SIRIA: Un escenario cada vez más complejo

El levantamiento opositor sirio ingresa en su noveno mes y afronta sus mayores desafíos, a pesar de la condena casi unánime en la comunidad internacional contra el régimen de Bashar al Assad.

En los últimos dos meses, el Consejo Nacional Sirio, coalición opositora contra Al Assad, ha exitosamente convencido a varios estados y organizaciones internacionales para que adopten sanciones contra Damasco.

Estados Unidos, la Unión Europea, Turquía y más recientemente la Liga Árabe han impuesto completas sanciones contra el régimen sirio.

El martes 5, los congresistas estadounidenses Ileana Ros-Lehtinen y Brad Sherman presentaron la Ley de Reforma y Modernización para la No Proliferación en Irán, Corea del Norte y Siria, que actualiza normas para impedir que Damasco reciba tecnología.

Líderes opositores del Consejo Nacional Sirio celebraron la adopción de medidas como estas destinadas a socavar la capacidad del régimen de Al Assad para mantener su aparato de seguridad, pero muchos observadores han criticado las sanciones porque, sostienen, dañan al pueblo y no al gobierno de Siria.
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Mientras la revista británica The Economist estima el efecto directo de las sanciones internacionales en 400 millones de dólares mensuales, estas han causado gran estrago en la propia economía diaria de ese país de Medio Oriente, disparando los precios de los alimentos y devaluando velozmente la libra siria.

Mientras, a pesar de los significativos recortes comerciales de la mayoría de sus vecinos, Siria aún goza de robustas relaciones económicas con Iraq, Libia e Irán, así como con China y Rusia, que han mostrado renuencia a condenar la violenta represión lanzada por el régimen.

Como resultado, el verdadero efecto de las sanciones internacionales y su capacidad de afectar las arcas del Estado sirio todavía están por verse.

Además de las sanciones existentes, Washington ha incrementado en forma sostenida su apoyo a la oposición a Al Assad, mientras condena y restringe el movimiento del régimen.

La administración de Barack Obama anunció el regreso del embajador Robert Ford a su puesto en Damasco, en tanto la secretaria de Estado (canciller), Hillary Rodham Clinton, mantuvo reuniones directas con representantes de la oposición siria por primera vez.

Clinton se refirió al Consejo como "el principal y legítimo representante de los sirios que buscan una transición pacífica y democrática", y acusó al régimen de fomentar la violencia sectaria.

No obstante, funcionarios en Washington siguen expresando dudas sobre la legitimidad del Consejo, cuestionando su eficacia para controlar los acontecimientos en el terreno y manifestando preocupación por la aparente desproporcionada representación de miembros afiliados a grupos islamistas.

Un informe sobre Siria del Grupo Internacional de Crisis detalla las complejidades del levantamiento contra Al Assad, desde la cautela mostrada por las comunidades minoritarias hasta los crecientes vínculos de la oposición con actores regionales e internacionales, así como el aumento de la violencia.

Aunque reconoce que el régimen sirio estaría cerca de su final, alerta sobre la "creciente internacionalización" del conflicto, que podría ser "imposible de detener" y que "distraería las metas del movimiento opositor y disminuiría sus posibilidades de éxito".

El informe detalla el significativo interés de Estados Unidos, Israel, Líbano, Irán, Arabia Saudita y Turquía en moldear el futuro de Siria.

La aceptación de la necesidad de una acción internacional para poner fin al conflicto, algo antes considerado tabú por la abrumadora mayoría de los manifestantes sirios, comienza a ganar aceptación en los círculos del Consejo.

En una entrevista con el periódico libanés Al Mustaqbal, el presidente del Consejo, Burhan Ghalyoun, se negó a explícitamente afirmar su postura sobre una intervención militar, una clara diferencia respecto de pasadas declaraciones, en las que rechazaba la idea de plano.

Quizás lo más significativo es que Ghalyoun anunció que el Consejo suspendería todo financiamiento y apoyo de la organización libanesa Hezbolá (Partido de Dios) y de la palestina Hamás (acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámica).

Esto posiblemente sería en respuesta al apoyo dado por Hezbolá a Al Assad, pero también una señal a Occidente de que el movimiento opositor está dispuesto a cortar ese tipo de lazos.

Ghalyoun también anunció que promovería una resolución de la disputa por los Altos del Golán a través de "medios diplomáticos" y establecería "especiales relaciones con potencias europeas y occidentales".

En respuesta a las declaraciones de Ghalyoun, el director del Programa de Estudios sobre Medio Oriente en la Universidad George Mason, Bassam Haddad, preguntó: "¿Por qué las estrategias de un gobierno sirio potencialmente democrático han de ser anunciadas antes de que se den las condiciones apropiadas para que asuma los líderes representativos?"

El informe del Grupo Internacional de Crisis también alerta una creciente militarización de la oposición siria, que ha dejado de ser una resistencia no violenta para perpetrar ataques armados y maniobras militares coordinadas.

Días atrás, unidades militares disidentes conocidas como el Ejército Sirio Libre atacaron un complejo fuera de Damasco, y miembros de la oposición armados parecen haber ganado posiciones en partes de Idlib, Hama y Homs.

Aunque el Consejo les asegura a observadores internacionales que el Ejército Libre Sirio es confiable, coordinado y responsable, las fuerzas siguen generando dudas.

Mientras, la violencia se propaga en todo el país. Varias ciudades han sido escenarios de olas de ataques, represalias, secuestros e incluso decapitaciones, por lo general cometidos por leales al régimen, pero cada vez más por opositores también.

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