MORPUS, Kenia – Durante generaciones, las comunidades de las tierras áridas y semiáridas (Asal) de Kenia han visto a las niñas desde la perspectiva del matrimonio, y algunas se casaban a los 11 años a cambio de ganado o poco después de terminar la escuela secundaria, lo que les negaba la oportunidad de seguir formándose y adquirir habilidades para una vida independiente.
Sin embargo, en West Pokot, una comunidad profundamente arraigada en las tradiciones, está ocurriendo algo extraordinario.
El 15 de abril, en Perur Rays of Hope, una organización comunitaria local de la aldea de Morpus, 156 niñas de diferentes regiones Asal, algunas de las cuales llevaban a sus bebés en brazos, desfilaron con vestidos de colores durante una ceremonia de graduación tras completar un año de formación en habilidades empresariales a través de un programa conocido como HER Lab.
«En esta comunidad, el género de un niño define su camino en la vida», afirmó Shujaa Caroline Menach, directora ejecutiva de Perur Rays of Hope.
«A los niños se les enseña a moverse por terrenos difíciles mientras pastorean y protegen el ganado, mientras que las niñas se quedan en casa aprendiendo las tareas domésticas. A los 10 u 11 años, muchas de ellas se someten a ritos de iniciación como la mutilación genital femenina (MGF), que marcan su transición a la edad adulta», explicó.
Algunas de estas prácticas culturales están directamente relacionadas con las condiciones climáticas cada vez más duras y cambiantes.
Entre los años 2021 y 2022, por ejemplo, las regiones Asal sufrieron una sequía abrasadora, durante la cual fallaron cinco temporadas de lluvias consecutivas, lo que provocó la pérdida de más de 2,5 millones de cabezas de ganado, la principal fuente de sustento en dichas regiones.
«Cuando las familias pierden ganado debido a estas sequías, recurren a sus hijas circuncidadas como moneda de cambio para reponer las existencias», afirmó Lillian Chepkemei, activista de género de la comunidad pokot.
«A menudo, las niñas son casadas a cambio de ganado, a veces mucho antes de que sus cuerpos se desarrollen por completo, de modo que son criadas en casa de sus maridos hasta que sus cuerpos comienzan a mostrar signos de madurez», explicó.
Estas prácticas han dado lugar a embarazos precoces, con niñas casadas menores de 15 años obligadas a ser madres a una edad temprana.
Las que tienen la suerte de ir a la escuela suelen verse sometidas a la presión social de casarse una vez que completan la educación primaria o secundaria.
«El razonamiento es que no hay necesidad de educar a una niña más allá de la escuela secundaria, porque al fin y al cabo se casará y llevará todos los beneficios a la familia de su marido», dijo Chepkemei.
Partiendo de estos retos, se creó Her Lab para apoyar a las niñas que han cursado estudios más allá de la educación primaria, estén casadas o no, a fin de que adquieran habilidades profesionales, emprendedoras y que cambien sus vidas.
El programa HER Lab es un plan de estudios de capacitación y emprendimiento, financiado en gran medida por la Fundación Mastercard e implementado por Global Give Back Circle a través de organizaciones como Perur Rays of Hope.
Está dirigido a mujeres jóvenes de condados de difícil acceso y ofrece servicios de apoyo como mentoría, atención de la salud reproductiva y mental, y fomento de la confianza, entre otros, con el objetivo de mejorar la situación social y económica de las adolescentes marginadas y las mujeres jóvenes de zonas rurales, así como de sus comunidades, promoviendo oportunidades mejores y equitativas para todas.
Mwende Munuve, directora de programas de Global Give Back Circle, señala que el programa colabora estrechamente con el gobierno tanto a nivel de condados como a nivel nacional.
«Sin la participación delgGobierno, no llegaremos a ninguna parte», afirmó.
Menach explica que algunas de las chicas seleccionadas en la primera promoción fueron elegidas de sus hogares conyugales, siempre que tuvieran una educación básica que les permitiera formarse en habilidades empresariales y de liderazgo básicas, como fontanería, instalaciones eléctricas, producción alimentaria, cosmetología, moda y diseño, agricultura, operaciones de TIC (tecnologías de información y comunicación) y trabajo con abalorios.
«Es un sueño hecho realidad», dijo Sharlyne Jerop, oriunda del condado de Baringo.
«Nunca imaginé que adquiriría estas habilidades en instalaciones eléctricas, lo que demuestra que las chicas pueden prosperar en campos tradicionalmente considerados reservados a los hombres», afirmó, añadiendo que tiene la intención de continuar sus estudios hasta obtener un título de diplomatura.
Stephanie Cheyech, que se graduó con un certificado en operaciones de TIC, dijo que el programa le había dado una nueva perspectiva. «Antes de este programa, tenía muy poco contacto con la tecnología; ni siquiera había tocado un ordenador», afirmó. «A través de esta formación, acabo de descubrir un mundo de posibilidades», agregó.
Hasta ahora, la selección de la segunda promoción para los próximos 12 meses está en marcha y, según la directora de Perur Rays of Hope, la demanda es abrumadora.
«Estamos seleccionando a la segunda promoción y, hasta ahora, ya hemos recibido más de 700 solicitudes, lo que es una clara indicación de que las chicas de las zonas áridas y semiáridas (Asal) están ansiosas por aprovechar las oportunidades empresariales», dijo Menach.
Durante el periodo de formación de 12 meses, algunas de las alumnas viven en el centro de formación, mientras que a otras, especialmente a aquellas con exigentes obligaciones familiares, se les permite acudir diariamente a una formación de medio día para compaginar las tareas del hogar con la formación.
«Hemos habilitado una habitación para los niños que no pueden separarse de sus madres, y hay cuidadores disponibles para atender a los niños mientras sus madres asisten a clase», explicó Menach.
Las graduadas actuales pasarán ahora a realizar unas prácticas de tres meses, tras las cuales algunas pondrán en marcha pequeños negocios, otras buscarán empleo o seguirán mejorando sus habilidades.
Pero lo más importante es que a las chicas se les ha encomendado la tarea de actuar como mentoras de al menos una o dos chicas más de comunidades marginadas para romper aún más el ciclo intergeneracional de abuso de las niñas y de los derechos humanos, como forma de devolver a la sociedad lo que han recibido.
T: MF / ED: EG


