COMERCIO-AMERICA: Aprendiendo de los errores canadienses

La cautela con que Brasil y otros países de América Latina negocian el libre comercio continental se debe, en parte, al precio político y económico que Canadá debió pagar por mejorar su acceso al mercado de Estados Unidos, según expertos canadienses.

El fracaso de los negociadores de Ottawa en lograr que sus productos quedaran exceptuados de leyes estadounidenses proteccionistas continúa resonando en América Latina como un llamado de alerta, sostuvo el experto y activista Ken Traynor, portavoz de la organización Common Frontiers.

”Los brasileños conocen esa historia”, agregó Traynor. Los negociadores latinoamericanos ”leen todos de los mismos libros, ven lo que sucede y tratan de no incurrir en los errores cometidos en el pasado”, dijo.

América del Sur y Central advierten que, pese a los acuerdos comerciales vigentes, las medidas proteccionistas tomadas por los poderes Legislativo y Ejecutivo en Washington impiden a sus productos agrícolas e industriales competir con justicia en el mercado estadounidense con sus equivalentes locales.

”Medidas de represalia y antidumping (contra la supuesta competencia desleal de precios) le han costado a América Latina miles de millones de dólares en exportaciones a Estados Unidos, y el gobierno de George W. Bush ha manifestado su voluntad de subsidiar locamente las exportaciones agrícolas”, agregó Traynor.

Los ministros de Comercio de 34 países americanos (todos los del hemisferio occidental excepto Cuba) se reunirán el 20 y 21 de este mes en Miami para avanzar en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), acuerdo que abarcaría 800 millones de consumidores y un producto interno bruto sumado de 12 billones de dólares.

Se prevé que el acuerdo entraría en vigor el 1 de enero de 2005, y expertos lo consideran una ampliación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado en 1992 por Canadá, Estados Unidos y México.

El Consejo Canadiense de Ejecutivos y otras organizaciones representativas del empresariado del país norteamericano solicitaron al gobierno una integración aun mayor con su vecino, en particular luego de que leyes estadounidenses impidieron el ingreso de productos canadienses como la madera liviana.

Pero incluso un defensor del TLCAN como el abogado experto en derecho comercial internacional Laurence Herman niega que haya en Ottawa o en Washington voluntad política para abrir una nueva negociación.

Y si lo hiciera, agregó Herman, Canadá perdería la capacidad de establecer su propia política comercial, dado que es el socio menor tanto en lo económico como en lo demográfico. ”Habría ventajas económicas en ser parte de Estados Unidos, pero eso no va a ocurrir”, agregó el experto en una entrevista.

Economistas vinculados con los sindicatos canadienses consideraron negativo el impacto del TLCAN en este país.

Por ejemplo, los fabricantes de automóviles, la mayoría de matriz extranjera, han trasladado sus cadenas canadienses de montaje al sur de Estados Unidos y a México, donde los sindicatos son más débiles y los salarios más bajos, dijeron expertos.

El sector, que concentra sus operaciones en el meridional estado de Ontario, emplea a miles de personas. ”En 1999, fabricábamos 16 por ciento de los vehículos vendidos en América del Norte. Esa proporción cayó a 15 por ciento y sigue en baja”, dijo Jim Stanford, economista del sindicato automovilístico.

Este país ya ha perdido tres fábricas de automóviles de un total de una docena, y se prevén más cierres para el año próximo, dijo Stanford, en la conferencia ”Canadá, libre comercio e integración profunda en América del Norte”, celebrada el mes pasado en Toronto.

El cumplimiento del TLCAN llevó al desmantelamiento de reglamentos intervencionistas que habían permitido a anteriores gobiernos estimular actividades creadoras de empleo.

Impulsores del libre comercio a fines de los años 80, como el entonces primer ministro Brian Mulroney, argumentaban que la productividad y eficiencia de la industria canadiense mejoraría al crearse un mercado norteamericano único mediante la reducción de aranceles y otras barreras al comercio y a las inversiones.

El primer acuerdo de libre comercio Canadá-Estados Unidos se firmó en 1989. Las exportacines de Canadá al país vecino aumentaron de 25,7 por ciento del producto interno bruto en 1989 a 45,5 por ciento en 2000, indicó el economista Andrew Jackson, del Congreso Sindical Canadiense.

Pero 90 por ciento del fuerte crecimiento de las exportaciones canadienses a Estados Unidos respondieron a factores externos a ese tratado comercial y al TLCAN, según cálculos oficiales.

Entre esos factores figuran el fuerte crecimiento del mercado estadounidense, el creciente déficit comercial de ese país y la significativa depreciación del dólar canadiense, que mejoró la competitividad de los productos de este país, explicó Jackson.

El sector productivo canadiense ya se había orientado fuertemente a las exportaciones mucho antes de los acuerdos comerciales norteamericanos, pero lo que sí cambió es que la orientación es hacia América del Norte en particular, advirtió el experto.

”La integración más profunda en el mercado norteamericano ha hecho poco para virar la estructura de la economía canadiense desde la explotación de recursos naturales y las manufactura poco avanzada hacia las industrias más dinámicas y de crecimiento más rápido, basadas sobre el conocimiento”, dijo Jackson.

Ottawa se alineará en Miami con Washington, como defensor del libre comercio, en oposición a naciones como Brasil, que tomarán posturas negociadoras más firmes en áreas dejadas de lado en los acuerdos entre Canadá y Estados Unidos, sostuvo Traynor.

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