Hacerse las malas para ganar respeto como policías en Argentina

Las mujeres son ya una presencia habitual en las actuaciones de las diferentes fuerzas policiales de Argentina, incluidas las del control de manifestaciones, como esta línea de contención de agentes femeninas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, durante una concentración en las calles de un suburbio de la capital. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS
Las mujeres son ya una presencia habitual en las actuaciones de las diferentes fuerzas policiales de Argentina, incluidas las del control de manifestaciones, como esta línea de contención de agentes femeninas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, durante una concentración en las calles de un suburbio de la capital. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

Cuando ingresaron a sus fuerzas de seguridad, Marina Faustino y Silvia Miers eran minoría y para imponerse entre los hombres había que “hacerse la mala”. Ahora, gracias a una política de equidad de género, hay cada vez más mujeres policías en Argentina, combatiendo prejuicios sexistas, además del delito.

La vocación de Faustino, quien a los 39 años  es principal (cargo anterior a subcomisario) de la Policía Federal Argentina (PFA), comenzó cuando era adolescente. Por admiración a su padre, entonces policía en activo de esa fuerza.

Yo veía desfilar a mi papá y quería ser como él. Pero él me decía: ‘la policía no es una pasarela’”, contó a IPS esta policía que de adolescente fue modelo.[pullquote]3[/pullquote]

Faustino consiguió entrar a la PFA, contra la resistencia de su padre. “Decía que era una institución machista… que iba a sufrir, que a la mujer no la tenían en cuenta”, recordó. Y de hecho no faltó el sufrimiento desde que a los 20 comenzó los dos años de instrucción.

“En esa época las mujeres policías más antiguas usaban pelo corto. Había que parecerse a un varón y yo decía: yo no me veo así, yo soy femenina, que respeten mi identidad, mi condición”, detalló, al explicar porque nunca se cortó su rubia cabellera.

Pasaron muchos años para obtener ese respeto. En la policía “existía un profundo sentido de misoginia”, señaló a IPS la abogada especialista en derechos humanos Natalia Federman.

Ella fue entre 2010 y diciembre de 2014 la primera directora nacional de Derechos Humanos dentro del Ministerio de Seguridad, y desarrolló su estrategia de género.

El proceso comenzó con la designación por la centroizquierdista presidenta Cristina Fernández de una primera mujer como ministra de ese despacho, Nilda Garré (2010-2013), quien dictó la prohibición de restricciones o topes en el acceso femenino a las cuatro fuerzas policiales nacionales y sus escuelas, dependientes de ese despacho.

Además, en ese periodo también se instruyó la aceptación de efectivos y oficiales de travestis, transexuales y transgénero. Además Garré emitió una orden de respeto de la identidad de género en todas las instancias y actuaciones de las cuatro policías, como parte del combate a conductas homofóbicas y transfóbicas.

La estrategia instituida por Federman, denominada “Construyendo Instituciones Sensibles al Género”, fue considerada en 2014 como una de las mejores en su ámbito por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y reglamentó también asuntos como la licencia de maternidad y lactancia.

“Buscamos conformar una cultura institucional democrática”, que promoviera la equidad de género y los derechos humanos en el área de seguridad. Simultáneamente, se colocó la  violencia de género “como un tema central de la seguridad ciudadana”, explicó la abogada.

La subinspectora de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Silvia Miers, a la izquierda, y Marina Faustino,  principal de la Policía Federal Argentina, narraron a IPS sus experiencias en las fuerzas de seguridad, antes y después de la aplicación de una estrategia sensible a la equidad de género. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS
La inspectora de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Silvia Miers, a la izquierda, y Marina Faustino, principal de la Policía Federal Argentina, narraron a IPS sus experiencias en las fuerzas de seguridad, antes y después de la aplicación de una estrategia sensible a la equidad de género. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

En 2011, su equipo realizó una encuesta interna para detectar las “limitaciones simbólicas o reglamentarias” que excluían a las mujeres de determinados cargos.

El sondeo, puso como ejemplo, mostró que “37,7 por ciento de las mujeres y el 55,1 por ciento de los hombres opinaba que los varones están más capacitados para las tareas de prevención, contención y seguridad en manifestaciones”.

Miers, quien llegó de la Fuerza Aérea a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), enfrentó esos estereotipos.

