El monstruo del fracking y la política climática de México

Pescadores navegan frente a dos mecheros de la estatal Petróleos Mexicanos en el sudoriental estado de Tabasco. Pemex tiene un crónico problema de fugas y quema intencional de gas. Imagen: Emilio Godoy / IPS

MÉXICO – La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ya tomó la decisión política de extraer gas fósil de yacimientos no convencionales mediante la fractura hidráulica (fracking, en inglés), con el objetivo de reducir la dependencia de la molécula importada de Estados Unidos y tener mayor control sobre la oferta energética en el país.

Pero esa disposición amenaza el cumplimiento de la contribución determinada a nivel nacional (NDC, en inglés), si México ejecuta el plan gasífero.

En Estados Unidos, docenas de estudios han analizado el impacto climático del fracking desde el inicio de su aplicación intensiva, hacia mediados de la primera década de este siglo, y la evidencia es contundente.

El gas de esquisto, lutitas o shale condujo a una reducción temporal de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el gas generado por las actividades humanas que recalienta el planeta, pero en el largo plazo la tendencia apunta a un crecimiento.

Si bien la contaminación total de Estados Unidos tiende a la baja, la asociada al gas viene en alza desde 2006 y lo mismo sucede con las emanaciones fugitivas de las instalaciones fósiles (pozos, gasoductos, estaciones de compresión).

Un asunto fundamental son las fugas de metano que ocurren en toda la cadena de producción del gas, desde la perforación del pozo hasta su distribución final. México tiene serios problemas de emisiones fugitivas, generados no intencionalmente durante la construcción y producción de un pozo.

Por ello, el impacto del fracking es estructural, no marginal, y el metano define el resultado del alcance de la política de mitigación de emisiones. El metano (CH4), 84 veces más poderoso para retener calor que el CO2 en un lapso de 20 años, es el principal riesgo climático de dicha técnica.

Dichas fugas equivalen entre 1,5 % y 4,0 % del gas producido. Con escapes superiores a 2 %, el beneficio de la sustitución de carbón o combustóleo por gas se evapora.

Descarrilamiento

El fracking añadiría entre 3 % y 4 % del total nacional de emisiones, pero el dato más importante consiste en la demanda de 8 % a 12 % del esfuerzo total de mitigación requerido, según análisis realizado con ayuda de herramientas de inteligencia artificial basado en los inventarios de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de México, la NDC 3 de este país y las metas de producción de gas.

Si toda la producción de gas se realizara mediante la fractura hidráulica, el Análisis para el cálculo de emisiones asociadas a la utilización del fracking de 2022, elaborado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (Inecc), proyectó emisiones adicionales entre 1,04 y 1,31 millones de toneladas de CO2 equivalente (CO2e), lo que representa casi 2 % de las emisiones generadas por el sector petróleo y gas en 2024.

Cada pozo aportaría entre 348 y 438 toneladas de CO2e, mientras que las etapas de fracking y el flujo de líquidos residuales que regresan a la superficie contribuirían con 295 toneladas.

El análisis complementario es mucho más crudo, pues la extracción de gas liberaría entre 18 millones y 22 millones anuales de CO2e.

En la NDC actualizada, presentada en la cumbre climática de Belém (Brasil), celebrada en noviembre, México asumió la meta voluntaria de acotar sus emisiones a 404 millones de toneladas de CO2e en 2035, una caída entre 364 millones y 404 millones de toneladas.

El fracking genera emisiones adicionales considerables durante la construcción de las plataformas, la perforación y la terminación (el proceso de preparación para la producción después de la perforación) de los pozos. Durante la etapa de retorno de fluidos, vuelan grandes volúmenes de gas si no se utilizan equipos de captura especializados.

Además, las emisiones del gas que Estados Unidos exporta se contabilizan en su inventario. Al producir ese combustible en México, habrá una transferencia a la medición mexicana de GEI.

Para Talia Contreras, oficial de Programas del no gubernamental Instituto para la Gobernanza de los Recursos Naturales, el plan gasífero mexicano pone en duda las metas de la NDC

“Es alta la implicación de que una mayor producción aumentará las emisiones. La NDC era la oportunidad de aumentar la ambición climática y la necesidad de incluir a Pemex (Petróleos Mexicanos) como señal clara de compromiso de México, pero no fue así.

Al haberse omitido la responsabilidad de Pemex, no está clara una ruta progresiva de salida de los hidrocarburos. El gobierno nos podría decir cómo será esa hoja y al no hacerlo, demuestra falta de coherencia entre la política energética y la climática”, dijo.

En 2025, México importó de Estados Unidos unos 6800 millones de pies cúbicos (p3) diarios de gas.

