso en ”la campaña contra el terrorismo”.

Así mismo, indica que las autoridades sudanesas ”investigaron y detuvieron a extremistas sospechosos de involucramiento en actividades terroristas”.

Sin embargo, el informe indica que ”grupos terroristas internacionales”, entre los que se destacan Al Qaeda, la Jihad Islámica egipcia y palestina y el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) ”continúan usando Sudán como refugio”.

Por otra parte, los atentados de septiembre pasado fueron objeto de condena general en Kenia. El presidente Daniel Arap Moi, incluso, encabezó una manifestación de repudio a la operación.

Kenia ya había sufrido un gran atentado atribuido por Washington a Al Qaeda. El 7 de agosto de 1998 a la misma hora, las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania fueron objeto de sendos atentados con coches bomba, con un resultado de 250 muertes en total.

Sin embargo, la compasión que despertaron los atentados en Estados Unidos en la población no impidió que surgieran señales de condena a la represalia lanzada en Afganistán por el gobierno de Bush y sus aliados, que fue interpretada por muchos musulmanes como un ataque contra todo el Islam.

Miles de musulmanes keniatas protestaron en las calles de Nairobi, y en la manifestación hubo carteles conteniendo elogios a Bin Laden. ”Los musulmanes de todo el mundo somos hermanos”, dijo el jeque Alí Shee, un importante líder religioso de Kenia.

”Si hostigas a nuestro pueblo en Afganistán, en Iraq o en Palestina, lo consideraremos un hostigamiento contra todos los musulmanes del mundo”, afirmó el clérigo.

La fuerte presencia islámica en Africa oriental lleva a funcionarios estadounidenses a percibir la región como un potencial refugio para combatientes musulmanes que escaparan de Afganistán.

Como consecuencia, ”muchos musulmanes keniatas inocentes fueron perseguidos”, sostuvo Shee. ”La mayoría de la comunidad musulmana en Kenia sufrió el acoso de fuerzas de Estados Unidos”, incluso de agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de ese país, aseguró.

”Ingresaron en nuestros hogares y en nuestros lugares de oración, y el gobierno de Kenia se convirtió en un agente de Estados Unidos para perseguir a su propio pueblo”, acusó el religioso. (FIN/IPS/tra-eng/ks/mn/mj/ip/02

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