Hoy la PSA es la fuerza nacional con mayor porcentaje de mujeres, 38 por ciento del total de efectivos,  seguida de la PFA con 23 por ciento de mujeres oficiales o suboficiales, Gendarmería Nacional con 18 por ciento y Prefectura con nueve por ciento.

Pero la situación era muy diferente cuando Miers comenzó su carrera y como responsable de una mayoría de hombres tuvo que mostrar “extrema seriedad” y “dureza”, para hacerse respetar.

“Todos me recuerdan como la más mala de todas”, recordó a IPS la ahora inspectora de la PSA, con 80 personas a su cargo.

“No queda otra alternativa, si una daba un poquitito de confianza o simpatía, era considerada la que andaba con todos, o la que llegó a determinado espacio laboral porque estuvo con un jefe”, agregó esta oficial de 38 años.

Faustino sufrió también cuando muy joven tuvo como subalternos en una comisaría a hombres que por edad “podían ser mi papá” o jóvenes que bromeaban: “ahí viene la rubia”.

“Tuve que replantearme que hacer porque no podía simplemente decir: ‘yo soy la jefa y  decido’. Tenía que aprender de su experiencia para no ponérmelos en contra”, recordó.

La encuesta reveló situaciones más graves, como que 13,8 por ciento sufrió acoso sexual, muchas veces de superiores masculinos, y que solo ocho por ciento de las afectadas habían denunciado el caso.

Ahora existen Centros de Atención de Género en la policía que reciben denuncias internas de acoso, discriminación sexual y violencia laboral, así como requerimientos para conciliar familia y profesión.

Miers, con dos hijos y en proceso de divorcio, tuvo ese problema al aceptar un ascenso importante.

Un “varón no lo haría con su esposa”, pero ella lo consultó con su marido por temor “a encontrar una cara larga cuando llegara a casa”.

“Antes con un horario de 8:00 a 14:00, hacía la tarea con mis hijos, cocinaba. Le dije: ‘nuestra vida no va a ser la misma. A partir de ahora voy a la mañana al aeropuerto pero no sé cuándo vuelvo, te pido que me aguantes, que no te enojes, que no te pongas celoso’, porque yo estaba rodeada de varones”, acotó.

Faustino, destacó que mientras en 2010 había una sola mujer comisaria inspector, actualmente es una mujer, Mabel Franco, la comisaria general de la PFA.

“No existe perspectiva de género sin mujeres que la lleven adelante”, ha insistido la actual ministra de Seguridad, Cecilia Rodríguez.

Ya “no hay más techo” de ascensos, celebró Miers. Aunque,  aclaró, “el respeto te lo ganas a base de esfuerzo y a veces redoblando el de un hombre. Hay que estudiar mucho, capacitarse, si una quiere de verdad llegar a un espacio de conducción”.

Según Federman faltan varias promociones para que las mujeres alcancen puestos altos, para  evaluar si lograron “una equidad real”.

Mientras, hay que combatir estereotipos como el que los atributos  indispensables para ser un buen policía son  aquellos vinculados “a una masculinidad hegemónica (liderazgo, fuerza física, valentía)”, sostuvo.

Esos prejuicios relegan otros atributos “tan o más necesarios para brindar un buen servicio  policial, cómo capacidad de empatía, facilidad para el diálogo y negociación, potencial  para incentivar al personal, muchos de los cuales históricamente se atribuyen a las mujeres”.

Valores que según Faustino le sirvieron, por ejemplo, para controlar en los estadios a las “barras bravas” del popular equipo de fútbol Boca Juniors, una tarea que ejerció 12 años.

“Podemos hacer un trabajo policial y táctico, y sonreír, ofrecer un vaso de agua, hablar y te respetan”, señaló.

Los trató de “caballeros”, aprendió “su código” y lo consiguió.

Aunque atravesó situaciones desagradables. Una vez, recordó, un hincha “me dijo una guarangada (grosería) y le respondí con lo que más le dolía: impedirle entrar a la cancha”.

“No digo las cosas a gritos y obtengo más resultados”, agregó Faustino, que ahora estudia psicología para apoyarse en la mediación de conflictos, como aquellos vinculados a la violencia de género.

“A veces las mujeres oficiamos de mediadoras, evitamos el choque. Escuchamos”, añadió Miers.  “Lo cortés no quita lo valiente”, resumió Faustino.

Editado por Estrella Gutiérrez

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