La estimación gubernamental prevé la duplicación de los volúmenes de gas no convencional entre 2028 y 2030. En el primero, la meta suma 279 millones de p3 diarios, para llegar a 3,196 millones en 2035, más de un tercio de la producción nacional.

A partir de 2030, la obtención de gas de esquisto ya afectaría significativamente la trayectoria climática.

En México, las emisiones de CH4 tienden al alza. Los hidrocarburos son la tercera fuente oficial de metano, detrás de la ganadería y la basura, pero existe sub-registro de sus emanaciones.

Históricamente, Pemex ha sido el mayor responsable de las fugas de gas, por el tamaño de su infraestructura.

Esos escapes provienen de gasoductos, centros de compresión, ductos y otras instalaciones que transportan, almacenan y distribuyen la molécula, infraestructura que suma unas 30 000 instalaciones y unos 50 000 kilómetros de gasoductos, que aumentarían con la explotación de gas de esquisto.

Plataforma petrolera en el golfo de México, en las costas atlánticas del país latinoamericano. Imagen: BoH / Wikicommons

Hábitos contaminantes

Uno de los agravantes es el venteo o lanzamiento deliberado de gas y la quema, que desde 2022 viene en alza debido a falta de tecnología de captura y de incentivos económicos para su uso, pues a la petrolera le resulta más barato la liberación y la flama.

En 2024, México fue el décimo emisor de metano y el lugar 21 por el nivel originado en la generación y uso de energía. La emanación total ascendió a 6.45 millones de toneladas, de las cuales 43 % procedió de la agricultura, más de un tercio, de los residuos, y un quinto, de la energía.

Esta última es responsable de 1,39 millones de toneladas, de las cuales 43 % provino de campos marinos de petróleo, 12 %, de gasoductos e instalaciones de gas licuado, y 8 %, de campos gasíferos.

En ese mismo año, México figuró entre los mayores nueve quemadores mundiales, con Rusia a la cabeza. La combustión intencionada de la molécula en instalaciones de hidrocarburos totalizó 5724 millones de metros cúbicos, que representan 390 millones de toneladas de CO2e, en una tendencia creciente desde 2022.

La Agencia de Seguridad Industrial (Asea), el regulador azteca, aplica de forma incompleta la regulación de control de las emisiones de CH4, vigente desde 2022 y que entró en rigor con tres años de retraso.

México suscribió en 2021 el Compromiso Mundial sobre el Metano, que busca el recorte de 30 % de emisiones en 2030, en comparación con los niveles de 2020. Sin embargo, hasta ahora México ha hecho poco en el control de las fugas y la quema rutinaria en las instalaciones de gas y petróleo.

La expansión de la infraestructura gasífera conlleva la atadura del país a ella por los próximos 30 años, con lo que también puede frenar la descarbonización de las actividades económicas en este país latinoamericano.

Para impedir el aumento de las emisiones, Pemex tendría que mantener las fugas por debajo de 1 % y el gobierno mexicano llevar a cabo un despliegue masivo de renovables.

El plan estratégico 2025-2035 de la petrolera nacional estima que las emisiones derivadas de la producción y el potencial de mitigación identificado permitirán reducir 25 millones de toneladas de CO2e en 2030.

La baja de la quema rutinaria muestra 55 % de potencial de disminución, la de metano, 16 %, y la del venteo, 11 %.

Además, su plan de sostenibilidad de 2025, que plantea la meta de alcanzar emisiones netas cero en 2050, establece una reducción de 30 % en las emisiones de CH4 respecto de 2020 y la eliminación de la quema rutinaria de gas en actividades de exploración y producción.

De por sí una NDC deficiente por la falta de metas de descenso subsectoriales, el sesgo hacia Pemex y la sobredependencia de absorciones por bosques, la extracción de gas shale ensancharía más sus agujeros.

El análisis de la plataforma internacional Climate Action Tracker (CAT) cuestiona “el énfasis del gobierno actual en aumentar la producción de petróleo y gas contrasta fuertemente con sus limitados planes para el despliegue de energías renovables” y sugiere, en cambio, detener la inversión en la exploración, producción y consumo de combustibles fósiles y centrarse en energías renovables.

CAT, que no incluye el plan para fracking en su estudio, estima que las emisiones contaminantes de México bajo las políticas y acciones actuales crecerán hasta 2030.

Contreras cuestiona la pasividad de Pemex y el plan gasífero.

“Pemex ha reiterado las metas que tenía desde hace mucho tiempo y no las ha cumplido. No hay avances en su aplicación. ¿Por qué no apuntamos a hacer más eficiente la producción actual de gas, antes de pensar en aumentar la producción? Aprovechar el gas que se quema e invertir en formas más eficientes”, plantea.

¿Una científica promoviendo una técnica cuyos impactos nocivos sobre el agua, el aire y la salud humana están probados? Habrase visto…

RV: EG

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