Cargos contra expresidente Raúl Castro aumentan tensiones entre EEUU y Cuba

Con consignas como “Viva Raúl” y “Raúl es Raúl”, transcurrió una manifestación este viernes 22 de mayo, en la llamada Tribuna Antiimperialista, ubicada frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana, para rechazar la acusación de Estados Unidos contra el expresidente Raúl Castro, en una convocatoria de la Unión de Jóvenes Comunistas. Imagen: Cubadebate

LA HABANA – La decisión del gobierno de Estados Unidos de presentar cargos penales contra el expresidente cubano Raúl Castro, de 94 años, constituye el ultimo e inesperado vuelco en el pulso que Washington mantiene con La Habana durante el mandato de Donald Trump.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó, el miércoles 20, cargos de conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y asesinato, al señalar a Castro como uno de los presuntos responsables del derribo de aviones de la organización de cubano-estadounidenses Hermanos al Rescate, en 1996.

Cuando el 24 de febrero de 1996, cazas cubanos derribaron dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate, murieron cuatro tripulantes, tres de ellos estadounidenses. En aquel momento, Raúl Castro era ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

“Esas avionetas violaron constantemente el espacio aéreo cubano. ¿Qué pensaban que iba a suceder?”, dijo a IPS Patricio Martínez, jubilado habanero de 74 años, quien trabajó en el sector de la construcción.

Tras desempeñar durante lustros la jefatura de la FAR, Raúl sucedió a su hermano Fidel Castro en 2006 como presidente interino, y luego, cumplió dos periodos presidenciales seguidos entre 2008 y 2018.

Si bien se encuentra oficialmente retirado, Castro sigue siendo aludido en Cuba como líder de la revolución y general del Ejército. Según ha reiterado en varias ocasiones su sucesor como presidente y secretario del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel, la alta dirección del país todavía consulta las decisiones con él.

El mandatario publicó en su cuenta de X que la “pretendida” acusación “solo evidencia la soberbia y la frustración” de Estados Unidos y que el derribo de los aviones en 1996 fue una acción “en legítima defensa”.

“Se trata de una acción política, sin ningún basamento jurídico, que solo busca engrosar el expediente que fabrican para justificar el desatino de una agresión militar a Cuba”, agregó.

El presidente Trump consideró el mismo miércoles 20 que la inculpación es “un momento muy importante”, pero aseguró que no habrá una “escalada” con Cuba.

“No, no habrá una escalada. No creo que sea necesario. Ese lugar se cae a pedazos. Ellos perdieron el control”, dijo ante la prensa.

Pero esas declaraciones se contradicen con el envío de un grupo de ataque naval, que incluye un gran portaaviones, a aguas del Caribe, cerca de Cuba, un país al que separan del sur de Estados Unidos solo 90 millas náuticas (166 kilómetros).

Además, Marco Rubio, su secretario de Estado, dijo este jueves 21 que Cuba representa “una amenaza para la seguridad nacional” de Estados Unidos y que la probabilidad de un acuerdo pacífico con La Habana “no es alta”. Rubio, de ascendencia cubana, es aparentemente quien impulsa una acción directa en Cuba.

Sobre el caso contra Raúl Castro, un comunicado oficial del gobierno cubano indica que Estados Unidos “omite las múltiples denuncias formales presentadas por Cuba” ante organismos internacionales y autoridades estadounidenses sobre más de 25 incursiones ilegales entre 1994 y 1996, cuando gobernaba el país el demócrata Bill Clinton.

Sin embargo, en julio de 1996, la Organización de Aviación Civil Internacional (Oaci) dictaminó que el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996 ocurrió sobre aguas internacionales, lo que reforzó la narrativa acusatoria de Estados Unidos contra Cuba.

El martes 19, el Archivo de Seguridad Nacional (NSA) desclasificó documentos de la Administración Federal de Aviación (FAA) que revelan advertencias internas sobre las incursiones de avionetas, ante del derribo de dos de ellas en 1996.

“Algún día los cubanos derribarán uno de estos aviones”, alertaron los funcionarios de la FAA.

Pero muchos cubanos de la isla interpretan que la legitimidad de la acusación sobre un incidente de hace 30 años. no es el principal punto a analizar, sino hasta dónde está dispuesto llegar Washington tras crear este precedente legal que justifica —al menos en la política exterior de Trump— un casus belli.

“Quizás Estados Unidos quiera crear las bases para repetir en Cuba algo como el secuestro de (Nicolás) Maduro. Pero no terminará de la misma forma, no. Ante todo, hay que buscar la paz, pero si no es posible, hay que prepararse”, dijo Arturo García, un ingeniero eléctrico de 26 años residente en La Habana.

