AMBIENTE: El Niño muestra a Perú su peor rostro

La escasa preparación de Perú para prevenir desastres se combinó con los desequilibrios climáticos que soporta América del Sur para producir un cóctel que deja decenas de muertos y miles de viviendas arrasadas por las lluvias en este país andino.

Los restos de la aldea cusqueña de Piñipampa emergen de las aguas. Crédito: Roberto Guerrero/Cortesía Oxfam
Los restos de la aldea cusqueña de Piñipampa emergen de las aguas. Crédito: Roberto Guerrero/Cortesía Oxfam
Las precipitaciones causan estragos también en el norte del territorio. Pero el epicentro fue la sureña Cusco, donde en sólo tres días llovió lo que usualmente cae en un mes.

Diecisiete de las 25 regiones peruanas soportan los destrozos de las lluvias que empezaron a caer en diciembre. Al cierre de esta edición, el Instituto Nacional de Defensa Civil reportaba más de 22.700 personas sin techo y más de 108.000 afectadas por daños parciales a sus viviendas, cultivos u otros bienes.

Las alteraciones del clima afectan a toda la región de los Andes sudamericanos, señaló a Tierramérica Elizabeth Cano, responsable del programa de reducción de riesgos de desastres y ayuda humanitaria de Oxfam Internacional.

En Ecuador hay sequía en varias provincias de la sierra, en la costa llovió torrencialmente, y hay al menos 11 personas muertas. En Bolivia se desbordaron los afluentes del río Amazonas en los departamentos orientales de Beni y Santa Cruz. Mientras, Venezuela soporta una tenaz falta de lluvias.
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En Brasil, Uruguay y Argentina, una ola de calor llegó acompañada de intensas lluvias en la actual temporada estival.

La región está bajo los efectos de El Niño/Oscilación del Sur (ENOS), que se presenta periódicamente cuando se calientan las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, con repercusiones en todo el mundo.

La mayoría de expertos aseguran que su presencia desata precipitaciones en la costa norte de Perú y sequías en la sierra sur.

Pero, a juzgar por El Niño que se presentó en ciclos anteriores, como 1997-1998, también puede causar lluvias intensas en períodos cortos en la sierra sur, una zona con tendencia a las sequías, dijo a Tierramérica el especialista en prevención de desastres Pedro Ferradas, de la organización de cooperación técnica internacional Soluciones Prácticas ITDG.

Las autoridades tomaron medidas en la costa norte, pero no se hizo lo suficiente para la sierra sur, según Ferradas.

Si bien la temporada de lluvias en los Andes transcurre entre diciembre y abril, sorprendió "la ferocidad" de las precipitaciones en pocos días, apuntó.

El año pasado, la estadounidense Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y la Organización Meteorológica Mundial pronosticaron que esta fase del ENOS sería débil o moderada.

Entre enero y este mes murieron siete personas en Cusco, y otras cuatro están desaparecidas. Además, 868 fueron heridas y 10.000 damnificadas, con más de 6.000 viviendas destruidas.

Las vías que conducen al centro arqueológico de Machu Picchu están bloqueadas y pueblos enteros permanecen bajo el lodo. El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo estima que en sólo en Cusco, las pérdidas económicas sufridas entre enero y marzo superarán los 162 millones de dólares.

Desde el 16 de febrero hay desbordes de ríos en la provincia de Cañete, en la región de Lima, sudoeste del país, con más de 400 afectados. Ese mismo día se prorrogó por dos meses el estado de emergencia en las provincias de Huamanga y Huanta, en la región centroandina de Ayacucho, donde habían muerto 10 personas en diciembre, víctimas del deslizamiento de lodo y piedras.

El estado de emergencia también rige en el norte. En La Libertad sufrió daños el complejo arqueológico de Chan Chan, erigido en barro y declarado patrimonio de la humanidad por las Naciones Unidas.

Los sistemas de pronóstico se han visto superados. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología anunció lluvias intensas en Cusco para los días 23, 24 y 25 de enero, pero no de la dimensión en que se presentaron.

"En la noche se ha venido el agua, nos ha agarrado desprevenidos. De repente nos hemos despertado por los gritos, por los silbatos. Cuando me he parado, ya pisé agua. Lo primero que hice fue sacar a mis hijos, no pudimos sacar nada más", contó a personal de Oxfam Eufemia Araníbar, una habitante de 34 años del barrio Nueva Esperanza, en la provincia cusqueña de Anta.

Las zonas urbanas de Cusco crecieron mucho en los últimos años, "y la población ha ido ubicando sus viviendas en zonas de alto riesgo. No se han adecuado los espacios con una visión de ordenamiento territorial, ni se han realizado las obras de mitigación necesarias", dijo Cano, la especialista de Oxfam, a Tierramérica.

En virtud de la descentralización, los gobiernos regionales y locales son responsables de prevenir y prestar atención ante desastres naturales.

Cada municipio debe gestionar los recursos a través de sus comités de defensa civil, encabezados por los alcaldes. Pero ese traslado de funciones, como el estudio de las zonas de riesgo, no suele acompañarse de fondos ni capacitación, aseguran expertos.

El secretario técnico de defensa civil del gobierno regional del Cusco, Luis Ballón, señaló a Tierramérica que su departamento tiene un plan de defensa civil hasta 2021, pero los comités de distritos y provincias pocas veces ejecutan lo previsto, como muros de contención en los cauces de los ríos o sistemas de alerta temprana, sostuvo.

"Las normas existen, pero no hay posibilidades de hacerlas cumplir", dijo a Tierramérica Gilberto Romero, investigador del Centro de Estudios y Prevención de Desastres.

El gobierno del Cusco monitorea el río Sapi, que pasa por debajo del centro histórico de la ciudad, y hace mantenimiento para prevenir inundaciones allí, pero no cuenta con un plan de desarrollo estratégico que incluya otros espacios de la región que también son vulnerables, señaló Cano.

El alcalde de la provincia de Anta, Wilbert Rozas, reclama un fondo especial para prevención y emergencias.

"No podemos enfrentar un problema global como el cambio climático solos", dijo a Tierramérica. "Esto tiene que cambiar, y debe haber una institucionalidad permanente preocupada en esto", agregó.

Los científicos todavía no han establecido si el calentamiento global incide en una mayor virulencia del ENOS. Pero, dijo Ferradas, hay crecientes evidencias de que no "sólo produce mayor variabilidad climática sino que hace más impredecible la ocurrencia de fenómenos como El Niño".

Para el director de Defensa Civil, general Luis Palomino, el gran obstáculo sigue siendo la falta de una cultura de prevención.

"Hoy son las lluvias, mañana las heladas. Tomar la acción y analizar cada sitio en riesgo, tomar contacto con las potenciales personas afectadas y seguir educando siguen siendo las tareas pendientes", reconoció.

* Este artículo fue publicado originalmente el 20 de febrero por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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