MUJERES: Huellas del tráfico sexual llevan a Dubai

El 26 de mayo, el Centro para el Periodismo de Investigación presentó su reportaje «El precio del sexo», un vasto proyecto multimedia de la periodista Mimi Chakarova, quien pasó casi siete años tenazmente indagando la trata de personas con fines sexuales.

Chakarova realizó cientos de viajes a varios países de Europa y a Dubai, uno de los Emiratos Árabes Unidos, donde el tráfico sexual está en auge, al parecer permitido por las autoridades, según defensores de los derechos humanos. Esta fotorreportera búlgara actualmente vive y trabaja en Estados Unidos.

"Quería encarar la complejidad del tráfico, cómo funciona y cuán profundamente quebranta el espíritu humano", dijo a IPS en una detallada entrevista vía correo electrónico, en la que habló sobre su reportaje, que incluye vídeos, fotos y textos. "El impacto que espero logre es, primero y antes que nada, informar y educar a mi público".

"Finalmente, el público podrá tomar una decisión si quiere dar el siguiente paso y ayudar", afirmó. "Mi meta ha sido encontrar una vía para conectar a las organizaciones no gubernamentales que ayudan a mujeres víctimas de la trata de personas con aquellos que quieren hacer una diferencia. Lanzar (el proyecto periodístico en el sitio web) Priceofsex.org tuvo el objetivo de vincular a los dos, además de contar la historia".

El trabajo de Chakarova presenta con sensibilidad la trágica historia de mujeres de países como Moldova o Ucrania víctimas de la esclavitud sexual. Las pocas que logran escapar deben superar no sólo graves problemas de salud y traumas psicológicos, sino también el estigma social.
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Jenea, una de las jóvenes entrevistadas por Chakarova, procedente de una pequeña aldea del sur de Moldova, fue vendida para la prostitución por un vecino que le había prometido empleo en Moscú. A los 18 años, Jenea se encontró encerrada en la habitación de un hotel de Turquía, obligada a mantener relaciones sexuales con al menos 50 hombres en pocos días. Escapó un año después.

Ahora, de regreso a su aldea, vive en una casa de dos habitaciones con su hermana y su sobrina, pero no puede encontrar un empleo debido al prejuicio social y a que sufre problemas de salud, como incontinencia, resultado directo del abuso sexual que sufrió en Turquía. "Hubiera sido mejor para mí no haber nacido", dice en voz baja a la cámara.

La investigación de Chakarova sin duda va más allá de contar la terrible historia de las víctimas. Los detallados relatos personales revelan los problemas principales que deben ser tratados para poder combatir este delito. La pobreza emerge una y otra vez como la causa más importante.

"¿Por qué los jóvenes tienen que irse a otro lugar para trabajar?", preguntó desesperado el padre de Natasha, una joven ucraniana quien junto a su hija de 13 años integra el grupo de mujeres vulnerables ante el tráfico sexual. "Aquí no vivimos, simplemente existimos", le dice el hombre a Chakarova.

El padre atribuye la responsabilidad de la propagada pobreza en su país al cierre de fábricas tras el colapso del socialismo en Europa oriental en 1989.

Según la periodista, es fundamental informar y educar a las potenciales víctimas sobre los riesgos de viajar al extranjero en busca de nuevas oportunidades. "La educación es el principal y más importante paso, en mi opinión", dijo a IPS.

El proyecto hace énfasis en la estrecha relación entre las autoridades y los traficantes. Aurica, una joven moldava, cuenta que, cuando logró escapar de sus proxenetas en Turquía, fueron policías quienes la llevaron de regreso a sus captores e incluso intentaron tener sexo con ella.

Chakarova siguió las huellas del tráfico sexual al rico emirato de Dubai, que ha experimentado un gran desarrollo económico impulsado por el petróleo. La presencia masiva de inmigrantes hombres, atraídos por las oportunidades laborales, es considerada la principal causa de la alta demanda de trabajadoras sexuales.

"Somos un lugar extremadamente globalizado con regulaciones mínimas, y esto es aprovechado", señala en una entrevista un activista por los derechos humanos en Dubai que no quiso ser identificado. "Y nuestro sistema legal no está creciendo lo suficientemente rápido para adecuarse, pues nuestro gobierno tiene miedo de regular, por temor a arruinar el negocio y el desarrollo".

Más de 10.000 mujeres de todo el mundo son obligadas a prostituirse en Dubai, según el Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos. Y, como indica el informe de Chakarova, el número de mujeres que venden sexo voluntariamente en el emirato es mucho más alto.

En su documental sobre Dubai, "Noches secretas", la reportera contrasta el aparente conservadurismo social en ese emirato musulmán con la amplia disposición de información sobre clubes nocturnos con trabajadoras sexuales, en los cuales los precios varían entre 150 euros la noche con mujeres asiáticas y un poco más con africanas o europeas orientales hasta más de 1.000 euros la noche con mujeres de Medio Oriente.

"Algunas mujeres eligen vender sus cuerpos, y otras son forzadas a hacerlo y se quedan porque no tienen nada a qué regresar", dijo Charakova a IPS.

"Si fuiste vendida a un proxeneta o a una madama y te pusieron en una situación en la que hombres violaron tu cuerpo cada 15 minutos, 24 horas al día, difícilmente te quede algo. Muchas mujeres se ven a sí mismas sucias e indignas de cualquier cosa después de eso", explicó.

Gran parte de la responsabilidad es de los clientes, sostuvo la periodista. "Los hombres que compran sexo deben entender que no todas las mujeres a las que le pagan están allí voluntariamente. Si una mujer está visiblemente golpeada y encerrada en una habitación con frazadas en el suelo y barrotes en la ventana, difícilmente se trate de una participante voluntaria", indicó.

"No soy ingenua para pensar que los hombres dejarán de pagar por sexo, pero espero que esos que participan de esto se den cuenta de que son iguales contribuyentes de una de las industrias más terribles y oscuras de nuestro tiempo", añadió.

Al igual que en Turquía, el tráfico en Dubai parece estar silenciosamente permitido, si no estimulado, por algunas de las autoridades.

Como señala al final del documental "Noches secretas", la filmación no se hizo sin riesgos. Desconocidos registraron su habitación el última día en que estuvo en Dubai, y la recepción del hotel al principio se negaba a llamar a la policía.

Cuando la camarógrafa de Chakarova se disponía abandonar Dubai, la seguridad del aeropuerto confiscó todas sus cintas. "Habíamos sido observadas y seguidas todo el tiempo", aseguró la periodista.

"Sólo después de haber hecho un escándalo nos devolvieron las cintas, diciendo que habían confundido su identidad. Su equipaje no llegó sino un mes después".

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