Militares rinden homenaje a los 32 combatientes cubanos fallecidos el 3 de enero en Venezuela durante la operación militar de Estados Unidos para secuestrar al expresidente Nicolás Maduro, en la sede del Ministerio de Las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en La Habana. Venezuela se mira como un posible antecedente de una acción militar de Washington en Cuba por medios y analistas internacionales. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Escalada en diplomacia

Miles de ciudadanos se congregaron este viernes 22 en la llamada Tribuna Antiimperialista, ubicada frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana, para rechazar la acusación contra Castro, en una manifestación convocada por la Unión de Jóvenes Comunistas y otras organizaciones oficiales.

El investigador asociado del Instituto Quincy para la Política Exterior Responsable, Lee Schlenker, dijo a medios estadounidenses que la acusación podría volverse en contra de Washington si su objetivo era obtener concesiones de Cuba.

“Creo que esto será una sentencia de muerte para cualquier posible acuerdo con Cuba”, afirmó.

Trump lleva ya semanas afirmando que Cuba es una nación fallida, con la que podría hacer “lo que quiera” y tener el “honor de apoderarse”, pero esta nueva jugada política llega como un nuevo remate a las crecientes tensiones entre ambos países, que

Apenas una semana atrás, el 14 de mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió en La Habana con altos funcionarios cubanos, para discutir la cooperación en materia de inteligencia, la estabilidad económica y cuestiones de seguridad, y la exigencia de que Cuba debe desmantelar las bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio, hecho que el gobierno cubano ha negado anteriormente.

Solo horas antes, el Departamento de Estado había reiterado oficialmente la oferta de cien millones de dólares en ayuda humanitaria a Cuba, de la que Díaz-Canel aseguró que su país no pondrá obstáculos para recibirla.

El 1 de mayo, Trump ya había endurecido aún más las sanciones con una nueva orden ejecutiva que amplió los castigos secundarios a casi cualquier empresa que hiciera negocios con Cuba.

El 15 de mayo, la minera canadiense Sherritt International anunció que iba a disolver su empresa conjunta con la estatal cubana General Nickel Company S.A., medida que echó atrás el lunes 18 tras nuevas consultas con asesores y funcionarios gubernamentales.

Ese mismo lunes 18, el Departamento de Estado anunció una nueva ronda de sanciones contra altos funcionarios cubanos.

Muchos analistas coinciden en que Trump busca lograr en Cuba un triunfo en política exterior que le permita desviar la atención de las repercusiones negativas que ha causado la guerra contra Irán y el fracaso en la diplomacia para acabar ese conflicto bélico con repercusiones económicas a escala mundial.

Pero una incursión militar en la nación insular caribeña podría conllevar altos riesgos políticos y atentar aún más contra sus índices de popularidad a pocos meses de las elecciones legislativas de medio término, en noviembre.

Dos personas caminan por una céntrica avenida durante uno de los cotidianos largos apagones de hasta 20 horas en La Habana. La población cubana se muestra cada vez más contrariada con de las consecuencias del agotamiento de las reservas de combustible. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Tensiones ciudadanas

A la par de las tensiones diplomáticas entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, las tensiones entre la ciudadanía y las autoridades cubana también denotan una escalada.

Debido al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos desde finales de enero, las condiciones de vida de los cubanos han empeorado drmaticámente, con apagones de más de 15 horas horas diarias, el alza de los precios del transporte y los alimentos, y la depauperación de servicios elementales como la salud y la educación, gratuitas en Cuba.

El 13 de mayo, la crisis energética alcanzó su punto aún más crítico cuando el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, había dado una noticia impactante —pero no sorprendente— en televisión.

“No tenemos absolutamente nada de fueloil, ni absolutamente nada de diésel. Ya no tenemos reservas”, declaró.

En inicios de mayo, empezó a notarse entre la población cómo desaparecía la bonanza en la generación eléctrica que había causado el suministro de 100 000 toneladas de crudo (740 000 barriles) del buque petrolero ruso Anatoly Kolodkin que llegó a finales de marzo.

Desde el 11 de mayo, los apagones abarcan unas 20 horas diarias en muchas localidades de la capital cubana. La noche del 13 de mayo, el mismo día que De la O Levy anunció el fin de las reservas, cientos de personas salieron a protestar a las calles de varios barrios al ritmo de los cacerolazos.

En los alrededores de la calzada de Diez de Octubre, una de las vías más concurridas de la capital, cientos de personas incendiaron contenedores de basura y cerraron las calles con “tablas con clavos” y ramas de árboles.

“Había una cantidad de gente… llevábamos dos días seguidos con apagones de 22 horas o 24 horas dos días seguidos. Pero cuando protestamos, nos ponen la luz, así que salimos siempre a dar calderos”, dijo a IPS Yoandry, de 38 años, quien prefirió mantener en anonimato su nombre.

Yoandry dijo no saber mucho de política, pero cree que en las negociaciones con Estados Unidos, Cuba debería ceder en algunos aspectos con tal de que mejoren las condiciones de vida de los cubanos.

“Los verdaderos afectados somos nosotros, el pueblo”, sentenció.

ED: EG

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