IRAQ: Clérigo chiita ataca a invasores con democracia

La organización de elecciones democráticas es el arma más temible que esgrime el clérigo musulmán chiita Moqtada al Sadr contra las fuerzas de ocupación de Iraq, encabezadas por Estados Unidos.

Pocos meses después de la invasión, en marzo de 2003, las fuerzas de Sadr comenzaron a organizar elecciones en gran parte del sur iraquí, de mayoría chiita. El resultado ha sido un enfrentamiento entre sus seguidores por un lado y los funcionarios y contratistas de la autoridad de ocupación por otro.

En algunos casos, los partidarios de Sadr recurren a la violencia o la intimidación para lograr la elección de sus líderes.

”A principios de año, expulsaron al alcalde de Nasiriya”, recordó James Longley, un realizador estadounidense de documentales que ha seguido de cerca el movimiento de Sadr.

Unos 2.000 hombres armados con rifles kalashnikov protestaron porque el alcalde había sido designado por Estados Unidos. Después de eso, el alcalde renunció y fue reemplazado por otro que triunfó en las elecciones organizadas por los seguidores de Sadr, relató Longley.

El líder chiita, de unos 30 años, tiene su base de poder en una red de instituciones religiosas de caridad fundadas por su padre, un alto clérigo asesinado en 1999 por agentes del gobierno de Saddam Hussein, derrocado hace un año.

En sus enardecidos discursos antes de ser proscripto este mes, Sadr exigía la retirada de las tropas extranjeras, la aplicación de la ley islámica y la participación activa de los líderes espirituales en el futuro político de Iraq. Tiene su propio ejército de milicianos y una publicación semanal, llamada Al-Hawza, que también fue proscripta.

Los enfrentamientos entre fuerzas leales a Sadr y tropas de ocupación dejaron decenas de muertos este mes. Pero la organización de elecciones es la estrategia de Sadr que más preocupa a Estados Unidos, que ordenó su captura a principios de este mes.

Hasta entonces, era fácil hallar al jeque Salim Mejid Jumar, uno de los máximos líder del movimiento de Sadr en Bagdad.

Vestido con túnica blanca, Jumar podía encontrarse casi todos los días en el edificio municipal de Showle, un barrio chiita pobre de la capital iraquí. El pasado junio fue elegido para integrar el concejo de gobierno en elecciones organizadas por las fuerzas de Sadr.

”No fue una elección perfecta, pero fue justa. Fue supervisada por académicos y religiosos, y se permitió votar a un hombre por cada familia. Al final, obtuvimos un concejo local representativo”, explicó Jumar a IPS.

Pero los planes de los invasores eran otros. La Autoridad Provisional de la Coalición había declarado que Iraq no estaba lista para elecciones y había contratado a la firma estadounidense Research Triangle International (RTI) para elegir y capacitar a residentes locales que reemplazaran a los políticos designados por Saddam Hussein y su partido Baas.

”Nos llevó dos meses alcanzar un acuerdo con RTI”, contó Jumar. ”Primero había dos concejos en el barrio, uno elegido y otro designado. RTI no quería desplazar a uno ni al otro. Al final, de los 21 miembros designados por RTI, quedaron cinco. El resto de los cargos fueron ocupados por miembros elegidos”, explicó Jumar.

El gran esfuerzo de los seguidores de Sadr por organizar comicios no sorprende a Longley, dado que el sistema democrático garantizaría el dominio chiita, que constituye la mayoría de la población iraquí. Históricamente, la rama sunita del Islam ha dominado la política nacional, pese a ser minoritaria.

Pero ese no es el factor más importante. ”Muchos iraquíes ven a la democracia como enemiga de la ocupación y los intereses de Estados Unidos en Iraq, por eso la apoyan”, opinó.

Nada de esto pasa inadvertido para las fuerzas estadounidenses, que han rodeado con tanques y tropas la ciudad de Najaf, sagrada para los chiitas, para capturar o matar al líder del movimiento.

Sadr ”intenta establecer su autoridad en lugar del legítimo gobierno iraquí. No lo toleraremos”, advirtió el administrador civil estadounidense en iraq, Paul Bremer, al anunciar el día 5 la orden de captura del clérigo islámico.

La caída del régimen del Baas reveló la base de poder de Sadr, al punto de que el distrito chiita de la capital antes conocido como ”Ciudad Saddam” fue rebautizado ”Ciudad Sadr”.

La organización de Sadr ha logrado establecer su autoridad en gran parte de la sociedad iraquí. En un informe publicado en septiembre del año pasado, el Grupo Internacional de Crisis, con sede en Bélgica, le dio al movimiento del líder chiita el crédito del mantenimiento de la paz en los distritos pobres de Bagdad tras la caída de Saddam Hussein.

”Pocas semanas después del colapso del régimen, representantes de Sadr emplearon a 50.000 voluntarios en el este de Bagdad para colaborar en la recolección de basura, el control del tránsito y la distribución de alimentos en hospitales”, dice el informe.

”También proliferaron los seminarios religiosos dirigidos por seguidores de Sadr. En ausencia de un sistema judicial en funciones, Mohammed Fartousi, agente del líder chiita en Ciudad Sadr, estableció tribunales improvisados en su mezquita de Hikma. Los agentes de Sadr distribuyeron uniformes a los guardias de tránsito, con la inscripción 'policía hawza'”, agrega el documento.

Pero la mayoría de estas actividades están suspendidas desde que Sadr fue declarado fuera de la ley. En respuesta, el clérigo llamó a la ”jihad” (guerra santa) contra Estados Unidos y sus socios en la ocupación.

”Las elecciones fueron hace mucho tiempo, antes de todo esto”, dijo a IPS el jeque Nasser al-Sa'adi, representante de Sadr en Showle.

”Está todo claro. Las personas decentes no quisieron integrar el Consejo de Gobierno (designado por Estados Unidos). Los miembros de ese Consejo son traidores. Sólo sirven a sus intereses personales”, afirmó.

Una vez terminada la ocupación, ”la historia recordará quién estuvo dónde”, vaticinó.

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