PAKISTÁN: Insurgencia islamista no reconocida

El creciente conflicto entre el ejército de Pakistán y radicales islámicos a lo largo de la frontera con Afganistán llevaron a analistas de seguridad a hablar de una insurgencia abierta, aunque el gobierno no la reconoce como tal.

La zona fronteriza está dominada por tribus pashtun (patán) seguidoras del grupo fundamentalista islámico Talibán, que gobernó Afganistán desde 1996 hasta su derrocamiento por fuerzas estadounidenses a fines de 2001. El alzamiento de estos grupos constituye una amenaza nacional mucho mayor de lo que admiten las autoridades, según observadores.

”Frecuentes y sangrientos combates armados con gran número de víctimas, emboscadas, ataques a puestos militares y asesinatos de informantes y colaboradores del ejército no son delitos comunes. No nos equivoquemos: esto es una insurgencia”, dijo a IPS el analista militar A.R. Siddiqui, ex brigadier del ejército pakistaní.

Siddiqui ve al conflicto de tres años como ”una consecuencia o una continuación” de la guerra lanzada por Estados Unidos contra Afganistán inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Estados Unidos acusó entonces al régimen Talibán de proteger a Osama bin Laden, el líder del grupo terrorista musulmán Al Qaeda, a quien Washington atribuyó la autoría intelectual de esos atentados.

Recientes informes de la zona fronteriza de Waziristán indican que un ataque a un contingente del ejército por parte de presuntos radicales islámicos provocó un intercambio de disparos que causó la muerte a 15 mujeres y dos niños.

El ejército contraatacó con granadas lanzadas por cohetes que alcanzaron un vehículo en que viajaban las víctimas, destrozándolo por completo.

Otro informe dice que el ejército encontró 26 cadáveres del lado pakistaní de la Línea Durand, que separa a este país de Afganistán. Fuentes militares informaron que los cuerpos pertenecían a miembros del grupo Talibán abatidos por fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos del otro lado de la frontera.

Esa coalición ha coordinado operaciones con el ejército de Pakistán en el norte y el sur de Waziristán, con el objetivo de capturar a Osama bin Laden y a Ayman Al Zawahiri, otro líder de Al Qaeda, quienes supuestamente se ocultan en esa región montañosa junto a un grupo de seguidores.

Pero a pesar de la supuesta coordinación, el gobierno afgano y funcionarios estadounidenses denuncian continuas incursiones de talibanes procedentes de Pakistán.

Los enormes ”daños colaterales” de las últimas semanas provocaron una indignación que enajenó todavía más a las tribus pashtunes, que dominan Waziristán y constituyen la espina dorsal del movimiento Talibán.

”Esto es inexcusable” e ”intensificará la insurgencia en las áreas tribales”, advirtió Siddiqui.

En respuesta a las acusaciones de Estados Unidos de que el gobierno pakistaní es muy blando con los talibanes, Siddiqui comentó que, de hecho, las autoridades realizan arrestos en todas partes del país, muchas veces en forma indiscriminada.

”Personas de izquierda, derecha y centro son arrestadas”, dijo el activista de derechos humanos y líder político B.M. Kutty, quien opinó que la actitud del gobierno es ”meramente reactiva”.

El ejército pakistaní inició las operaciones contra elementos de Al Qaeda en Waziristán en julio de 2002, pero pronto se vio atrapado en un conflicto con las tribus pashtun autónomas, que consideraron las expediciones (las primeras en más de medio siglo) como un intento de subyugarlas.

El presidente de Pakistán, general Pervez Musharraf, manifestó preocupación por la imagen de su país como un semillero de extremistas islámicos y de base de apoyo para Talibán y Al Qaeda.

En un discurso la semana pasada, Musharraf acusó a dos organizaciones islámicas establecidas en Pakistán, las proscriptas Jaish-i-Mohammed y Sipah-i-Sabah, de haber ”adoctrinado a algunos de los autores de los atentados de Londres”, perpetrados el 7 de este mes, que dejaron 56 muertos.

Agregó que algunas escuelas religiosas islámicas (madrasas) ”preparan a sus estudiantes para la Jihad” (guerra santa islámica).

Preocupa la posibilidad de la transmisión de la ideología de Talibán desde la Provincia de la Frontera Noroccidental al resto de Pakistán, en especial desde la aprobación en esa provincia de la ”ley Hasba”, el día 15, que debe ser aprobada por el presidente.

El propósito de la ley es imponer a la población los preceptos del Corán, el libro sagrado islámico.

Si Musharraf toma medidas contra el gobierno de la Frontera Noroccidental, las autoridades provinciales ”dirán que fueron víctimas de una injusticia de fuerzas no islámicas en el poder”, y esto alentará la insurgencia, advirtió Yousouf Masti Khan, secretario general del Partido Nacional de los Trabajadores.

Pakistán ”no sólo se dirige a la guerra y el caos, sino que corre riesgo de producir un liderazgo fascista en nombre del Islam”, previno Kutty. (

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