Un femicidio deja noqueada a Venezuela

Las críticas al sistema de justicia y de protección de la mujer subieron de volumen en Venezuela, después de que con horas de diferencia el campeón mundial de boxeo Edwin «Inca» Valero asesinó a su esposa Jennifer Vieira, a la que maltrató largo tiempo, y una vez detenido se suicidó.

Valero, su esposa Jennifer Vieira e hijos, con la ministra de Deporte, Victoria Mata (izquierda) Crédito: Ministerio de Deporte de Venezuela
Valero, su esposa Jennifer Vieira e hijos, con la ministra de Deporte, Victoria Mata (izquierda) Crédito: Ministerio de Deporte de Venezuela
"Hay leyes en Venezuela para proteger a la mujer de la violencia, pero no se cumplen de manera sensible porque las personas encargadas de aplicarlas, médicos, policías, fiscales o jueces, no están preparadas o deciden no actuar", dijo a IPS Ofelia Álvarez, de la Fundación para la Prevención de la Violencia Doméstica contra la Mujer.

El 20 de marzo, Valero, de 28 años y con un largo historial de agresiones contra familiares, vecinos y sobre todo contra su pareja, de 24 años y con quien tenía dos hijos, la golpeó hasta perforarle un pulmón y causarle lesiones visibles.

En el hospital donde la esposa fue tratada, el púgil adicto al alcohol y drogas repartió amenazas y Vieira declaró entonces que se lesionó al caer por una escalera y pidió que les dejasen en paz para viajar a Cuba a un tratamiento de rehabilitación del "Inca".

Hay contradicciones sobre las medidas cautelares solicitadas por la Fiscalía, y el 8 de abril un juez ordenó para Valero una terapia de desintoxicación de cinco días en un hospital de la sudoccidental ciudad de Mérida.
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El día 18, la pareja se alojó en un hotel de la central ciudad de Valencia, tras haber ingerido él gran cantidad de vodka, reconoció Valero. En la habitación, la apuñaló en el cuello, confesó el crimen, fue detenido y, a la madrugada siguiente, se ahorcó en la celda con su pantalón como cuerda.

Cincuenta organizaciones femeninas y de derechos humanos denunciaron en una declaración que "la sociedad venezolana y sus instituciones presenciaron indolentes cómo esta mujer (Vieira) era víctima de una espiral de violencia" y fue "dejada en manos del agresor, vulnerable y sola".

El documento resaltó que los órganos del Estado "no hicieron más que mirar a otro lado", cuando paradójicamente son mujeres quienes encabezan el Ministerio Público y las demás instituciones encargadas de garantizar los derechos humanos y aplicar la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Todos ellos "son responsables por omisión de este crimen. El sistema de justicia del Estado no actuó con la debida diligencia, no fue justo y eficaz, no dictó y vigiló adecuadamente las medidas de protección que Jennifer requería", agregó el texto.

En este país de 28 millones de habitantes, hubo 16.047 asesinatos en 2009, de los que 1.604 fueron de mujeres. De éstos, 90 por ciento se originarían en violencia machista según análisis que solo sirven de referencia, precisaron las organizaciones, y de los que se desprende que en Venezuela hay tres o cuatro femicidios diarios.

Las organizaciones consideraron que la resonancia y publicidad del caso desde marzo deben "servir para que la sociedad en su conjunto sepa lo que no puede ni debe ocurrir nunca más", y así se logre "redimir a las tantas mujeres anónimas que ayer y hoy están viviendo esta tragedia".

En este país donde el boxeo fue uno de los deportes más populares durante la segunda mitad del siglo XX, el caso ha sido muy seguido por los medios, como la carrera y la abierta simpatía del púgil por el presidente Hugo Chávez, de quien tenía tatuada su imagen en el pecho.

Su palmarés muestra que practicó boxeo desde los 12 años, ganó 86 de 92 peleas como aficionado, de profesional tenía ya el récord de 18 K.O. en el primer asalto en 2006 y murió invicto, pues ganó siempre y por nocaut sus 27 combates como super pluma y ligero.

La otra cara fue que ingirió alcohol desde los nueve años, marihuana desde los 11, cocaína desde los 12, trabajó de niño en la calle, fue arrestado 40 veces por conductas como conducir ebrio, exceso de velocidad o portar armas ilegalmente.

Tuvo registros policiales y hospitalarios tras golpear a su madre, hermanas y vecinos, herir a su esposa con disparos en 2009 y la golpiza previa al asesinato. Aún así, estaba plenamente libre.

Jueces y abogados como Josefina Ferrer, del Instituto de Ciencias Penales de la Universidad Central, destacaron que "ya que había violencia previa, lo más conveniente era que las instituciones protegieran" a Vieira.

También coincidieron que se justificaba la reclusión del agresor, mientras expertos en drogas subrayaron que una terapia de cinco días "ni cura, ni detiene la drogadicción".

El caso no escapó de la polarización política que marca a este país. Columnistas opositores como Joaquín Chaffardet sostuvieron que a Valero no se lo trató ni se lo detuvo "por ser un símbolo chavista".

El presidente Chávez, que incorporó a Valero a alguno de sus actos, dijo que "lamentamos mucho este hecho, nos duele lo que ocurrió, pero ante la tragedia la función debe continuar". Mientras, medios progubernamentales exaltaron sus triunfos.

Teodoro Petkoff, representante de la izquierda tradicional y director del opositor diario Tal Cual, destacó que en marzo, en solo horas, se detuvo y se despojó a un diputado opositor de su inmunidad tras ser acusado de agresión menor a una policía.

Pero, "¿qué juez iba a dictar reclusión preventiva a un boxeador que tenía tatuada en el pecho la cara de Chávez y a quien éste no perdía ocasión de elogiar? A Valero y a su esposa los mató un sistema judicial partidizado, sumiso ante el poder", planteó.

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