MÉXICO: Científico reprocha ”doble discurso” ambiental

El gobierno de México maneja ”un doble discurso” en materia ambiental, sentenció el científico mexicano Luis Roberto Acosta, pionero en la medición de contaminantes atmosféricos en el país.

Las autoridades ratifican compromisos como el Protocolo de Kyoto sobre cambio climático, pero no afrontan graves y crecientes problemas de contaminación que agobian a sus ciudades, dijo Acosta en diálogo con Tierramérica.

Acosta introdujo en 1993 el índice UV para calcular por primera vez los niveles de radiación solar ultravioleta en el valle de México y diseñó uno de los primeros sistemas de información ambiental en Internet.

Investigador asociado del Laboratorio de Física Atmosférica de la Universidad de Trent en Canadá, Acosta dirige actualmente en México el Sistema Internacional de Monitoreo Ambiental, que establecerá en 2006 un centro de observación climática de gran altitud para la medición de gases como el ozono y el dióxido de carbono. Es el primer centro de su tipo en Mesoamérica.

—El mexicano Mario Molina, Premio Nobel de Química 1995, afirma que en 10 años la capital mexicana puede tener aire limpio si introduce cambios en el transporte público y mejora la calidad de las gasolinas, entre otras medidas. ¿Está de acuerdo? —Siempre debemos ser optimistas, pero si uno ve cómo crecen el parque vehicular y la construcción vial que fomenta el uso del automóvil, sin que las inversiones en transporte público sean definitivas, pues es difícil pensarlo. Los problemas de contaminación de la ciudad de México se pueden enfrentar con tecnología, controles de emisiones, introducción de motores de hidrógeno y otras medidas. El problema tecnológico ya está resuelto, lo que falta es voluntad política y una acción social integral. Los plazos no se pueden determinar, pues dependen de los líderes políticos y las circunstancias.

—Pero las mediciones de contaminantes en la capital indican que el aire ha mejorado en los últimos 10 años. —Desde los años 1997 y 1998, cuando hubo muchos incendios en México y las partículas suspendidas llegaron a niveles alarmantes en la ciudad, no hemos vuelto a tener episodios dramáticos. Pero no consideramos que eso haya sucedido básicamente por mejora del parque vehicular o sistemas adecuados contra la contaminación, sino que dependió mucho de condiciones metereológicas. El clima tiene la última palabra en el valle de México. Si empezamos a tener frentes de alta presión o condiciones extremas, es muy probable que lleguemos a niveles muy altos de contaminación y se produzca una crisis. El problema de fondo no está arreglado. Ochenta por ciento de los días del año estamos fuera de norma en materia de ozono.

—Su propuesta de revertir esta situación con el uso radical de nuevas tecnologías no parece factible por ahora, pues requiere muchas inversiones y condiciones políticas y económicas adecuadas. —Eso de que la tecnología limpia todavía es cara es un círculo vicioso, uno dice que no se va invertir en nuevas tecnologías porque los costos son elevados, y como no se hace una inversión masiva, esas tecnologías no bajan de precio. Entonces resulta que el uso de la gasolina y los coches actuales sí es accesible, y un litro de gasolina es más barato que uno de agua. Tenemos un sistema económico que fomenta el uso de los hidrocarburos. No obstante, los cambios pueden suceder rápido, quizá impulsados por alguna crisis ambiental. En 1992 hubo contaminación extrema por ozono en la capital y se adoptaron algunas acciones positivas. Lo que me parece grave es que el problema de la contaminación se enfoque sólo en la capital, cuando en otras ciudades la contaminación del aire ya es tremenda y muchas veces mayor.

—¿Qué pasa con las autoridades? No atienden esa situación grave pero apoyan acuerdos como el Protocolo de Kyoto, que precisamente pauta la disminución de las emisiones de gases generada por combustibles. —Para México es muy fácil ser el primero en ratificar todo, pero para fines prácticos eso no significa nada. Las autoridades que en el ámbito nacional son responsables de controlar las emisiones de contaminantes no pueden con la tarea, pero al mismo tiempo asisten a reuniones, hablan de cambio climático y andan en los foros firmando papeles. Hay un doble discurso.

—¿Sería mejor actuar como Estados Unidos, que no ratifica Kyoto? —La posición de Estados Unidos ha sido criticada, pero tiene fundamento. ¿Para qué va a poner un límite a su quema de combustible, si todavía no ha desarrollado un mercado doméstico alternativo? Lo cierto es que en los hechos ya trabaja en un mercado de energías alternas. Creo que firmará algo similar a Kyoto cuando realmente tenga una tecnología limpia que pueda surtir a todo el mundo. Eso demuestra que actúa con cierta integridad y coherencia, lo que no sucede con México.

* El autor es corresponsal de IPS. Publicado originalmente el sábado 23 de julio por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe