Atrasos en distribución de alimentos agrava situación de familias en Cuba

El empleado de una bodega estatal en La Habana pesa un grupo de alimentos racionados. Cuba mantiene desde marzo de 1962 un sistema de distribución normada mediante una cartilla que provee mensualmente a cada ciudadano ciertas cantidades de arroz, azúcar, granos, huevos, café, aceite, pan, productos cárnicos y aseo, entre otros. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA – Irregularidades en la distribución racionada de alimentos en Cuba incrementa la situación de vulnerabilidad de personas y familias quienes encuentran mayores obstáculos para el acceso a productos básicos en medio de una profunda crisis económica, inflación y déficit agropecuario.

“Estamos a mitad de mes y nada de arroz, frijoles ni café. Solo vinieron dos libras (menos de un kilogramo) de azúcar”, mostró la jubilada Maricela Ballester al salir de un comercio estatal del municipio de Centro Habana, uno de los 15 que conforman la capital cubana.

“Llevan meses trayendo las cosas por ‘buchitos’ (poquitos), y una come todos los días. Incluso en el Periodo Especial –como se conoce internamente a la etapa tras el colapso del campo socialista de Europa del Este y la Unión Soviética, principales socios económicos de la isla-, los productos estaban en las bodegas a inicios de mes. Ya no es así”, explicó Ballester a IPS.

Cuba mantiene desde marzo de 1962 un sistema de distribución racionada de alimentos mediante una cartilla que provee mensualmente a cada ciudadano arroz, azúcar, granos, huevos, café, aceite, pan, productos cárnicos y aseo.

Mediante la “libreta de abastecimiento” se vende de forma normada, igualitaria y a precios subsidiados cuotas mínimas de estos productos para una población de 11 millones de habitantes.

Aunque sus cantidades y variedad han disminuido desde sus inicios se considera un respaldo para las necesidades alimenticias, sobre todo, de personas con bajos ingresos.

“Mientras exista desabastecimiento y los salarios y pensiones no alcancen para cubrir gastos y vivir decorosamente una mayoría necesitaremos la libreta. Es además un mecanismo para repartir lo poco que hay y evitar el acaparamiento o la especulación”: Georvis Santos.

Existen además dietas especiales para grupos vulnerables como infantes, mujeres embarazadas y enfermos con diferentes patologías.

El resto de los alimentos, incluidas frutas, hortalizas y tubérculos, así como los productos de aseo, deben procurarse en tiendas estatales en divisas, establecimientos agropecuarios, establecimientos privados de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), cooperativas, trabajadores autónomos y en el mercado negro, con precios muy elevados.

El acceso a estos mercados es muy difícil para personas con bajos ingresos en un entorno, además, inflacionario.

En este país insular caribeño de 11 millones de personas, 2023 cerró con un crecimiento de la inflación alrededor de 30 %, según datos oficiales.

“Mi pensión de 1750 pesos alcanza para sacar los mandados (productos racionados), mis medicinas y pagar los recibos de la casa. Un kilogramo de leche en polvo cuesta 2000 pesos y un cartón (envase de 30 unidades) de huevos unos 2700 pesos. Ni con el dinero que me dan mis dos hijos me alcanza”, subrayó a IPS la también jubilada María Virgen Blanco, residente en el municipio de Arroyo Naranjo.

El salario medio mensual en Cuba equivale a unos 35 dólares, el salario mínimo a 17,5 dólares y las pensiones mínimas 12,7 dólares, teniendo como referencia la tasa oficial (120 pesos por dólar).

Pero la cotización actual del mercado informal (300 pesos por dólar), que dicta la formación de precios de muchos alimentos, bienes y servicios para satisfacer necesidades de consumo, reduce el salario medio a 13,80 dólares, el salario mínimo a siete dólares y las pensiones más bajas a 5,10 dólares.

Un kilogramo de leche en polvo, por ejemplo, se cotiza en el equivalente a 6,70 dólares en el mercado negro.

Desde la barriada de Vista Alegre, en la oriental ciudad de Holguín, el contador Maikel Batista confirmó a IPS que “desde el día 2 no reparten el litro de leche” establecido para niños de dos a siete años.

“Uno se vuelve loco buscando alguna fruta para hacer jugo o refresco en polvo para que desayunen y vayan a la escuela”, señaló.

Padre de dos menores, Batista indicó que “también está fallando el pan que oferta el estado; te dicen que por falta de harina o de electricidad, pero no lo venden. Es imposible comprarlo todos los días con los privados, por el precio”.

Clientes en fila en el exterior de una carnicería estatal en La Habana. Varias personas concuerdan en que el panorama interno desaconseja eliminar la libreta de abastecimiento mientras persistan los problemas en la producción y comercialización accesible de suficiente cantidad y variedad de alimentos en Cuba. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

La libreta

El sistema de distribución racionada en Cuba buscó sortear la escasez generada por el diferendo con el gobierno de Estados Unidos, entonces principal abastecedor del país, que descontento con el rumbo de la revolución de 1959 rompió relaciones en 1961 y un año después decretó el embargo vigente hasta hoy.

Las autoridades cubanas argumentan que el endurecimiento del embargo ha influido en el deterioro de la situación económica.

