SALUD-VENEZUELA: Vampiros atacan en el delta del Orinoco

Decenas de indígenas de la etnia warao que habitan el delta del río Orinoco, en el nordeste de Venezuela, murieron en los últimos meses por una enfermedad no precisada, aunque existe la fuerte presunción de que se trata de rabia transmitida por murciélagos vampiros (Desmodus rotundus).

El gobierno venezolano despachó una comisión investigadora al área con comunidades palafíticas asentadas en los caños deltanos, a unos 600 kilómetros de Caracas, mientras que las autoridades de la vecina Guyana ordenaron intensificar el control sanitario en su frontera noroeste tras declarar alerta epidemiológica.

"Estamos preparados para intervenir rápidamente con un plan de inmunizaciones en las comunidades más expuestas", como las de indígenas, mineros o leñadores, dijo el ministro guyanés de Salud, Leslie Ramsammy.

Las alarmas se dispararon luego de que el antropólogo Charles Briggs, y su esposa, la médica sanitarista Clara Mantini-Briggs, ambos de la estadounidense Universidad de Berkeley, recorrieron el delta y dieron cuenta de la muerte de 38 waraos, muchos de ellos niños y niñas, a raíz de la mordedura de murciélagos.

El matrimonio Briggs y varios activistas warao entregaron un informe a las autoridades de salud de Venezuela, según el cual al menos 16 del total de muertes atribuibles a la rabia transmitida por vampiros en el último año se registraron en junio y julio. Resultaron afectadas 30 comunidades, entre ellas Mukuboina, de 80 habitantes, donde perecieron ocho niños.

Los síntomas detectados fueron fiebre, dolor de cabeza, de estómago y de tórax, debilidades sensoriales, hipersensibilidad al tacto, picazón en los pies, parálisis en los miembros inferiores, dificultad para tragar, hidrofobia, salivación espesa, vómitos, convulsiones y rigidez.

La oficina en Caracas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) no se ha pronunciado aún sobre el caso deltano, pero una fuente suya dijo a IPS que los síntomas señalados en el informe Briggs "coinciden, en términos generales, con los registrados como del mal de rabia que se ha estudiado en América del Sur".

Hay reportes de ataques de murciélagos vampiros que han transmitido rabia a humanos en la Amazonía brasileña y peruana. En 2005, la OPS registró 51 casos de contagios por murciélagos frente a sólo 11 transmitidos por perros y la mayor parte ocurrieron en la cuenca amazónica.

En el mundo mueren anualmente hasta 55.000 personas víctimas del mal de rabia, y las regiones más afectadas son las zonas deprimidas de África y Asia. La autoridad panamericana de salud ha recomendado que en zonas aisladas se apliquen programas preventivos, de preexposición a la eventualidad de ataques de murciélagos.

Se ha identificado en particular al Desmodus rotundus, habitante de la América tropical, que mide entre 6,5 y 9,5 centímetros de largo y pesa entre 20 y 50 gramos. Se alimenta de la sangre de otros mamíferos, a los que practica pequeñas incisiones que, si es el caso de una persona dormida, es escasamente dolorosa y puede pasar inadvertida.

Los warao, una comunidad compuesta hoy sólo por unas 30.000 personas puesto que miles han emigrado a las ciudades y quienes quedan son en su mayoría muy pobres, habitan principalmente el delta. Una minoría pervive junto a los caños en pequeñas comunidades, que viven sobre todo de la pesca y la recolección.

Autoridades venezolanas atribuyeron a distintas causas la muerte de los warao, que según el informe Briggs resultaron víctimas del mal de rabia. El parlamentario indígena José Poyo dijo a IPS que las muertes de warao "son cíclicas y ocurren principalmente por el agua que consumen, que no es potable", y pidió obras que permitan a las comunidades contar con ese servicio, incluidas plantas potabilizadoras para las comunidades.

Médicos de la zona como Oswaldo Méndez y Jesús Jiménez, éste último un warao, creen que las muertes señaladas desde el año pasado se deben principalmente a diarreas y complicaciones respiratorias.

"Debemos esperar por los resultados de la recolección de muestras hematológicas y del agua que consumen las comunidades afectadas antes de sentenciar que se trate de casos de rabia", subrayó Jiménez.

El ministro de Salud, Jesús Mantilla, dijo que "entre septiembre de 2007 y febrero de 2008 fallecieron 13 indígenas warao, a causa de diarreas y otras complicaciones que vamos a someter a estudio", y sostuvo que algunos casos incluidos en el informe Briggs no correspondían a decesos recientes sino a "personas fallecidas en años anteriores".

"Aparentemente hay personas que no son venezolanas y hacen esta denuncia. Llama a la reflexión que quienes explotaron a los indígenas por 500 años y los esclavizaron vengan a tomar como bandera algo que ocurrió hace meses y en lo que el Ministerio ya había tomado cartas (ya se había ocupado)", dijo Mantilla.

La gobernadora regional, Yelitza Santaella, dijo a su vez que los warao que acompañaron el informe Briggs "se autoexcluyeron del Partido Socialista Unido de Venezuela (de gobierno) y tomaron esta denuncia como bandera política".

Charles Briggs replicó que "es lamentable que la máxima autoridad de Salud del país haya politizado estas muertes" y respecto de su alusión como extranjero dijo que "el Ministerio no investigó que llevo 22 años en el país y 20 trabajando con los warao".

Se mostró satisfecho porque, a pesar de los señalamientos sobre su informe, se despachen comisiones a investigar las muertes de los warao y sus condiciones de salud.

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