En África y Asia, fondo ambiental ayuda a agricultores a reescribir su historia con pesticidas

Agricultores de Malaui cosechan batatas en campos donde no se utilizaron químicos. Imagen: Albert Khumalo

LILONGWE / VIENTIÁN – Durante décadas, los pesticidas fueron un pilar silencioso de la agricultura de Malaui, al proteger los cultivos contra las plagas, mejorar los rendimientos y sostener millones de medios de vida. Pero detrás de esta historia de éxito se ocultaba una realidad preocupante: una regulación débil, prácticas de manejo inseguras y crecientes amenazas para la salud humana y el medio ambiente.

Entre 2015 y 2023, una inversión de 2,55 millones de dólares del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) buscó enfrentar estos desafíos de manera directa. Hoy, deja un legado que está transformando la forma en que Malaui gestiona los pesticidas, desde la importación hasta la eliminación, y remodelando la manera en que los agricultores piensan la protección de los cultivos.

En el centro de este cambio se encuentra un marco institucional más sólido.

El proyecto apoyó una revisión integral de las regulaciones nacionales sobre pesticidas, acercándolas a los estándares internacionales. También invirtió en la capacitación del personal regulador en registro de pesticidas, monitoreo, aplicación de normas y gestión de todo el ciclo de vida, áreas que durante mucho tiempo permanecieron poco desarrolladas.

“Invertimos fuertemente en fortalecer los sistemas, no solo en resolver problemas inmediatos”, afirmó Precious Chizonda, registradora de la Junta de Control de Pesticidas de Malaui y excoordinadora nacional del proyecto del FMAM, también conocido como GEF, su sigla en inglés.

“Esto posicionó a Malaui para gestionar mejor los pesticidas a lo largo de todo su ciclo de vida, desde la importación hasta la eliminación”, añadió.

Un hito importante fue el desarrollo de un plan estratégico para la Junta de Control de Pesticidas (JCP), destinado a mejorar la eficiencia y alinear las operaciones con las mejores prácticas mundiales.

La colaboración desempeñó un papel crucial. La Oficina de Normas de Malaui proporcionó servicios de laboratorio para pruebas de calidad de pesticidas, mientras que el Ministerio de Agricultura aseguró la coordinación de políticas. Juntas, estas instituciones ayudaron a elevar la eficacia y la visibilidad nacional de la JCP.

Algunos ejemplos de agricultura sin pesticidas incluyen bananas cultivadas con estiércol y tomates cultivados con agua de neem, una mezcla con extractos de ese árbol con propiedades insecticidas y plaguicidas, mientras que una agricultora mezcla ceniza con sus guandúes almacenados para protegerlos de los gorgojos. Imagen: Albert Khumalo

Pesticidas obsoletos

El proyecto también generó resultados ambientales concretos. Aproximadamente 208 toneladas de pesticidas obsoletos, incluidos contaminantes orgánicos persistentes altamente peligrosos, fueron destruidos de forma segura mediante incineración a alta temperatura.

Otras 40 toneladas de residuos contaminados fueron aseguradas en un relleno sanitario diseñado especialmente. Estos esfuerzos eliminaron fuentes históricas de contaminación del suelo y el agua, protegiendo los ecosistemas y las comunidades.

Igualmente, significativa fue la introducción de un sistema piloto para gestionar envases vacíos de pesticidas. Aunque inicialmente estuvo limitado por desafíos regulatorios, la iniciativa ganó impulso y continúa más allá de la duración del proyecto. Con el apoyo de actores de la industria como CropLife, ahora recolecta envases usados de granjas de todo el país, demostrando un modelo viable de gestión ambientalmente adecuada de residuos.

Un campo de papas cultivadas sin utilizar agroquímicos. Imagen: Albert Khumalo

Cambios en el campo

Pero quizás el cambio más profundo esté ocurriendo a nivel de las explotaciones agrícolas.

En Lichenza, en el Área de Planificación de Extensión Thumbwe del sureño distrito malaui de Chiladzulu, la agricultora Emily Zuwedi, de 39 años, recuerda cuán arraigado estaba el uso de pesticidas. “Antes creíamos en los pesticidas para cultivar nuestros cultivos, pero eso ya es cosa del pasado”, afirmó.

Zuwedi se unió a un grupo de capacitación agrícola en 2017, donde aprendió sobre manejo integrado de plagas (MIP) y métodos alternativos que reducen la dependencia de químicos. Hoy cultiva cebollas y frijoles utilizando estas técnicas, reduciendo costos mientras protege su salud y el medio ambiente.

“Ahora gasto menos dinero y mis cultivos siguen dando buenos resultados”, señaló.

Su experiencia refleja un cambio más amplio entre los pequeños agricultores. Albert Khumalo, funcionario de Desarrollo de Extensión en Chiladzulu, dijo que la transición no fue inmediata. “Al principio fue difícil que los agricultores lo aceptaran, pero después de las pruebas se adaptaron”, explicó.

Desde 2024, Khumalo y su equipo capacitaron al menos a 100 agricultores en métodos de cultivo sin pesticidas. Los resultados son alentadores: los agricultores están reduciendo costos de producción, mejorando la salud del suelo y tomando mayor conciencia ambiental.

