INFANCIA-AMÉRICA LATINA: La vulnerabilidad no emigra

Los países de América Latina y el Caribe deben adoptar políticas de protección especial para niñas y niños afectados por los impactos negativos de las migraciones, que los hacen más vulnerables, alertó Unicef en la capital uruguaya.

"En una visión simplista, puramente económica, se pierden de vista una serie de consecuencias en lo que es la niñez y la adolescencia. En ese contexto, se deben instaurar políticas para reducir el impacto negativo (de las migraciones) en la infancia", dijo a IPS el director regional para América Latina y el Caribe de Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), Nils Kastberg.

El funcionario hizo este llamado de atención en la VIII Conferencia Iberoamericana de Ministras, Ministros y Altos Responsables de Infancia y Adolescencia, que se desarrolla este viernes y el sábado en Montevideo.

Los ministros de 18 países latinoamericanos más Andorra, España y Portugal, al igual que hicieron parlamentarios la semana pasada, discuten propuestas sobre problemas relacionados con las migraciones para ser presentadas en la próxima XVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, a realizarse en noviembre también en la capital uruguaya.

Kastberg destacó la importancia de las remesas para el desarrollo de la población infantil en América Latina y el Caribe.
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Las remesas, la fuente más importante de financiamiento externo en la región, se duplicaron en el mundo en los últimos cinco años, con un gran impacto en el ámbito de los países, las comunidades, las familias y en la vida de niños y niñas.

En 2005, estos envíos sumaron en todo el mundo 167.000 millones de dólares, aunque el flujo no registrado podría representar un 50 por ciento adicional, según datos del Banco Mundial.

América Latina y el Caribe, una de las principales regiones receptoras, acogió envíos por 45.000 millones de dólares en 2004.

"Las remesas lógicamente tienen efectos positivos, según algunos estudios, que muestran que contribuyen a disminuir la desnutrición crónica y a mejorar la escolaridad", explicó Kastberg a IPS.

No obstante, aclaró que gran parte de éstas son destinadas, sobre todo cuando son enviadas por emigrantes hombres, con fines de mejora de infraestructura, y no necesariamente benefician directamente a los niños.

"Aquí claramente hacen falta políticas que ayuden a generar conocimiento sobre la importancia de proteger una buena educación para el niño o la niña, así como buenos servicios de salud", indicó.

"Las remesas ayudan financieramente a las familias a alcanzar un nivel de vida adecuado para el desarrollo de sus niños de una forma tal que quizás no sería posible sin ellas", reconoció el funcionario de Unicef.

"Según un estudio de hogares mexicanos, ayudan a mejorar las condiciones médicas de los infantes, reduciendo la desnutrición posparto en 5,4 por ciento y la mortalidad infantil en tres por ciento, y aumentando la probabilidad de asistencia profesional al parto en 30 por ciento", añadió. Sin embargo, Unicef sostiene que las migraciones tienen grandes impactos negativos en la infancia latinoamericana, como la desintegración familiar y la falta de protección.

"Si uno o los dos padres emigran, las responsabilidades del hogar y de la familia recaen en adultos mayores, parientes de segundo y tercer grado o inclusive hermanos. En cualquiera de los casos, existe el riesgo real o potencial de que los niños no reciban el mismo cuidado de salud, alimentación y protección contra abusos y explotación que recibirían en presencia de sus padres", apuntó Kastberg.

Además, la ausencia de los padres implica "la pérdida de referentes principales, y por tanto tiene un efecto psicosocial significativo que puede traducirse en sentimientos de abandono, vulnerabilidad y pérdida de autoestima, entre otros".

El artículo 10 de la Convención sobre los Derechos del Niño compromete a los estados a garantizar la reunificación familiar para hijos de emigrantes.

Otros impactos de las migraciones en la vida de niñas y niños latinoamericanos son la indocumentación y el tráfico de personas.

Se calcula que hay 190 millones de emigrantes en el mundo, de los que unos 25 millones, o 13 por ciento, proceden de América Latina y el Caribe.

El principal destino de los latinoamericanos es Estados Unidos, donde viven unos 18 millones de estos, más sus descendientes nacidos en ese país. España ocupa el segundo lugar, con 1,2 millones de inmigrantes en 2004, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Entre 1986 y 2002, el número de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos se triplicó de 3,2 millones a 9,3 millones. Algunas estimaciones hablan ahora de entre 10 y 12 millones de personas.

Casi la mitad de los inmigrantes en ese país procedentes de América Latina y el Caribe no tienen documentos.

"La indocumentación viola los derechos de los niños y niñas a una nacionalidad, un nombre y una identidad. Además, inhibe su acceso a los servicios de salud y educación, y los hace especialmente vulnerables a la trata, la adopción ilegal, el matrimonio precoz y la explotación sexual comercial", dijo Kastberg.

Cada año hay entre 600.000 y 800.000 víctimas del tráfico de personas en el mundo, de las cuales 80 por ciento son mujeres y 50 por ciento niños y niñas, según el Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos.

"Niños y adolescentes en estas circunstancias son frecuentemente usados como mano de obra barata, explotados en trabajos domésticos o reclutados para el servicio militar. Ello supone graves consecuencias para la vida y la salud de los niños, sobre todo en conexión con actos de violencia y abusos de todo tipo", dijo Kastberg.

La infancia también se ve indirectamente afectada por la fuga de cerebros, apuntó Kastberg. "Niños y niñas se ven afectados por la falta de personal en los servicios médicos en un país como Jamaica, en donde aproximadamente 40 por ciento de los médicos han emigrado", indicó.

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