RÍO DE JANEIRO, Brasil – Los esfuerzos para contrarrestar la reaparición del VIH y eliminar al sida como amenaza para la salud pública hacia el año 2030 están en peligro, a menos que se restablezca la solidaridad y se aborden las desigualdades, advirtió este lunes 27 un reporte de Onusida.
“Aunque las nuevas infecciones por VIH (virus de inmunodeficiencia humana) y las muertes relacionadas con el sida se encuentran en sus niveles más bajos en más de 30 años, la respuesta actual es extremadamente frágil”, indicó el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida).
El informe, presentado en la 26ª Conferencia Internacional sobre el Sida, que se celebra en la ciudad brasileña de Río de Janeiro durante la última semana de julio, señala que la respuesta mundial al VIH atravesó una profunda crisis en 2025.
Los recursos destinados a combatir la epidemia disminuyeron, y la financiación internacional cayó 18 %, el descenso más pronunciado en casi dos décadas.
Muchos países mantuvieron los tratamientos gracias al aumento de la inversión nacional, pero los programas de prevención y las organizaciones comunitarias, que suelen depender de la ayuda exterior, resultaron gravemente afectados.
La reducción de fondos ya está teniendo consecuencias. En algunos países se recortó más de 90 % de la financiación destinada a preservativos, y numerosos servicios dirigidos por organizaciones comunitarias disminuyeron o desaparecieron.
Un estudio en 47 países documentó fuertes reducciones en los programas de prevención, en la atención a hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, a trabajadoras sexuales, y a supervivientes de violencia de género.
Onusida estima que al cierre de 2025 había en el mundo 41 millones de personas viviendo con el VIH (40,7 millones en 2024, y 32,5 millones en 2010) y 1,2 millones de nuevos infectados, explicándose diferencias en las sumas con las 570 000 muertes estimadas por enfermedades relacionadas con el sida.
Entre 2010 y 2025, el número de nuevas infecciones por el VIH disminuyó en Asia y el Pacífico, el Caribe, África oriental y meridional, y África occidental y central. Y en cambio aumentó en Europa oriental y Asia central, América Latina, y Oriente Medio y el norte de África.
El África subsahariana sigue siendo la región más afectada por el VIH, ya que concentra la mitad de las nuevas infecciones.
Alrededor de nueve millones de los 41 millones de personas que vivían con el VIH no recibían tratamiento, y casi la mitad de los niños que vivían con el VIH no tenían acceso a la terapia antirretroviral.
En el lado positivo, seis países de África y uno de Asia (Benin, Esuatini, Kenia, Lesoto, Nepal, Ruanda y Zimbabue, lograron una reducción de casi 80 % en nuevas infecciones desde 2010, y 11 países lograron los objetivos de tratamiento 95-95-95, lo que demuestra que es posible progresar.
Else trío de cifras-objetivo indica que 95% de todas las personas que viven con el VIH conocen su estado serológico, 95% de todas las que tienen diagnóstico de infección por VIH acceden a la terapia antirretroviral, y 95 % de todas las personas que acceden a esa terapia tienen la carga viral suprimida.
Onusida también advierte que las personas pertenecientes a poblaciones clave (hombres que tienen sexo con hombres, trabajadores sexuales, personas que se inyectan drogas, hombres y mujeres trans y personas en prisiones) continúan enfrentando mayores obstáculos para acceder a los servicios de salud.
También el aumento de leyes que criminalizan determinadas orientaciones sexuales e identidades de género, y el deterioro de los derechos humanos, dificultan aún más que muchas personas busquen atención médica sin temor a la discriminación.
Onusida destaca que la ciencia está transformando la prevención del VIH gracias al desarrollo de medicamentos de acción prolongada, como las inyecciones semestrales de lenacapavir y otros tratamientos en desarrollo.
Sin embargo, el organismo advierte que estas innovaciones solo tendrán impacto si pueden llegar a todas las personas que las necesitan y a un precio asequible.
“La innovación sin acceso no es innovación; es injusticia”, indicó al respecto la directora ejecutiva de Onusida, Winnie Byanyima, para quien “el verdadero éxito no consiste en que existan nuevos medicamentos, sino en que todas las personas puedan beneficiarse de ellos”.
Pese al panorama, Onusida sostiene que todavía es posible poner fin al sida como amenaza para la salud pública antes de 2030.
Destaca que, en junio de este año, 149 Estados aprobaron una nueva Declaración Política sobre el VIH y el Sida que fija metas para ampliar el acceso al tratamiento, fortalecer la prevención, reducir el estigma y asegurar una financiación sostenible.
Si esos compromisos se cumplen, podrían evitarse 3,2 millones de nuevas infecciones y 1,3 millones de muertes relacionadas con el sida de aquí a 2030.
Para lograrlo, concluye el informe, será necesario renovar la solidaridad internacional, reforzar la inversión y garantizar que los avances científicos beneficien a todas las personas por igual.
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