Cuenca colombiana pasa el examen de El Niño y La Niña

La ingeniera Patricia Gómez dicta un taller a 11 hombres en la sede del cuerpo de bomberos de esta ciudad, capital del departamento del Huila, en el sudoeste de Colombia.

Un medidor tradicional del nivel del río Las Ceibas bajo el puente del Guayabo, a la salida de Neiva, se complementa con un sensor que pende del mismo puente y envía por ondas de radio información sobre el caudal. Crédito: Cortesía FAO
Un medidor tradicional del nivel del río Las Ceibas bajo el puente del Guayabo, a la salida de Neiva, se complementa con un sensor que pende del mismo puente y envía por ondas de radio información sobre el caudal. Crédito: Cortesía FAO
Varios bomberos llevan puesto su uniforme rojo. Se los ve relajados, pero atentos a la pantalla plana de gran formato sobre la cual Gómez explica cómo leer los indicadores del sistema de alarma de desastres.

Lo que Gómez está mostrando es la Red Integrada de Monitoreo Hidrometeorológico, Alerta y Alarma temprana de la Cuenca del Río Las Ceibas (Rimac), alta tecnología para la prevención de desastres en tiempo real.

Las Ceibas es, al mismo tiempo, fuente de vida y de desastres.

Sus aguas son la única fuente del acueducto de Neiva. Pero la deforestación y la quema de suelos, antigua tradición campesina nefasta para las laderas andinas, hacen escurrir sedimentos al río, mermando la calidad del agua y facilitando deslaves y avalanchas.
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El río se desborda y causa inundaciones en los barrios pobres de la ciudad, que están situados sobre la ribera.

En el taller de capacitación sobre la Rimac, Gómez indica a los bomberos cómo se refleja en la pantalla el efecto de las fuertes lluvias que hubo en el día en la ciudad.

Una tabla de valores, alimentada con información que mandan cada cinco minutos sensores situados en distintos puntos de la cuenca, muestra que el aguacero produjo la elevación del río más alta en el mes: 2,36 metros.

La red tiene por ahora ocho estaciones de monitoreo, pero están previstas 22, según un proyecto interinstitucional que avanza hace cuatro años y medio coordinado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La información que llega de los sensores se acumula en la estación de la estatal Universidad Surcolombiana, en Neiva.

Los bomberos se encargan de monitorear el sistema las 24 horas. Si hay un evento, avisan al alcalde de la ciudad, único autorizado para declarar el nivel de alerta.

Gómez recuerda a los bomberos qué decir a las comunidades sobre el significado de la alerta amarilla: "Lo que no hice en estado normal, lo hago en alerta amarilla. Me preparo". Alerta naranja: "Estoy pendiente de lo que dicen las autoridades. Estoy listo". Alerta roja: "Dios quiera que nadie ande por ahí…"

El ingeniero de la FAO, Humberto Rodríguez, no titubea cuando se le pregunta cuáles son los principales avances del Proyecto Cuenca del Río Las Ceibas, que él dirige y del cual hace parte la Rimac.

"Ha reducido el riesgo de la población ribereña en caso de crecidas del río Las Ceibas", dijo a Tierramérica.

Del proyecto participan la alcaldía, la gobernación departamental, la autoridad regional ambiental y las Empresas Públicas de Neiva (EPN).

"El sistema de alerta que establecimos permite, de forma constante, tener información de los niveles del río. Eso lo hemos complementado con un sistema de radios comunitarias que nos están informando sobre el estado de la cuenca", agregó el ingeniero, un entusiasmado especialista con más de 30 años de experiencia.

"Tenemos también –aseguró Rodríguez– un sistema de pluviómetros manuales. Nos comunicamos vía (teléfono) celular con los propietarios" de los predios donde están los medidores, "que han adquirido un gran compromiso con el proyecto".

Es decir, hay comunidad participando en la prevención de riesgo. En la cuenca rural viven unas 600 familias, pero también están involucrados los sectores más expuestos de la ciudad, que tiene 295.000 habitantes.

