«Los gitanos somos empujados hacia la marginalidad»

Bruno Gonçalves es muchas cosas: mediador municipal en esta ciudad del centro de Portugal, dirigente de SOS-Racismo, autor de un libro sobre integración escolar o modélico activista de derechos humanos, pero todas ellas «sin dejar nunca de ser gitano».

El gitano y portugués Bruno Gonçalves Crédito: Katalin Muharay /IPS
El gitano y portugués Bruno Gonçalves Crédito: Katalin Muharay /IPS
Además, anticipó a IPS que en septiembre será una cosa más, porque a sus 35 años y tras esforzarse por concluir sus estudios secundarios, ingresará a la universidad para cursar sociología.

Residenciado en Coimbra, a 190 kilómetros al norte de Lisboa, Gonçalves es uno de los 15 mediadores municipales, en un proyecto del Alto Comisariado para la Inmigración y el Diálogo Intercultural destinado a combatir la exclusión social de los cerca de 50.000 gitanos que integran los 10,6 millones de portugueses.

La discriminación a este pueblo oriundo de India comenzó en el propio momento en que empezaron a emigrar de su territorio original en grandes flujos pendulares entre los siglos III y XV.

El grupo étnico se autodenominaba "dom", palabra de la lengua romaní derivada del sánscrito, que significa "hombre" y cuya evolución fonética dio origen a la palabra "rom".
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A lo largo de los siglos, pasaron por Persia, Armenia y Egipto en su camino a Europa, donde desde su arribo en 1322 les fueron puestos muchos nombres derivados de su paso por Egipto, de cuyo gentilicio, egipcio, derivan las palabras "gipsy" "cigano", "gitano", "zíngaro" o "tsigane".

En Portugal, la primera fuente literaria relativa a los gitanos, llamados "calé", es de 1510. En 1647, el rey João IV decretó la deportación de miles de gitanos a las entonces colonias de Brasil, Cabo Verde, Angola y la India portuguesa.

IPS: ¿Es importante que la historia de su pueblo sea conocida por los portugueses no gitanos?

BRUNO GONÇALVES: Un mejor conocimiento de nuestra historia y cultura puede ayudar a generar nuevas dinámicas entre gitanos y no gitanos, con lazos de respeto y aprecio mutuos, una forma de combatir preconceptos y estereotipos que perduran hasta nuestros días.

Sin embargo, Portugal tiene mucho trabajo por delante, en especial en la formación para dar competencias a los gitanos para realizar el ejercicio pleno de la ciudadanía: conseguir un empleo, tener un salario todo el año.

IPS: Un trabajo que es parte de sus funciones como mediador. ¿Cuál ha sido la experiencia?

BG: Ha sido muy complicada. Como mediador, he sentido la frustración de enviar a muchos portugueses gitanos a inscribirse para un empleo, y es verdad, les permiten postular al puesto, pero cuando llegan al mercado laboral privado, las puertas se cierran porque son gitanos.

Sin alternativas de empleo, ¿no nos están empujando hacia la marginalidad?

IPS: Pese a que la discriminación está expresamente prohibida en la Constitución…

BG: Sí, es cierto, pero se trata de un racismo sutil, por lo que es muy difícil llevar un caso al tribunal. Nuestra Constitución no permite ciudadanos de segunda, pero es muy improbable probar que se está cometiendo una discriminación. No es fácil erradicar las ideas negativas de esas personas respecto a los gitanos y la experiencia me indica que es una tarea enorme cambiar esas mentalidades.

IPS: En términos comparativos, ¿cómo califica la situación de los gitanos en Portugal y en otros países europeos?

BG: Comparando con algunos países como Italia, Francia o Hungría, país donde la extrema derecha incluso se dedica a matar gitanos, aquí estamos un poco como en ‘un rinconcito del cielo’.

Pero sutilmente, el racismo es grande. La violencia verbal, el racismo directo, que es practicado en especial en Hungría e Italia, no ocurre tanto en Portugal, pero ese racismo sutil a veces duele más que el racismo directo. Para alquilar una casa, yo tengo dificultades por mi aspecto físico, pero con mi esposa ya no ocurre porque ella no tiene rasgos gitanos.

IPS: ¿Cómo ve las generalizaciones respecto a los gitanos?

BG: Hay una tendencia a aumentar aún más los estereotipos, colocándonos a todos en el mismo saco. Si un gitano tiene un comportamiento erróneo, eso no debe ser visto como una actitud colectiva y eso es lo que mayoritariamente ha hecho la sociedad portuguesa.

IPS: Algo que también ocurre con los africanos…

BG: Sí, pero con los gitanos es diferente. Por mucho que la gente diga ‘los gitanos no se integran’, durante cinco siglos en Portugal se adaptaron a todo. Otra cosa bien diferente es que los gitanos insistimos en no perder nuestra identidad.

En cambio los afrolusos cuando se instalan aquí, si no son ya asimilados, se dejan asimilar, tienen comportamientos más acordes con la sociedad mayoritaria y, por lo tanto, son mucho mejor aceptados que nosotros.

IPS: El lenguaje de los medios de comunicación parece no contribuir al combate para erradicar el estigma contra los gitanos

BG: Pero podrían ayudar si muchos periodistas portugueses cumpliesen con su deber y respetasen la propia Ley de Prensa, que en su artículo VIII señala que no se puede mencionar la raza y la nacionalidad. Pero ellos continúan haciéndolo y si la entidad que regula la comunicación social actuase, muchas personas ya habrían sido procesadas.

Lo que varios periodistas están haciendo con sus generalizaciones es levantar aún más los muros de la intolerancia.

IPS: En el seminario "Inclusión social de los gitanos en Portugal y en la UE", el 25 de febrero, se mencionaron tres categorías de calés: los totalmente integrados, los relativamente integrados y los que están lejos de la integración. ¿Concuerda con esa división?

BG: Estoy de acuerdo que existen gitanos que conquistaron su integración, pero muchas veces a través del poder económico. Hoy, quien tiene dinero, lo tiene todo. Pero son muy escasos, un grano de arena en una inmensa duna.

No obstante, en un ejercicio pleno de ciudadanía, no cabe a una persona gitana conquistar, cabe también a la sociedad dar, pero darnos efectivamente y no con ese tipo de hipocresías.

Trabajar para gitanos es una cosa, trabajar con gitanos es bien otra. Yo quiero trabajar con no gitanos y con gitanos. Muchas veces se dice ‘tenemos a los mediadores’, pero nosotros, los mediadores, muchas veces somos instrumentos manipulados.

IPS: ¿Por sus colegas de trabajo?

BG: Se dicen palabras bonitas, pero en el terreno no es así. La realidad es otra. Cuando dicen que nos consideran como iguales y como colegas de trabajo, la realidad no es exactamente esa. Somos siempre considerados como gitanos para todos los efectos. Y en verdad yo, para todos los efectos, soy el portugués Bruno Gonçalves, mediador, pero no por eso dejo de ser gitano.

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