INDONESIA: Elecciones parlamentarias serán simple ritual

El régimen del general Alí Suharto, que gobierna Indonesia desde 1966, obtendrá una abrumadora mayoría en las elecciones parlamentarias del 29 de este mes, que serán un simple "ritual", según los observadores.

El partido gobernante, el Golkar, espera obtener al menos 70 por ciento de los votos en los comicios, convocados para renovar 425 de los 500 escaños de la Cámara de Representantes. Las restantes 75 bancas serán ocupadas por delegados de las poderosas Fuerzas Armadas.

El Golkar, fundado en 1971 por Suharto y presidido por él, obtuvo 68 por ciento de los votos en las últimas elecciones parlamentarias, realizadas en 1992, y 73 por ciento en 1987.

También se presentan al acto electoral, el sexto bajo el Nuevo Orden impuesto por Suharto, el Partido Unido por el Desarrollo (PPP), de base musulmana, y el Partido Democrático Indonesio (PDI), los dos únicos de oposición con reconocimiento oficial.

Un decreto de enero de 1960 permite al presidente de la República disolver cualquier partido cuya orientación esté en desacuerdo con la política oficial.

Los 425 legisladores a elegirse a fin de mes se incorporarán a una asamblea de 1.000 miembros que en marzo de 1998 otorgará seguramente a Suharto, de 75 años, un nuevo periodo de cinco años en la Presidencia.

La campaña electoral está impregnada del clima de tensión social y política que prevalece en Indonesia.

Los tres partidos se acusan mutuamente de compra de votos y de preparar el fraude electoral, y manifestantes antigubernamentales protagonizaron varios incidentes de violencia.

El secretario general del PPP, Tosari Widjaya, aseguró la semana pasada que está en marcha una conspiración para favorecer el Golkar.

Widjaya dijo que las Organizaciones Islámicas de Masas, pertenecientes al Golkar, recibieron la orden de entregar dinero y alimentos a cambio del voto por el partido del gobierno.

El tono de protesta de la campaña es interpretado por los analistas como señal de la frustración causada por la desigualdad social, que persiste pese al alto crecimiento económico de Indonesia en los últimos 30 años.

La tensión social y los problemas étnicos dieron lugar este año a episodios de violencia en varias zonas del país.

El gobierno invocó los incidentes registrados para prohibir marchas y caravanas de automóviles en la campaña electoral, aunque la orden es frecuentemente ignorada.

Sólo están permitidas las reuniones políticas en lugares cerrados. Sólo en ese tipo de concentraciones es posible "el diálogo", según las autoridades.

El analista político Arief Budiman se preguntó qué pueden ofrecer esos "diálogos", cuando "los temas (de discusión) ya fueron identificados y dirigidos" por el gobierno.

Los comentaristas analistas están atentos a los cambios que las elecciones pueden determinar en la vida política nacional, a los resultados que logren los dos partidos de oposición y a la la influencia de la excluida líder opositora Megawati Sukarnoputri.

Megawati, hija de Ahmed Sukarno, el primer presidente de Indonesia, fue expulsada del parlamento, a instancias del gobierno, y sustituida al frente del PDI por un dirigente rival.

El desplazamiento de Megawati de la conducción del PDI provocó los peores disturbios de los últimos 20 años en Jakarta. La líder opositora pidió a sus partidarios que no participen en la campaña electoral.

Antes de perder su puesto al frente del PDI, Megawati era considerada la única figura de la oposición con posibilidades de disputar la presidencia a Suharto.

Autoridades del PPP solicitaron este mes el apoyo de Megawati y, desde entonces, se han escuchado voces de apoyo a la ex dirigente del PDI en las manifestaciones de aquel partido.

Megawati denunció a la prensa internacional que el sistema electoral está "manipulado", para asegurar "una gran victoria del Golkar".

El sistema electoral indonesio determina el voto por listas de partidos, y no por candidatos individualizados. Los 425 escaños en juego se adjudicarán proporcionalmente a los votos obtenidos por cada partido en las 27 provincias del país.

El gobierno supervisa la plataforma electoral de los partidos, que debe adaptarse a los principios ideológicos del régimen, aceptados por todos en 1982, y aplica la censura previa a las intervenciones en televisión de los candidatos de oposición.

Cuatro de los seis hijos de Suharto son candidatos a la Cámara de Representantes, y su participación provocó especulaciones acerca de la sucesión del Presidente.

La hija mayor de Suharto, Siti Hardijanti Rukmana, podría convertirse en número dos del régimen, cuando la Asamblea Consultiva del Pueblo elija en marzo al presidente y vicepresidente.

Pero Rukmana rechazó las versiones sobre el surgimiento de una dinastía en el poder.

"No existe ninguna dinastía Suharto. La elección de presidente y de vicepresidente está regida por un sistema claro, delineado en la Constitución", afirmó. (FIN/IPS/tra-en/wk/js/aq-ff/ip/97

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