Fenómenos climáticos ponen en riesgo seguridad alimentaria

Condiciones climáticas adversas y otros factores están malogrando las cosechas de los agricultores salvadoreños y de sus vecinos en América Central, lo cual pone más presión sobre la vulnerabilidad alimentaria que ya afecta a la región.

Guatemala formó parte por primera vez en 2009 de un listado mundial, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), de países que afrontan perspectivas desfavorables para las cosechas.

El fenómeno climático ENOS (El Niño/Oscilación del Sur) produjo entre septiembre y octubre de 2009 un déficit de precipitaciones en toda América Central, que perjudicó la plantación de los cereales y frijoles secundarios "de postrera" en algunas partes de Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador, señala el informe de la FAO.

El Huracán Ida, que azotó parte de la región centroamericana en noviembre de ese año, dañó considerablemente la estructura productiva agropecuaria. En El Salvador las intensas lluvias dejaron 198 muertos, 15.000 refugiados y 239 millones de dólares en daños y pérdidas.

"Todo mi esfuerzo quedó arruinado, solo se salvó un poco de la cosecha de maíz", dijo a IPS Isidro Rivas, un agricultor de 48 años, oriundo del cantón Izcanal, a unos 45 kilómetros al este de San Salvador, en la jurisdicción del Puerto de la Libertad.

Las lluvias anegaron su parcela de cuatro manzanas cosechada con maíz, sorgo, papaya y chile (pimiento).

Además, Guatemala y El Salvador volvieron a enfrentar la fuerza de la naturaleza con el paso de la tormenta tropical Agatha, a fines de mayo.

Las pérdidas en el sector agropecuario alcanzaron los seis millones de dólares en El Salvador, según cifras oficiales, pero el impacto económico total aún no ha sido estimado, aunque será cuantioso, advirtió el Secretario Técnico de la Presidencia, Alexander Segovia.

"Ya sea inundaciones o sequías, los extremos siempre perjudicarán los rendimientos de la agricultura. Sobre todo cuando aproximadamente 60 por ciento de los granos básicos en El Salvador se cultivan en laderas", señaló a IPS Edgar Cruz, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

El Salvador, siempre deficitario en producción de hortalizas, ahora tendrá que aumentar sus importaciones en 30 por ciento para satisfacer la demanda, según la salvadoreña Cámara Agropecuaria y Agroindustrial (Camagro), citadas por La Prensa Gráfica.

Camagro señaló que El Salvador, a comienzos de año, importaba seis de cada 10 hortalizas consumidas, pero ahora, con los estragos dejados por Agatha, importa nueve de cada 10.

Ya se reportan alzas en los precios de los vegetales en los mercados del país.

"La forma más práctica de medir el nivel de seguridad alimentaria es detectando si el país es autosuficiente en la producción de un bien en particular, es decir, si produce la cantidad suficiente para satisfacer el consumo nacional de sus habitantes", dijo Cruz.

El panorama hacia delante no es alentador. Se espera una temporada lluviosa muy activa en el mar Caribe y en el océano Pacífico, según pronósticos de la estadounidense Universidad Estatal de Colorado, emitido el 2 de este mes.

Se esperan en promedio 18 ciclones tropicales en el océano Atlántico y 12 en el Pacífico.

Muchos campesinos y pequeños agricultores no tienen los medios para recuperarse de los estragos dejados en sus cosechas por las lluvias.

"Me sentía preocupado. Sin cosechas no hay ingresos, y sin ingresos se sufre de hambre", planteó el agricultor Rivas, quien vive con su mujer y sus cinco hijos.

La de Rivas fue una de las 3.136 familias de los departamentos de La Paz y La Libertad, en el centro del país, beneficiados con un programa impulsado por la FAO, iniciado en diciembre de 2009.

La idea fue restablecer los medios de subsistencia de las familias que lo perdieron todo por las lluvias, a través de huertos caseros, módulos de gallinas ponedoras y entrega de semillas de frijol para nuevas siembras.

Para los huertos caseros, el programa otorgó a cada familia 25 libras de fertilizante, un azadón, una pala, un chuzo, semillas de rábano y de ejote (una variedad local de frijol) para sembrar un área de 50 metros cuadrados.

Este componente fue coordinado con el gubernamental Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa), que proporcionó también semilla de frijol y pepino.

Se entregaron también a cada familia 10 gallinas ponedoras, un gallo y malla para la cerca. La dotación incluyó un botiquín veterinario con vacunas y vitaminas por cada 25 beneficiarios.

La mayoría de los favorecidos en el cantón Melara, La Libertad, son mujeres. Aunque ellas se habían dedicado antes a la crianza de aves de corral, esta vez tuvieron que meterse de lleno, por vez primera, en labores agrícolas.

"Nunca lo había hecho. Ni idea de cómo sembrar pepino, ni rábano, hasta ampollas me salieron en las manos de tanto trabajar la tierra", dijo Rosa Olivia Amaya, de 28 años.

Ahora que tienen animales y hortalizas, dijo, se les ha ido pasando la preocupación que los embargaba tras el huracán Ida: qué darles de comer a sus hijos.

Pero los agricultores de Melara vieron cómo, meses después de las primeras cosechas, Agatha echó a perder 50 metros cuadrados del sembradío de pepino, un área pequeña respecto de todo el proyecto.

La tormenta también arruinó tres quintales de fertilizantes, de acuerdo al ingeniero agrónomo Luis Valladares, del Centa.

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