“Este programa ayuda a los agricultores a conservar el medio ambiente y también a ahorrar dinero”, afirmó Khumalo. “Y quienes aprenden ahora pueden compartir conocimientos con otros”., agregó

El proyecto también fortaleció el cumplimiento de Malawi con las convenciones internacionales sobre productos químicos al desarrollar capacidades en evaluación de riesgos y procedimientos regulatorios, un área en la que el país enfrentaba desafíos anteriormente.

Aunque todavía existen brechas, especialmente para ampliar las iniciativas y llegar a más pequeños agricultores, el progreso es innegable.

Malawi, como también se conoce al país del sureste de África, demuestra que la productividad agrícola y la protección ambiental no tienen por qué estar enfrentadas.

En los campos del país avanza una transformación silenciosa, en la que prácticas más seguras, sistemas más sólidos y agricultores mejor informados cultivan no solo cosechas, sino también un futuro más sostenible.

En Laos, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Ministerio de Agricultura y Silvicultura lideran un proyecto financiado por el FMAM con 4,2 millones de dólares. Imagen: Red de agricultores de Laos

Agricultura sostenible en Laos

Sin embargo, la financiación del FMAM se utiliza en varias partes del mundo, incluida Asia.

En Laos, la financiación del FMAM ayuda a los agricultores a adoptar y aplicar prácticas que promueven una agricultura sostenible.

Los agricultores laosianos reciben capacitación y apoyo técnico para “reducir la dependencia de pesticidas peligrosos mientras integran enfoques de manejo de plagas ambientalmente amigables”, afirmó Saithong Phengboupha, gerente del proyecto en el Departamento de Agricultura dependiente del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente.

“Esto alinea sus prácticas con buenos estándares agrícolas, traduciendo los avances de políticas públicas en cambios concretos en las explotaciones agrícolas”, detalló.

Según el ministerio, la financiación del FMAM fue útil para crear las bases mediante el fortalecimiento del entorno legislativo y regulatorio que rige la gestión de pesticidas e insumos agrícolas.

“Entre los hitos clave figuran la promulgación de la Ley de Producción de Cultivos y el desarrollo de decretos sobre regulación de fertilizantes y buenas prácticas agrícolas (BPA), actualmente en las etapas finales. Estos instrumentos establecen la base legal para una aplicación sostenida y el cumplimiento más allá del ciclo de vida del proyecto”, explicó Phengboupha al detallar cómo se utiliza la financiación del proyecto FARM para mejorar el futuro agrícola del país.

La iniciativa de 4,2 millones de dólares a través del proyecto FARM es liderada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de Agricultura y Silvicultura.

El proyecto FARM está estableciendo un programa piloto sobre gestión de envases de agroquímicos y residuos plásticos en el distrito de Viengphoukha, en la provincia de Luang Namtha.

Los pequeños agricultores responden positivamente a la capacitación en gestión de pesticidas y a la promoción de alternativas a los pesticidas químicos. Imagen: Marco J Haenssgen / Unsplash

Manejo integrado de plagas

Según el ministerio, el programa piloto está diseñado para demostrar la eficacia de un enfoque estructurado para la recolección, el almacenamiento temporal y la gestión ambientalmente adecuada de envases vacíos de pesticidas.

“También busca fortalecer la coordinación institucional entre las agencias gubernamentales pertinentes, las autoridades locales y los actores del sector privado, al tiempo que mejora la conciencia y el cumplimiento por parte de los agricultores de las prácticas recomendadas, incluido el triple enjuague, la separación y los mecanismos seguros de devolución”, afirmó.

El proyecto apoyó campañas de sensibilización y fortalecimiento de capacidades entre autoridades locales, trabajadores de extensión y agricultores sobre los riesgos asociados con pesticidas obsoletos y prohibidos, así como sobre prácticas seguras de manipulación, reenvasado y almacenamiento temporal. En lugares seleccionados se introdujeron medidas piloto para mejorar la contención, el etiquetado y el almacenamiento seguro, a fin de minimizar los riesgos ambientales y sanitarios.

Phengboupha afirmó que los pequeños agricultores de Laos respondieron en general de manera positiva a la capacitación en manejo integrado de plagas (MIP) y a la promoción de alternativas a los pesticidas químicos apoyadas por el proyecto FARM.

Agregó que “las intervenciones de capacitación contribuyeron a una mejor comprensión de la ecología de las plagas, prácticas más seguras de uso de pesticidas y los beneficios de adoptar métodos de control no químicos y de baja toxicidad, incluido el control biológico, las prácticas culturales y las medidas mecánicas”.

Sin embargo, las tasas de adopción varían según el acceso a servicios de extensión, las presiones del mercado, la disponibilidad de insumos alternativos y la percepción sobre la eficacia a corto plazo de los pesticidas químicos.

“Persisten limitaciones, incluido el acceso restringido a biopesticidas certificados, cadenas de suministro débiles para alternativas de MIP y la continua dependencia de vendedores de agroquímicos para obtener asesoramiento técnico en algunas áreas”, añadió.

T: GM / ED: EG

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