ZAMBIA: Madres adolescentes apuestan al estudio

La zambiana Naomi Mulenga está determinada a vencer todos los obstáculos para finalizar la escuela y convertirse en enfermera, pese a ser una madre de 13 años.

Ella cría sola a su bebé de siete meses, porque el padre niega toda responsabilidad sobre el niño.

Mulenga dice sentir amargura por el giro que ha dado su vida. Especialmente porque también es jefa de hogar desde la muerte de sus padres, en 2007, ocupándose de su hermano y hermana menores.

La falta de orientación paterna, aparejada con la inexperiencia sexual y la presión de sus pares, empujaron a Mulenga a los brazos de un hombre joven que le prometió matrimonio, pero la dejó embarazada y luego la abandonó.

Los maestros de la muchacha fueron comprensivos y la alentaron a asistir a la escuela hasta que dio a luz, y a regresar luego del nacimiento. Mulenga es una de las mejores alumnas de su clase en la Escuela Básica de Kanakashi, en la Provincia Norteña.
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Pasar al octavo grado —que cursa actualmente— "me puso feliz, pero también triste, porque no tenía dinero" para continuar yendo a la escuela, recuerda Mulenga.

Le ofrecieron una beca para finalizar la escuela secundaria e inscribirse en la enseñanza terciaria a través del departamento de Política de Reingreso de Niñas al sistema educativo, que se centra en las madres adolescentes. También recibió por su hijo un subsidio adicional, que se extiende a los sectores más pobres de la población.

Mulenga dice que trabaja muy duro para mostrarles a otras chicas en situaciones similares que quedar embarazada no es el fin del mundo. Mientras ella está en la escuela, su hermana de seis años cuida al bebé.

El viceministro de Educación, Clement Sinyinda, explicó que la Política de Reingreso intenta abordar las desigualdades de género que durante años han padecido las niñas a la hora de acceder a la educación en Zambia.

Hasta 1997, las muchachas embarazadas eran expulsadas de las escuelas de Zambia, mientras que a los padres adolescentes no se los hacía responsables.

Los números de los embarazos adolescentes han ido en constante aumento en todo el país, según el Departamento de Educación. En 2005 se reportaron 9.111 embarazos entre estudiantes de la escuela; en 2008 esa cifra aumentó a 12.370.

Pero gracias al apoyo financiero ofrecido mediante la Política de Reingreso y al subsidio por hijo, más de un tercio de esas madres adolescentes regresaron a la escuela luego de dar a luz, según el Departamento.

"El Ministerio está intentando afrontar seriamente los desafíos de que las niñas queden embarazadas mientras están en la escuela", declaró Sinyinda. Aparte del apoyo financiero, las estrategias incluyen orientación vocacional y psicológica en general, así como educación sexual, dijo.

Sin embargo, el viceministro admitió que aunque la Política de Reingreso ha ayudado a aumentar las inscripciones de las niñas en las escuelas, lograr el acceso universal a la educación para todos sigue siendo un gran desafío, no sólo debido a los embarazos adolescentes, sino también a una pobreza generalizada.

En 2008 el gobierno ofreció becas a casi 95.000 niños y niñas del país, desde el primer grado hasta el noveno. La mitad fueron concedidas a niñas. Esto supone un aumento de más de 10 por ciento en las becas desde 2005.

"Extender una beca para apoyar a huérfanos y (otros) niños vulnerables es otra intervención para promover la participación de niños que no pueden pagar su educación", explicó Sinyinda.

La secretaria permanente del Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, Lillian Kapulu, coincidió en que es necesario que la Política de Reingreso se combine con un subsidio educativo más general para dar a todos los niños una segunda oportunidad en la vida.

"En las aldeas es difícil que los padres consigan dinero para pagar escuela y uniformes, así que muchos obligan a sus hijos a desertar de sus estudios luego del séptimo grado", dijo.

Pero pese al apoyo financiero, muchas madres adolescentes continúan abandonando la escuela, porque les resulta difícil equilibrar su educación y las obligaciones que conlleva la maternidad, destacó Kapulu.

Pero Mulenga confirma que la vida ha sido más fuerte que todos los obstáculos. El subsidio de 30 dólares mensuales a duras penas le alcanza para cubrir las necesidades diarias de sus hermanos, su bebé y ella misma, dice.

Para poder alimentarse, planta maíz y verduras en un pequeño predio que hay junto a su casa.

Desafortunadamente, una vía adicional de apoyo a las madres adolescentes coordinada por la organización no gubernamental estadounidense Family Health Trust cerró sus puertas a fines del año pasado.

El programa de Salud y Nutrición Comunitaria, Apoyo al Género y la Educación funcionó en esa entidad durante tres años, y ayudó a más de 3.500 madres adolescentes a regresar a la escuela, según el director de programas Kilby Lungu.

Desde el cierre del programa "las niñas han quedado a merced de la administración escolar. Un pequeño porcentaje quedó bajo el patrocinio (del gobierno), mientras que un porcentaje mayor se esfuerza por pagar las cuotas escolares o desertó completamente", dijo.

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