SOCIEDAD-CUBA: El arte de criticar con autoridad

«Somos una sociedad sin un ejercicio suficientemente maduro y sistemático de la crítica», se dolió en una entrevista Rufo Caballero, considerado uno de los mejores y más polémicos críticos de arte en Cuba, oficio desde el que también participó en el debate social.

En su opinión, en este país existen "excelentes críticos, pero no una actividad crítica suficientemente genuina y frecuente". En ese sentido, recomendaba "autoridad y credibilidad", sin olvidar la "cautela de la sonrisa", para "esquivar la destrucción y el abatimiento".

Fue una receta que al parecer aplicó en su fecunda labor profesional, este ensayista y profesor del Instituto Superior de Arte (ISA) y la Facultad de Artes y Letras, reconocido como crítico eminente, maestro y amigo sincero, según resaltaron varios artículos de la prensa cubana.

Caballero falleció la noche del miércoles 4 de un infarto cardíaco a los 44 años de edad y, "por voluntad propia", sus restos fueron incinerados al día siguiente. Nos abandonó "sin tiempo para las despedidas", se lamentaron amistades y fieles seguidores de sus agudos y a veces controvertidos comentarios.

Poseedor de una sólida formación académica, dio a la crítica cinematográfica y la cultura un rigor científico sin precedentes, opinaron especialistas. "A partir de sus estudios de alto nivel se acercaba a la crítica mucho más allá del impresionismo o la opinión hormonal y superficial", comentó a IPS el intelectual Joel Del Río.

"Por supuesto, era muy apasionado se dejaba llevar por su criterio, pero la mayoría de las veces ejercía una sapiencia extraordinaria para decidir si una película tenía o no valores, contrastándola con los conocimientos que poseía de muchas ramas del saber", agregó el también crítico de cine.

La profesora de la Facultad de Audiovisuales del ISA y especialista en los estudios de Género y Cine, Danae Diéguez, no duda de que "Rufo hizo grandes aportes a la cultura cubana, por su "capacidad para ser esencial en cada uno de sus análisis, apasionado y objetivo a la vez, lo que lo convertía en un crítico polémico".

"Su obra se mueve, sobre todo la de los últimos años, entre ese rigor teórico que lo caracterizaba y su capacidad para hacer de la palabra: poesía. Para mí su gran aporte está ahí, cuando su ejercicio crítico, profundo, era a la vez, visceral", señaló a IPS esta académica, para quien la muerte de Caballero "deja un vacío importante".

Gran admirador y colaborador del Festival Internacional de Cine Pobre de Humberto Solás, el experto dedicó uno de sus últimos artículos a defender ese proyecto cultural que desde 2003 apuesta por el uso de la tecnología digital para la realización de un cine de bajo presupuesto, pero de alta calidad artística.

Ese certamen se realiza anualmente en la localidad costera de Gibara, provincia de Holguín y a 775 kilómetros de La Habana, y desde 2008 se complementa con muestras temáticas, la última de las cuales versó sobre género y ambiente y tuvo a Caballero en uno de sus debates más candentes sobre la industria del cine.

"Gibara no es un evento: es una actitud, un mundo de valores, que se trata de afincar, en medio de un mundo que se afana en despedir esos valores, contrariados por el egoísmo rampante y el poderío del señor dinero", advirtió en una crónica en que puso especial énfasis en que "salvar" el festival sería una demostración de altruismo.

Según Sergio Benvenuto, director del festival, ese texto resultó premonitorio y visceral. "No será fácil definir mejor la encrucijada que atraviesa el proyecto Cine Pobre Humberto Solás. Rufo nos trazó el camino y nos acompañará entonces en la batalla", indicó a IPS Benvenuto.

Para Elia Solás, asesora artística y cofundadora del certamen de Gibara, la fidelidad de Caballero comenzó por la admiración mutua y especial amistad que lo unía al cineasta Humberto Solás (1941-2008). "Era una relación de afecto y respeto, no exenta de la disparidad de criterios", señaló la hermana del realizador cubano.

Conocido por sus comentarios de crítica cultural, era un activista en las campañas cubanas contra la homofobia y solía también generar polémica con sus análisis sobre la realidad actual de su país. "No se puede seguir hablando de valores sin obviar la economía", alertó en una nota que tituló "La tragedia del despido y la ternura del subempleo".

En su opinión sobre el reajuste laboral en marcha que prevé la eliminación en los primeros meses de este año de 500.000 empleos del sector estatal, a fin de elevar la productividad del trabajo, consideró un error pretender que un país se sostiene y se alimenta de ideales, de utopías, de consignas.

"A la postre, sin sostén económico, se quiebran los ideales, las consignas, las utopías", advirtió en esa nota que circuló por correo electrónico el autor de obras de su especialidad como "Un hombre solo y una calle oscura", "Los roles de género en el cine negro" y "Un pez que huye".

"Con los años, la palabra revolución se ha hecho sinónimo de preservación, y ha extraviado su natural capacidad de crecimiento, de desarrollo, de virarse al revés en cada ocasión que sea preciso. Una palabra de asentimiento ha sustituido a un proceso de cambio", añadió, entre otras consideraciones.

Rufo Caballero ejerció el periodismo en varias publicaciones cubanas y fue reconocido con lauros como el Premio de Ensayo Hispanoamericano Lya Kostakowsky, el Premio Ensayo sobre Cine en Iberoamérica y el Caribe, el Premio Nacional de Crítica Cinematográfica y la Distinción por la Cultura Nacional.

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