Combatir a la covid, pero pensando en la poscovid

Este es un artículo de opinión de Mario Lubetkin, subdirector general de la FAO.

Dos mujeres participan en el procesamiento de pimientos en una pequeña planta en Turquía. Foto: FAO

ROMA – Europa, Estados Unidos y otros países han logrado importantes avances en la reducción del dramatismo del impacto de la covid-19 en sectores fundamentales de la población, pero aún en parte de África, América Latina, Asia y Oriente Medio los  efectos devastadores de la pandemia siguen afectando severamente amplios sectores de la población y de la economía, entre estos, la realidad alimentaria y agrícola.

Este fue uno de los temas analizados en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional llevada a cabo el 29 de junio en la sureña ciudad italiana de Matera, en el marco del Grupo de los 20 (G20) y bajo la presidencia de Italia, durante la  cual se afrontó el tema de la sostenibilidad alimentaria a la luz de los efectos de la covid.

Una de las iniciativas aprobadas fue la creación de una coalición a favor de la alimentación que permita en forma multilateral, o a un grupo de países, e inclusive bilateralmente, ir encontrando caminos comunes a partir de prácticas exitosas que diferentes países han llevado adelante a lo largo de este período comenzado a inicios del 2020.

La idea de la Coalición Alimentaria (Food Coalition) es una señal clara de que cada país, por sí solo, no podrá salir de las dificultades que la pandemia género o agravó.

Esta iniciativa ha sido parte de un amplio debate interno de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para identificar caminos que permitan afrontar el potencial agravamiento de la pobreza y el hambre por los efectos de la pandemia.

El autor, Mario Lubetkin. Foto: FAO
El autor, Mario Lubetkin. Foto: FAO

Según datos de la FAO, a los 690 millones de personas que pasan hambre (según cifras anunciadas en julio de 2020), como consecuencia de la covid, se podrían agregar más de 100 millones adicionales, lo que alejaría el objetivo propuesto en 2015 por más de 150 jefes de Estado y de gobierno de eliminar el hambre y la pobreza para 2030.

Por el contrario, de seguir por este camino, en 2030, más de 840 millones podrían estar pasando hambre en todo el mundo a pesar de los esfuerzos que se vienen realizando.

Se trata de construir una coalición que tome en consideración los aspectos de la sostenibilidad alimenticia, la salud, el ambiente y la economía en una visión común, de forma conjunta y flexible.

Justamente, la participación de los diferentes actores públicos y privados fue uno de los temas que afrontaron durante la citada reunión del G20 en Matera, por lo que se lanzó un llamado a iniciativas conjuntas, globales o regionales, que permitan resumirse en la reunión de los ministros de Agricultura del G20, que se realizará a mediados de septiembre en la ciudad de Florencia, también en Italia.

Este proceso de coaligarse y articular planes y acciones comunes, saliendo de ciertas zonas de aislamiento que ha generado la covid entre países y regiones, debería permitir, por ejemplo, a los pequeños productores de los países menos desarrollados de actuar directamente con mercados de países desarrollados, reflexión que están llevando adelante países y grupos de productores en Europa, Estados Unidos, y algunos países africanos.

Asimismo, incorporando a los nuevos acuerdos de paz, por ejemplo, entre Israel y Marruecos, el componente de la agricultura sostenible y la alimentación e inclusive repensando proyectos existentes en diferentes países,  que los efectos de la covid modificaron sustancialmente.

Reorientar las estrategias agrícolas y alimentarias a mediano y largo plazo en planes de “una sola salud” (one health) debe permitir, además, una visión similar y complementaria en los análisis sobre la salud, la nutrición, el futuro sostenible del planeta y los animales, tratando de salir de riesgosas evaluaciones fragmentadas de estas realidades.

Se debe cuidar la biodiversidad, impulsar las iniciativas de jóvenes y mujeres en las zonas rurales, evitar la pérdida de alimentos que sigue superando 14 por ciento de lo que se produce y generar nuevos escenarios de sostenibilidad alimentaria, entre otros tantos aspectos.

Este esfuerzo común de coaliciones debe ayudar a invertir la escandalosa tendencia que además de que centenares de millones de personas pasen hambre, sean más de 1000 millones, las personas con obesidad, lo que coloca la calidad de la nutrición como uno de los desafíos de la pospandemia.

Ese será uno de los temas de debate de la Precumbre de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios, que se celebrará en Roma entre el 26 y 28 de julio, convocada por el secretario general de las Naciones Unidas y para la que se espera la presencia de miles de participantes, en forma física o virtual, desde presidentes a ministros, académicos, representantes del sector privado y de la sociedad civil.

Las conclusiones de los debates de la Precumbre de Roma serán trasladadas posteriormente a Nueva York en septiembre, donde se reunirán los jefes de Estado y de gobierno para sancionar los posibles acuerdos comunes.

Como nunca antes es hora de sumar esfuerzos, analizando la complejidad de los fenómenos, pero buscando experiencias que hayan tenido resultados tangiblemente positivos a lo largo de todo este periodo.

Como señalaba el papa Francisco recientemente, hay que “rediseñar una economía a la altura del hombre, no limitada a la ganancia sino conectada” al bien común, amiga de la ética y respetuosa del ambiente.

RV: EG

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