Se refieren asimismo a la inclusión de la isla, desde enero de 2021, en la lista de países a los cuales Washington considera patrocinadores del terrorismo, lo cual dificulta el acceso a fuentes de financiamiento e inversiones extranjeras, debido al temor de bancos de terceros países a recibir elevadas multas por aceptar pagos, depósitos o cuentas de empresas cubanas en dólares.

La caída de las principales fuentes de divisas, el impacto de la covid, así como errores y demoras en el despliegue de las reformas iniciadas en 2011 han ampliado las penurias económicas.

Al mismo tiempo se volvió más irregular la distribución de productos básicos, sobre todo desde el último año, pues la falta de liquidez retrasa las compras en el exterior.

Mantener la distribución racionada requiere de unos 1600 millones de dólares anuales, apuntan informes oficiales.

Rubros tradicionales en la producción nacional como el azúcar y el café ahora dependen de las importaciones.

En años recientes se registran caídas en los rendimientos e insuficientes cosechas de tubérculos, granos y arroz atribuido a múltiples factores, entre ellos el déficit de combustible, falta de insumos y problemas organizativos.

Las dificultades financieras para importar piensos o sus materias primas determinan, además, muy bajas producciones de carne de cerdo y huevos.

Medidas para oxigenar la agricultura se mantienen, hasta ahora, sin resultados palpables en un país que produce apenas 20 % de los alimentos que consume.

El sector agropecuario recibió en 2022 solo 2,6 % de las inversiones, frente a casi 33 % los servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler que incluye la construcción de hoteles, muestran estadísticas oficiales.

Además de considerar lo anterior una distorsión inversionista, economistas exhortan a redirigir parte de esos capitales hacia otros sectores, incluida la producción de alimentos.

Una empleada de una panadería estatal en La Habana expende el producto racionado a una clienta. Se ha vuelto más irregular la distribución de productos básicos como el pan, pues la falta de liquidez retrasa las compras en el exterior de insumos como la harina de trigo. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

¿Fin del racionamiento?

Como parte del plan de reformas iniciado hace más de una década se propuso eliminar de manera ordenada y gradual la libreta de abastecimiento.

Economistas recomiendan deshacerse de este mecanismo de distribución que consideran una expresión de “igualitarismo”, pues beneficia tanto a quienes la necesitan como a quienes no.

Otros opinan que el sistema racionado distorsiona los precios de alimentos de primera necesidad e impide calcular adecuadamente el valor de bienes necesarios para la subsistencia.

El economista cubano Omar Everleny Pérez Villanueva ha estimado en 267 dólares mensuales el costo de la vida de una persona en Cuba, e incluso para que una familia de dos miembros enfrente gastos elementales.

Algunos investigadores calculan que al menos un tercio de la población de la isla vive con pobreza de ingresos y necesidades básicas insatisfechas, y han alertado sobre un incremento de la precarización de los indicadores del nivel de vida de las familias.

Clasifican en ese espectro pensionados, familias numerosas, monoparentales y con mujeres jefas de hogar y sin trabajo estable; adultos mayores que viven solos y sin apoyo de otros parientes, y quienes no trabajan por discapacidad o ausencia de condiciones diversas para hacerlo.

Durante una entrevista televisiva en noviembre de 2023, el presidente Miguel Díaz-Canel sostuvo que su gobierno estudia subsidiar a personas y no productos mediante “una metodología para que no se nos quede nadie desamparado”.

Aun así, el mandatario convino en que “aunque subsidiemos solo a personas tenemos que poner una disponibilidad de alimentos, incluso para los otros que no van a ser subsidiados, porque no te puedes quedar nada más atendiendo las problemáticas de los que vas a subsidiar, de los que supuestamente están en una situación de mayor desventaja”.

Preguntadas por IPS sobre el asunto, varias personas concordaron en que el panorama interno desaconseja eliminar la libreta mientras persistan los problemas en la producción y comercialización accesible de suficiente cantidad y variedad de alimentos.

“Pienso que una mayoría de familias en Cuba necesitan de esos productos. Alcanzan para una semana o 10 días cuando más, pero es mejor que nada, porque con mi salario actual y los precios no podría comprar”, estimó en diálogo con IPS Gilberto Padrón, un técnico azucarero residente en la localidad de Jaruco, a 40 kilómetros al este de La Habana.


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Se estima que una familia promedio en Cuba gasta más de 80 % de sus ingresos en comprar alimentos.

“Mientras exista desabastecimiento y los salarios y pensiones no alcancen para vivir decorosamente una mayoría necesitaremos la libreta. Es además un mecanismo para repartir lo poco que hay y evitar el acaparamiento o la especulación. De lo contrario, solo unos pocos con suficiente dinero podrán comprar”, dijo a IPS el profesor Georvis Santos, en La Habana.

Sociólogos opinan que el procedimiento del subsidio debe extenderse a personas con menos recursos, sin otras opciones, y en situación de pobreza, quizás partiendo de una solicitud propia, y teniendo en cuenta que alguien con ingresos bajos puede quizás recibir remesas y aumentar sus posibilidades financieras.

ED: EG

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