INDIA: La amenaza de la guerrilla maoísta

La guerrilla maoísta propuso una tregua de 72 días y negociaciones de paz con el gobierno de India, pero éste sólo la tomará en cuenta si los insurgentes renuncian a la violencia como medio para conseguir sus objetivos, declaró este martes el ministro del Interior, Palaniappan Chidambaram.

Un día después de la propuesta del Partido Comunista de India (PCI-Maoísta), Chidambaram agregó que esa es la condición para consultar con el primer ministro, Manmohan Singh, la posibilidad de negociar con la insurgencia, calificada por este último como la mayor amenaza interna del país.

Como una versión más violenta de Robin Hood y su banda, la guerrilla maoísta embosca puestos policiales, asesina a partidarios del gobierno, secuestra a funcionarios, detona minas terrestres y desaparece en el bosque con su botín de armas ante la impotencia de las autoridades.

Las acciones de los rebeldes, que mataron a 24 policías en el oriental estado de Bengala Occidental el 15 de este mes y luego asesinaron a 11 aldeanos en un ataque contra el vecino estado de Bihar, dejan al descubierto las deficiencias de la policía para combatir a los insurgentes, armados hasta los dientes y entrenados en tácticas guerrilleras.

«El ataque del PCI-Maoísta» contra el puesto policial «en Bengala Occidental es otro intento escandaloso de la organización proscrita por intimidar a la autoridad establecida en el estado», declaró Chidambaram.

Se calcula que unos 22.000 rebeldes maoístas residen en su mayoría en las selvas y zonas tribales de India oriental, mientras sus ideólogos viven en las ciudades.

La falta de preparación de la fuerza policial del campamento Silda, en Bengala Occidental, donde ocurrió la masacre el 15 de este mes, irritó a las autoridades del Ministerio del Interior.

Paradójicamente, el campamento policial se instaló como parte de una ofensiva contra la insurgencia en la zona, lanzada en junio luego de que los maoístas ocuparon la localidad de Lalgarh, y expulsaron a los efectivos.

La policía recuperó el control de la zona y desde entonces la operación se había mantenido.

«Hubo una pérdida enorme de vida. Además, se reportó el saqueo de más de 40 armas», reconoció Chidambaram.

El gobierno comunista de Bengala Occidental admitió las brechas en la seguridad que permitieron la masacre, una de las más audaces en los últimos tiempos.

«Se puso en peligro la seguridad. Hubo falta de vigilancia de nuestros policías», admitió el ministro en jefe de Bengala Occidental, Buddhadeb Bhattacharjee. Pero los propios funcionarios del estado discreparon sobre los detalles del atentado.

El jefe de policía, Bhupinder Singh, dijo que la fuerza no tenía indicios de la inminencia del ataque, pero el secretario del Interior Ardhendu Sen declaró que se sabía de antemano que los rebeldes se estaban congregando, aunque se ignoraba su objetivo específico.

«Continuaremos nuestras operaciones en su contra. Estamos revisando la estrategia», declaró el jefe de policía Singh.

Un dirigente maoísta, que se identificó como Kishenji, llamó a varios canales de televisión en Kolkata (antes conocida como Calcuta) poco después de la masacre de Bengala Occidental y reivindicó el ataque.

«Esta es la ‘Operación Caza de la Paz’. Es nuestra represalia contra la ‘Operación Caza Verde’ del gobierno», dijo, en referencia a la ofensiva que las autoridades llevan a cabo contra los rebeldes en las selvas del país.

«Seguiremos desangrándolos hasta que se retire la ofensiva en nuestra contra», agregó el dirigente maoísta antes de proponer una tregua el lunes.

Analistas critican al gobierno por no haber atacado al reto maoísta de frente. Ajay Sahni, del Institute for Conflict Management (Instituto para la Gestión de los Conflictos), con sede en Nueva Delhi, considera que la policía de Bengala Occidental fue débil en su lucha contra la insurgencia.

«A menos que se reentrene a las fuerzas, el combate contra los rebeldes es imposible. Los maoístas no deberían poder trasladarse de un estado indio a otro luego de haber atacado en uno. Deben quedar atrapados», afirmó Sahni.

«Las fuerzas y recursos deben ser suficientes. Si las fuerzas están dispersas, son vulnerables. Deben alcanzar el punto de saturación en un solo lugar. Los maoístas socavan estas zonas y con frecuencia atacan a las fuerzas en la periferia», señaló.

Según economistas y comentaristas sociales, la amenaza se puede vencer en parte a la fuerza y en gran medida mediante el desarrollo de zonas relegadas donde los rebeldes ganan terreno gracias a la pobreza y el hambre imperantes.

«La amenaza es real y está creciendo. Ahora hace falta una política radical, y todos los estados orientales deben unirse en la contrainsurgencia», recomendó Abhirup Sarkar, economista del Instituto Estadístico de India. «Pero el desarrollo es la única respuesta real para resolver el problema de raíz», dijo.

El economista manifestó su inquietud de que la amenaza perjudique la industrialización de las zonas rurales. Una de las mayores plantas metalúrgicas del país tiene previsto instalarse a unos 60 kilómetros del lugar del último ataque maoísta.

La falta de coordinación política también es un obstáculo en la lucha contra la insurgencia, según los analistas. Sólo dos de los ministros jefe de cuatro estados orientales – Bengala Occidental, Bihar, Jharkhand y Orissa – estuvieron presentes en una reunión convocada por el ministro del Interior Chidambaram en Kolkata.

El movimiento maoísta comenzó a fines de la década de 1960 en una septentrional localidad de Bengala Occidental llamada Naxalbari —por lo cual, desde entonces, a los rebeldes se les denomina ‘naxals’—, en Bengala Occidental, y luego decayó en los años 70, para resurgir con el nombre PCI (Maoísta).

El PCI (Maoísta) se formó tras la fusión del Centro Comunista Maoísta de India y la Guerra Popular del Partido Comunista de India (marxista-leninista) en septiembre de 2004, con una ideología de ‘aniquilación de los enemigos de clase’ y el uso de la violencia extrema como medio para lograr los objetivos de la organización.

Los maoístas tienen simpatizantes en las grandes ciudades de India. El legislador, intelectual, cantante y compositor Kabir Suman afirma que la ofensiva militar no acabará con la violencia.

Suman asegura que los aldeanos viven en la pobreza extrema y que el gobierno indio, que cuenta con el respaldo de su partido, el Congreso de Trinamool, debe detener la ofensiva y convocar a la insurgencia a la mesa de negociaciones.

«Le pediría al primer ministro, al ministro del Interior y al jefe de mi partido que cesen la ofensiva», dijo Suman.

Pero el gobierno se mantiene firme en su postura contra los rebeldes. «Sólo podremos hablar una vez que renuncien a la violencia», dijo Chidambaram. «Me gustaría escuchar las voces de condena (contra la violencia) de aquellos que extendieron erróneamente su apoyo intelectual y material al PCI (Maoísta)», agregó.

«Sólo si el país entero rechaza las tesis absurdas del PCI (Maoísta) y condena la llamada ‘lucha armada de liberación’ podremos poner fin a la amenaza del ‘naxalismo’ y llevar el desarrollo y el progreso al pueblo en las zonas en conflicto», aseguró el ministro.

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