IRAQ: El enemigo omnipresente

Dos incidentes que involucraron a las fuerzas de Estados Unidos en el sur de Iraq, dominado por chiitas, fueron un claro ejemplo de la complejidad del conflicto en ese país.

La batalla del domingo cerca de la central ciudad de Nayaf, en la que dos militares estadounidenses murieron al ser derribado el helicóptero en el que viajaban, fue inicialmente informado como un ataque perpetrado por insurgentes sunitas y "combatientes extranjeros" en esa ciudad sagrada para los chiitas, a la que confluyen decenas de miles de peregrinos para las festividades musulmanas.

Pero informes posteriores identificaron a los atacantes, fuertemente armados y bien organizados, como miembros del Ejército del Cielo, una oscura secta chiita que cree que el asesinato de los máximos líderes espirituales de Nayaf, incluyendo al gran ayatolá Alí Al Sistani, preparará el camino para el regreso del imán Al-Mahdi.

Según las creencias chiitas, Al-Mahdi, conocido como el "imán escondido", desapareció de su tumba en la Mezquita Dorada, principal templo chiita de Samarra, 125 kilómetros al norte de Bagdad, y reaparecerá en el futuro para rescatar a los creyentes.

El gobierno iraquí aseguró que 200 miembros del Ejército del Cielo fueron asesinados, incluyendo al líder del grupo, y otros 120 fueron capturados tras unas 15 horas de combate.
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"Si hubieran triunfado en sus planes, las consecuencias políticas habrían sido catastróficas", dijo un funcionario de Washington, quien sostuvo que la del domingo fue por lejos la batalla más dura en el sur de Iraq desde la insurrección del Ejército Mahdi, del clérigo chiita Moqtada al Sadr. "El hecho de que no fuimos prevenidos, cuando hubo tantas personas involucradas, demuestra cuán limitado es nuestro servicio de inteligencia no sólo en (la provincia de) Al Anbar (baluarte de la insurgencia sunita) y en Bagdad, sino también en el sur. Realmente no sabemos mucho qué está pasando allí", añadió.

Las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos formalmente entregó el control de los servicios de seguridad iraquíes a Bagdad el mes pasado.

Mientras, las autoridades aún intentan descubrir quién estuvo detrás del sorpresivo ataque del 20 de este mes contra militares estadounidenses que se reunían con sus pares iraquíes en las oficinas del gobierno regional de Karbala, unos 70 kilómetros al norte de Nayaf.

Tras informar que cinco soldados estadounidenses fueron asesinados defendiendo el recinto militar, el Departamento de Defensa se rectificó y aclaró la semana pasada que sólo uno murió en el ataque, mientras que otros cuatro fueron secuestrados y luego ejecutados unos 40 kilómetros al este, donde sus fueron hallados sus cadáveres.

La agencia de noticias Associated Press (AP) informó que una decena de insurgentes se trasladaban por Iraq en vehículos todo terreno iguales a los usados por los militares de la coalición, llevaban puestos uniformes de combate estadounidenses y varios de ellos hablaban inglés.

Así lo detallaron a esa agencia soldados iraquíes que, tomándolos por soldados de Estados Unidos, les dejaron pasar por el puesto de vigilancia ubicado en las afueras de Karbala.

Los vehículos y los uniformes, al parecer utilizados en el ataque, fueron encontrados más tarde junto a los cuerpos de los soldados asesinados.

"La precisión del ataque, el equipo usado y el posible uso de explosivos para destruir los vehículos militares sugiere que la operación fue muy preparada", dijo a AP un portavoz militar en Bagdad.

Aunque los militares estadounidenses anunciaron el arresto de cuatro sospechosos en el ataque, pero desde entonces no han proporcionado más información, alimentando las especulaciones dentro del gobierno iraquí y entre analistas independientes.

Juan Cole, experto de la Universidad Michigan, sostuvo que el ataque fue perpetrado por insurgentes sunitas "para dañar las medidas de seguridad" que fueron adoptadas para el peregrinaje de Ashura, que terminó este martes en Karbala y del que participaron decenas de miles de fieles para conmemorar el martirio del nieto del profeta Mahoma, Al Hussein.

Por su parte, Ray Close, ex analista de Medio Oriente en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), sugirió que el ataque y los secuestros pudieron ser una represalia por las últimas dos redadas en que los militares estadounidenses detuvieron a funcionarios iraníes en Iraq, la primera el 21 de diciembre en Bagdad y la segunda en la ciudad kurda de Arbil el 10 de este mes.

Tras las protestas del gobierno central iraquí y de Teherán, los iraníes fueron liberados y deportados. El hecho de que la redada haya sido realizada en las oficinas del líder del Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq, Abdul Aziz al-Hakim, añadió preocupación.

Al Hakim acababa de regresar de Washington, donde fue recibido con honores por el presidente estadounidense George W. Bush.

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