ARGENTINA: Menem promete volver

Las elecciones de este domingo en Argentina marcarán el comienzo del fin del gobierno de Carlos Menem, un presidente que en 10 años de gestión transformó la economía y el Estado, aunque con déficit en las áreas social e institucional.

Menem, elegido en 1989 y reelegido en 1995, fue el presidente argentino que más tiempo permaneció en el gobierno y, según las encuestas, es posible que el 10 de diciembre sea protagonista de otro hito histórico.

En efecto, los institutos de opinión pública afirman que, muy probablemente, el Partido Justicialista (Peronista) se verá obligado en ese fecha al hecho sin precedentes de ceder el poder a la oposición.

El candidato presidencial favorito es Fernando de la Rúa, de la Alianza conformada por la centrista Unión Cívica Radical y el centroizquierdista Frente País Solidario, a quien los ultimos sondeos conceden una ventaja de 14 puntos sobre el aspirante justicialista Eduardo Duhalde.

Economistas, analistas políticos y la población encuestada reconocen que la administración de Menem consiguió y garantizó la estabilidad económica. Valoran la apertura comercial, la desregulación y la privatización de empresas públicas deficitarias, y el crecimiento de la actividad, de la inversión y del crédito.

Menem obtuvo su premio mayor al derrotar la inflación con ayuda de su entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo. La tasa de inflación, que aumentó 3.079 por ciento en 1989, bajó a 177 por ciento en 1991, y hoy se registra una deflación de dos por ciento.

El producto interno bruto, estancado en los años 70 y 80, comenzó a crecer con el régimen de convertibilidad a un ritmo inédito -50 por ciento en diez años-, y lo mismo ocurrió con las reservas del Banco Central, que se multiplicaron por 30, y con las inversiones, el ahorro y el crédito.

Pero también se incrementó el desempleo, que se convirtió en un problema estructural durante la gestión de Menem, cerraron decenas de miles de pequeñas y medianas empresas, aumentaron la pobreza y la marginalidad, y la distribución del ingreso se volvió regresiva. Los pobres de hoy son más pobres que hace 10 años.

El desempleo creció 104 por ciento durante los dos gobiernos de Menem, de acuerdo con información oficial, y es la preocupación número uno de 80 por ciento de los argentinos, según los sondeos de Gallup sobre prioridades a la hora de votar.

Menem logró llevar adelante una "transformación sin gente", en el sentido de que la economía cambió profundamente, pero sin el complemento del desarrollo social, afirmó el economista Eduardo Curia.

El sociólogo Juan Carlos Portantiero, profesor de la Universidad de Buenos Aires, señaló que es característica del neoliberalismo "disociar salvajemente lo económico de lo social". Los neoliberales "no contemplan los costos sociales de la política económica", opinó.

Desde el punto de vista institucional, la principal conquista de Menem fue la subordinación del poder militar al civil, consolidada tras la represión de la primera y última sublevación castrense contra su gobierno, en diciembre de 1990.

En cambio, su gestión quedó asociada a la manipulación de la justicia, a la vulnerabilidad a la corrupción y al personalismo.

"Menem deja una Argentina diferente, en la cual los avances económicos contrastan escandalosamente con los retrocesos sociales e institucionales", sostuvo el encuestador y analista político Enrique Zuleta Puceiro, interpretando un estudio de percepción de la corrupción en la gestión menemista.

La mayoría de los economistas y la sociedad en general consideran que el primer gobierno de Menem fue mejor que el segundo.

En el primero, junto con Cavallo, llevó adelante una gran transformación económica, y cuando obtuvo un segundo mandato, para hacer la reforma social y crear empleo, defraudó a la mayoría.

El presidente tuvo su menor índice de popularidad en 1998, con el reconocimiento expreso de sólo 14 por ciento de las personas consultadas por Gallup y la firma Nueva Mayoría.

Su ambición de continuar el poder mediante una nueva reforma de la Constitución absorbió sus energías en el segundo periodo. Cuando renunció a ese proyecto, comenzó a recobrar popularidad.

Este año, de acuerdo con Gallup, tuvo una imagen positiva de 34 por ciento. "La gente comienza a valorar sus logros a partir de que sabe que se va", interpretó Roberto Bacman, director del Centro de Estudios de Opinión Pública.

Observadores políticos e intelectuales consideran que con Menem nació una nueva cultura política, caracterizada por un estilo de gobierno fuerte y audaz que, en principio, sedujo a los argentinos.

Durante su primer gobierno, Menem firmó más de 400 decretos de necesidad y urgencia que actuaron como "leyes de hecho" y restaron poder al Congreso.

"El estilo menemista fascinó por su ejecutividad y por su desprecio manifiesto por la naturalmente lenta tarea legislativa", comentó el columnista Carlos Fara, del diario El Cronista, en referencia al temperamento que imprimió a su gobierno.

Ese estilo comenzó a ser identificado como "menemista" por los observadores, quienes englobaron también tras esa etiqueta los rasgos frívolos del gobierno, como el exitismo, la "farandulización" de la política, el clientelismo y el uso patrimonial del poder.

Sin embargo, hay quienes consideran que no fue Menem quien impuso esas características a su gestión, sino la sociedad, que transfirió a su gobernante ciertos vicios colectivos por los que ahora intenta redimirse votando a De la Rúa, un dirigente austero, honesto y, como él mismo se reconoce, aburrido.

Para el escritor Marcos Aguinis, los años 90 fueron un período de cambio en un sentido negativo. "Nunca antes se había producido en Argentina un fenómeno de corrupción tan profundo y asociado con un exhibicionismo obsceno de parte de los funcionarios, que muestran sus casas millonarias en las revistas".

Llevado por su ambición, el presidente prestó escaso apoyo al candidato de su partido, Duhalde. Enfrentados por el liderazgo partidario, los dos pretendían la candidatura justicialista, pero Menem sólo podía lograrla reformando la Constitución o con un fallo judicial que habría sido de dudosa legitimidad.

Menem está dispuesto a volver a gobernar en el 2003, cuando finalice la gestión de su sucesor. Para ello, prometió que comenzará a trabajar el 11 de diciembre, un día después del traspaso del mando.

Sus colaboradores ya pegan carteles en las calles que rezan "Menem 2003", una muestra de que muchos de los valores de la cultura "menemista" sobrevivirán probablemente por algún tiempo al cambio de presidente. (FIN/IPS/mv/ff/ip/99

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