DERECHOS HUMANOS-IRAQ: Ni antes ni ahora

Tres meses después de la declaración del fin de las hostilidades en Iraq por parte de Estados Unidos, los derechos humanos brillan por su ausencia en este país, que ha sido ajeno a ese concepto por varias décadas.

No se sabe con exactitud el número de personas actualmente detenidas por las fuerzas invasoras de Estados Unidos y Gran Bretaña, pero algunos funcionarios lo sitúan entre 2.000 y 3.000.

Algunos están detenidos en el sur de Iraq, pero la mayoría permanecen en una instalación transitoria en el Aeropuerto Internacional de Bagdad, en condiciones que algunas organizaciones de derechos humanos consideraron infrahumanas.

Antes de la invasión, Iraq padeció desde 1979 la dictadura de Saddam Hussein, bajo la cual murieron o desaparecieron cientos de miles de personas.

A eso se sumó en los años 80 la guerra contra Irán, en 1991 la primera guerra del Golfo, y desde 1990 un embargo internacional causante de la muerte de miles de personas, según Unicef y otros organismos internacionales.
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Con el objetivo de despertar la cultura de los derechos humanos en Iraq, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió organizar este mes un seminario de tres días, con expertos del exterior.

”No pretendemos decirles lo que son los derechos humanos ni qué medidas son las apropiadas para Iraq”, dijo a IPS Carol Rishmawi, una asesora legal de la ONU en Bagdad.

”Nuestro objetivo consiste en presentarles modelos y normas disponibles en todo el mundo y dejarles elegir lo mejor para ellos”, explicó.

Pero independientemente de las metas que el futuro gobierno iraquí se fije, por ahora las fuerzas de ocupación deben respetar y hacer respetar normas fundamentales, conforme a la Convención de Ginebra.

Militares de la coalición, principalmente estadounidenses, admitieron que no estaban preparados para todos los problemas de derechos humanos que surgieron luego de tomar el control del país.

Los prisioneros, que al principio de la ocupación eran más que ahora, son mantenidos en tiendas e instalaciones que no cumplen con las normas mínimas, por admisión de las propias fuerzas de Estados Unidos.

En respuesta a las críticas de organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y el Comité Internacional de la Cruz Roja, el administrador designado por Estados Unidos en Iraq, Paul Bremer, y sus más cercanos colaboradores decidieron mejorar las condiciones de vida de los prisioneros.

También se iniciaron procedimientos judiciales para determinar qué prisioneros podrían ser liberados.

Las fuerzas de la coalición reabrieron tres tribunales en Bagdad y designaron jueces para que se expidan con rapidez sobre los casos que les remitan, luego de descartar posibles vinculaciones con el antiguo régimen de Saddam Hussein.

Parte del problema de las fuerzas de coalición es el número de personas que arrestan. Los soldados continúan deteniendo y liberando a decenas de miles de supuestos delincuentes comunes que Saddam Hussein había liberado de las cárceles iraquíes justo antes de ser derrocado.

Las fuerzas estadounidenses-británicas reabrieron algunas de las prisiones de peor fama del antiguo régimen, incluso la de Abu Ghoreib, en las afueras de Bagdad. Algunos detenidos son enviados a ese centro de reclusión en la actualidad.

En un informe publicado la semana pasada, Amnistía Internacional criticó a las fuerzas de coalición por sus detenciones prolongadas e injustificadas, y por trasladar a los detenidos de un campamento a otro sin avisar a sus familias y proporcionarles acceso a abogados.

Bajo las nuevas normas establecidas por las fuerzas de coalición, regirá la presunción de inocencia y todo detenido tendrá derecho a un abogado, aun si no puede costeárselo.

Las fuerzas de la coalición están computarizando las listas de detenidos en cada sitio para mantener mejor informadas a sus familias, afirmaron.

”El pueblo iraquí ya ha sufrido bastante. Es vergonzoso que haya todavía personas detenidas en condiciones infrahumanas, sin que las familias sepan dónde están ni acceso a abogados”, comentó Mahmoud Ben Romdhane, representante de Amnistía en Bagdad.

Algunos detenidos dijeron a Amnistía que no disponían de agua suficiente para beber y bañarse y que son expuestos a calor excesivo en los campamentos de detención. Otros denunciaron que los obligan a escuchar música estridente y los mantienen las 24 horas en ambientes iluminados, para privarlos del sueño.

Amnistía afirmó que en algunos casos, los militares estadounidenses y británicos no cumplieron con órdenes de liberación emitidas por jueces. También denunció algunos casos de uso excesivo de la fuerza.

Bremer y altos oficiales militares dijeron que investigarían esos casos, sin ofrecer detalles, y anunciaron que trasladarían prisioneros de los campamentos a centros de detención.

”Deseamos cooperar”, declaró Bernard Kerek, un ex comisario de policía de la ciudad de Nueva York contratado como funcionario de enlace con el Ministerio del Interior iraquí.

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