ECONOMÍA: Sin esperanzas a las puertas de la recesión

Esta vez no hay una noticia buena y otra mala en los pronósticos de la ONU sobre la economía mundial. Las dos son adversas, aunque con diferencias pronunciadas, pues la más benigna augura una merma moderada del crecimiento mientras la otra anticipa la temible recesión, partiendo desde Estados Unidos.

En la primera versión, el vaticinio inicial de las agencias especializadas de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) indica un crecimiento de la economía mundial más amortiguado este año, de 3,4 por ciento. Eso significaría que proseguirá la tendencia a la baja luego de los índices de 3,9 por ciento en 2006 y de 3,7 en 2007.

Desde ese punto de partida, las posiciones de los países en desarrollo y de las economías en transición parecen las menos comprometidas, pues en el primer caso su crecimiento pronosticado se reducirá de 6,9 por ciento en 2007 a 6,5 este año.

Dentro de esta categoría, los países menos avanzados constituyen una excepción, pues el informe de la ONU les atribuye un crecimiento de 6,7 por ciento en 2007 y les augura un 6,9 por ciento para este año. De confirmarse esta proyección, las 50 naciones más pobres del mundo serían el único sector floreciente en el período que apenas empieza.

En cuanto a las economías en transición, que comprenden a Europa del sudeste y a la Comunidad de Estados Independientes (CEI), formada por las naciones que integraban la hoy disuelta Unión Soviética, se expandieron ocho por ciento en 2007 y mantendrán un crecimiento de 7,1 el año actual.

Las economías de las naciones industrializadas crecieron 2,5 por ciento en 2007 y sólo aumentarán 2,2 en 2008.

Las perspectivas cambian radicalmente con la segunda versión sostenida por la misma ONU y que pinta un cuadro de recesión, con un foco localizado en Estados Unidos y un detonante atribuido a la depreciación del dólar y a la agudización de la crisis inmobiliaria en ese país.

En ese caso, y según un modelo elaborado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA, por sus siglas en inglés) de la ONU, una de las agencias coautoras del informe, en vez de 3,4 por ciento previsto en la estimación original, el crecimiento mundial llegaría sólo a 1,6 por ciento.

El grueso de las naciones industrializadas crecería apenas 0,5 por ciento en lugar del 2,2 vaticinado. De la misma manera, las previsiones para los países en desarrollo se reducirían de 6,5 a 4,2 por ciento, las de economías en transición, de 7,1 a cinco por ciento.

En el epicentro de la recesión, en Estados Unidos, dejaría de crecer el dos por ciento estimado en el pronóstico original para caer en cifras negativas, con menos 0,1 por ciento para 2008.

Según este modelo, "nos encontramos en una inflexión del ciclo económico", describió Heiner Flassbeck, director de la división de globalización y estrategias de desarrollo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), otra de las agencias coautora del informe, junto con las cinco comisiones económicas regionales del foro mundial, de África, Europa, América Latina y el Caribe, Asia y Pacífico, y Asia occidental.

En esas condiciones, que Flassbeck presentó como "el escenario pesimista", la caída del dólar y el declive del sector de la vivienda precipitarían un ajuste abrupto de los desequilibrios mundiales, que traería aparejada la recesión en Estados Unidos como también un brusco estancamiento en el conjunto de la economía mundial.

Alfredo Calcagno, un economista de la Unctad, observó que los países vecinos de Estados Unidos sentirán las consecuencias más agudas de la recesión, como en el caso de las naciones de América Central y del Caribe, pero en particular, México, dijo a IPS.

Los economistas de la Unctad evitan conjeturar sobre los plazos en que se sentirán los efectos de la recesión. El dólar ya ha caído en los mercados de divisas internacionales hasta casi 20 por ciento, explicó Calcagno. Y la moneda estadounidense puede aún depreciarse en un porcentaje similar, una de las condiciones del modelo para que sobrevenga la etapa recesiva.

Pero es imposible vaticinar, por ejemplo, que ese derrumbe va a acaecer el mes próximo o dentro de los tres meses venideros, aseguró.

Un comportamiento parecido puede tener la actividad inmobiliaria de Estados Unidos, ya contraída en 16 por ciento, según las estimaciones iniciales. La tendencia de las inversiones en propiedades residenciales anticipa una caída ulterior de 30 por ciento para 2008.

Esos dos fenómenos, la depreciación del dólar y la agudización de la crisis inmobiliaria, sumadas a la interrelación entre los mismos dos elementos, crearán, según el modelo, las condiciones para la recesión, refirió Calcagno.

También en el comercio mundial se sentirán de manera marcada los efectos negativos de una recesión en Estados Unidos. En realidad, el crecimiento de los intercambios internacionales ya mostró una flexión en los últimos meses, luego de un índice de 9,9 de incremento en 2006 disminuyó a 7,2 en 2007 y la estimación inicial le atribuye una suba de 7,1 en 2008.

La causa principal de esa reversión de la tendencia ha sido el debilitamiento de la demanda importadora de las naciones industrializadas, dijo Flassbeck.

Una franja del comercio internacional, la de productos básicos, atraviesa todavía un período de auge que ha redundado en ingentes beneficios para las naciones en desarrollo exportadores de esos rubros.

Sin embargo, de instalarse el escenario pesimista diseñado por Desa, los precios de los productos básicos bajarán, con lo cual se verán afectadas las perspectivas de crecimiento de numerosos países en desarrollo, previno Calcagno.

Flassbeck expuso la necesidad de que la comunidad internacional adopte acciones políticas concertadas para afrontar la crisis.

La reacción debe esperarse no sólo de Estados Unidos, la economía más amenazada, sino también de Europa y Japón. Sin embargo, el experto de Unctad lamentó las disputas entre los integrantes de la junta de administración del Banco Central Europeo a la hora de discutir las modificaciones de las tasas de interés.

Los economistas de las agencias de la ONU estiman que a la luz de los últimos acontecimientos, como las turbulencias financieras internacionales y la hasta ahora insoluble crisis hipotecaria de Estados Unidos, son cada día más posibles las perspectivas de que se cumplan los vaticinios más pesimistas durante 2008.

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