Los bomberos apenas están aprendiendo a usar los equipos. La crítica principal es que el sistema conectado a la central de bomberos de Neiva no emite una alerta sonora, como señaló a Tierramérica uno de ellos.

"Eso es algo que podemos modificar", comentó Rodríguez cuando Tierramérica se lo mencionó.

En el lapso que lleva el proyecto las quemas de suelo se redujeron en 90 por ciento, calculan en la FAO.

Cuando el proyecto comenzó, se quemaban anualmente entre 300 y 400 hectáreas, lo que redundaba en una mayor sedimentación y más riesgo aguas abajo.

Los reportes actuales sobre quema van de una a cuatro hectáreas, como máximo.

El "bocatomero", empleado de las EPN a cargo de atender la bocatoma en el puente del Guayabo, a la salida de Neiva, recuerda épocas con tal cantidad de sedimentos que las aguas llegaban a 8.000 o 9.000 unidades nefelométricas de turbidez (NTU en siglas inglesas).

La turbidez del agua para beber no debe superar las cinco NTU, según la Organización Mundial de la Salud. En Las Ceibas, el último registro marcó unas 4.000 NTU, lo que significa que la sedimentación del río se redujo casi a la mitad.

"Menos suelo se está arrastrando por procesos de escorrentía superficial", dijo Rodríguez.

El cambio se logró a través de técnicas sencillas que también hacen parte de la intervención del proyecto sobre la cuenca, como comprometer a la comunidad con mejores prácticas agropecuarias, reforestación y uso de abonos verdes para perfeccionar cultivos, o bioingeniería para frenar derrumbes, creando grandes escalones en los terrenos montañosos, apuntalados con guadua (Bambusa guadua).

Es clave "el convencimiento de la gente" que vive en esta área ecosistémica "de que, definitivamente, es la última oportunidad que tienen de ofrecer un servicio ambiental a Neiva", que debe traducirse en agua de buena calidad y cantidad para la ciudad, apuntó.

Como la clave del proyecto es vincular a las 600 familias rurales con la población urbana de Neiva, el proyecto tiene un Consejo de Cuenca. "Tal vez es el único que realmente funciona en Colombia", opinó Rodríguez.

El Consejo está integrado por las instituciones socias del proyecto y delegados de la comunidad. Se reúne dos o tres veces al año y discute las inquietudes comunitarias y sus propuestas para mejorar.

Durante la sequía asociada a El Niño – Oscilación del Sur (ENOS), el caudal del río bajó en Neiva a entre 2,6 y 2,3 metros cúbicos por segundo, pero no hubo necesidad de racionamiento, mientras en otros lugares del país se interrumpía la provisión de agua.

Esto lo corroboró Tierramérica en las calles de Neiva. "Eso era antes", comentó un vecino, en referencia a cuando la ciudad se quedaba sin el líquido vital.

Antes, en tiempos de sequía y de El Niño, "la cuenca era una tea ardiendo. Hoy día ya no se queman esas cantidades. Eso indica que se han mejorado las condiciones de revegetalización", reiteró Rodríguez.

El ENOS es un fenómeno oceánico y atmosférico periódico del océano Pacífico tropical, que afecta los patrones meteorológicos en todo el mundo. En Colombia, su fase cálida, El Niño, provoca sequías, y su fase fría, La Niña, copiosas lluvias.

En Neiva también La Niña se siente de otro modo. El año pasado fue el más lluvioso de la cuenca en una década, con precipitaciones superiores a los 2.900 milímetros.

Pero hubo solo una creciente, en noviembre de 2010, cuando el nivel del río se elevó casi tres metros, pero no afectó ningún barrio de Neiva. Así, la cuenca está comenzando a cumplir una función de regulación.

* Reportaje producido con apoyo de la FAO. Publicado originalmente el 12 de mayo por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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