SUDÁFRICA: DESPUÉS DE LA COPA, LA DURA REALIDAD DE CADA DÍA

Ahora que las enmudecidas vuvuzelas yacen abandonadas en los campos de juego vacíos, es el momento de que Sudáfrica vuelva a preocuparse por su dura realidad. Durante los pasados 30 días ha sido todo euforia y patriotismo y una oportunidad para distraernos y olvidarnos de la tasa de desempleo, de los altos índices de VIH, de las cada vez mayores disparidades en los ingresos y de la corrupción en las filas de quienes gobiernan el país. Ya es hora de considerar qué tipo de legado nos dejó exactamente la Copa del Mundo de Fútbol.

Hay algunas buenas noticias. Después de los clamores de descreimiento de algunos comentaristas sudafricanos, quienes consideraban que su gobierno iba a derrochar miles de millones en el Mundial cuando más del 42% de la población obtiene menos de dos dólares diarios, el Ministro de Finanzas informó que el gobierno saldría financieramente bien parado después de que los gastos de la Copa sean saldados.

El anuncio debería haber incluido un “casi”. Porque gracias a los estimados 5.000 millones de dólares que los visitantes extranjeros volcaron a la economía sudafricana, los 5.270 millones gastados para organizar la Copa del Mundo deberían “casi” ser cubiertos.

¿Cuál ha sido la ganancia por haber sido el anfitrión del Mundial para un país donde uno de cada siete ciudadanos está infectado por el virus VIH? ¿Han sido capaces los cientos de organizaciones de la sociedad civil (ONG) de crear conciencia o han sido abastecidos de fondos para asegurar que cada sudafricano tenga acceso a los derechos básicos a la educación, las instalaciones sanitarias, los medicamentos y la electricidad?

¿Ha comprendido el mundo que Sudáfrica no está haciendo las cosas tan bien en los Objetivos de Desarrollo del Milenio tales como el combate para reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud maternal y combatir el VIH-SIDA, la malaria y otras enfermedades? ¿Habrá quedado claro que Sudáfrica, pese a estar en camino de reducir a la mitad la proporción de gente cuyos ingresos son de menos de un dólar al día, todavía tiene a la mitad de su población viviendo en la pobreza?

La comunidad económica parece tener sus dudas: en un reciente estudio, efectuado antes del Mundial, Citigroup comprobó que el mayor beneficiario de cualquiera de esas competiciones es invariablemente la FIFA, la federación internacional que rige el fútbol mundial, mientras que la nación anfitriona casi siempre debe soportar una parte desproporcionadamente alta de los gastos. El estudio de Citigroup estima que las entradas por el turismo pueden incrementar el producto interno bruto en un 0,5 % este año, pero que el único verdadero beneficio para Sudáfrica es que la nación mejoró su imagen global. El Fondo Monetario Internacional (FMI) concuerda con ello.

Pero ¿qué sucede con la sociedad civil sudafricana? Hasta ahora, la discusión entre las redes de la sociedad civil local ha estado plagada de expresiones de frustración y descreimiento y de la convicción de que el hecho de que los proclamados cuatro mil millones de ojos en el mundo se hayan puestos sobre nuestro país ha aportado poco para nuestra sociedad.

Un director de una ONG dedicada al problema del VIH resumió así ese sentimiento: “Los patrocinadores de la Copa están manipulando a los medios de comunicación y pintando un cuadro según el cual ellos están retribuyendo beneficios a la sociedad pero la realidad es que no hemos visto nada de eso.” Sin embargo, no creo que sea del todo exacto decir que la sociedad civil ha sido completamente olvidada en la fiebre del Mundial. Hubo algo positivo y fue precisamente una limitada actividad que se centró alrededor de proyectos encarados por entidades globalmente afirmadas. Entre ellos, proyectos como el programa 1GOAL, 20 centros de la FIFA a través de África (8 de ellos ya construidos) y de las empresas Sony y Nike.

Pero ¿estuvimos en lo justo al promocionar los aspectos positivos de nuestro país y no mencionar la grave situación de millones de niños que se levantan cada mañana con hambre? Muchos de nosotros quizás fuimos puestos entre la espada y la pared al tener que elegir entre, por un lado, adoptar y expresar una solidaridad defensiva contra la tendencia de los medios de comunicación occidentales a enfatizar todo lo negativo y, por el otro, simplemente decir la verdad sin considerar las consecuencias y los riesgos de exacerbar aquellas tendencias.

Es pronto todavía, pero me temo que así como los comerciantes locales fueron perjudicados por la agresiva protección que la FIFA dio a las firmas patrocinadoras oficiales de la Copa, la sociedad civil haya perdido una oportunidad única en la vida para capturar la atención mundial y promocionar su causa. Si yo me forzara a mí misma a ser optimista podría expresar la esperanza de que, ahora que terminó el circo, podamos retornar a enfocar el tema del pan de cada día de los sudafricanos. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Ingrid Srinath es la Secretaria General de CIVICUS-Alianza Mundial para la Participación de la Ciudadanía.

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