AMBIENTE-AMERICA LATINA: La hora de los voluntarios

Miles de voluntarios realizan en América Latina una silenciosa y efectiva labor ambiental, lejos de la estridencia de acciones espectaculares o de denuncias retóricas, cuidando animales silvestres o enseñando métodos de reciclaje, entre otras muchas tareas.

"El voluntariado es el 'alma mater' para nosotros. Nacimos como un grupo de voluntarios", dijo a IPS Rodrigo Mellado, coordinador del Programa de Socios y Membresía del Comité Nacional pro Defensa de la Fauna y Flora (Codeff), la más antigua organización no gubernamental (ONG) ambientalista de Chile.

Los trabajos que Codeff llevará a cabo en el norte del país en julio, durante las vacaciones estudiantiles del invierno austral, serán coordinados en terreno por Carola Calvo, quien a los 24 años está a punto de graduarse de experta en Ecoturismo, y por Francisco Lang, alumno de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.

El grupo de socorristas realizarán en la Reserva Nacional Las Chinchillas, al interior de Illapel (a 290 kilómetros de Santiago), rellenos de zanjas y otras labores para combatir la erosión y preservar el hábitat de esos roedores nocturnos, que hace 40 años estuvieron al borde de ser extinguidos por cazadores que comercializaban su valiosa piel.

Otra tarea que abordará Codeff es el censo de la población de pingüinos en la Reserva Nacional Pingüinos de Humboldt (500 kilómetros al norte de la capital), reiterando así su rechazo a planes gubernamentales de desarrollar allí un gran proyecto turístico que amenaza la supervivencia de una rica fauna marina.

Unos 150 voluntarios cubren 80 por ciento de las actividades de Codeff en Santiago y en sus filiales de Viña del Mar, Talca, Concepción, Valdivia y Coyhaique y solventan labores permanentes de la organización, como las campañas de conservación de aves y mamíferos salvajes y especies del bosque nativo, indicó Mellado.

Es que el rescate y rehabilitación de animales en alto riesgo de extinción es uno de los sellos que más distinguen a los socorristas ambientales.

En México, el proyecto Selva Negra creado por el grupo musical Maná en septiembre de 1995 movilizó a centenares de personas que han liberado hasta la fecha 22.178 crías de tortugas marinas en las playas al sur del noroccidental Puerto Vallarta.

Los huevos que la tortuga marina pone en la arena son apetecidos por supuestas propiedades afrodisíacas y las crías que nacen en las playas son atacadas por aves rapaces mientras cubren el lento tránsito a su hábitat acuático. Por una y otra causa, esta especie está en peligro de extinción.

El caimán del Orinoco y la tortuga Arrau, que habita también en las llanuras que rodean al más importante río de Venezuela, deben en gran parte su supervivencia a voluntarios y dueños de haciendas ganaderas, que han habilitado criaderos para resguardar a los ejemplares recién nacidos y liberarlos cuando pueden defenderse de sus depredadores.

Por su parte, la Fundación Vida Silvestre (FVS) de Argentina tiene sólo 24 empleados remunerados y trabaja con unos 150 voluntarios, que colaboran en la protección del yacaré (caimán) en las reservas de la organización en la septentrional provincia de Misiones y del venado de las pampas en General Lavalle, en la oriental provincia de Buenos Aires.

Los voluntarios controlan las poblaciones de animales, los monitorean a través de radiocollares que les implantan y organizan visitas guiadas a las reservas.

"Su presencia es algo muy bueno, porque obliga a la organización a mejorar y a crecer, a demostrarle permanentemente a los voluntarios que sus esfuerzos valen la pena", dijo a IPS Adriana Caferatta, coordinadora de voluntarios de FVS.

"No hay ONG que pueda trabajar sin voluntarios", sentenció Roxana Schteinbarg, coordinadora general del Instituto de Conservación de las Ballenas (ICB), que cubre 95 por ciento de sus actividades con el aporte gratuito de abogados, biólogos, traductores y expertos en informática y recursos humanos.

Schteinbarg y su esposo viajaron en 1992 a la península Valdés, en la costa del océano Atlántico de la austral provincia de Chubut, donde conocieron la labor de protección de la ballena franca austral que efectúa allí desde 1970 el Instituto de Conservación de las Ballenas (WCI, por sus siglas en inglés).

Comenzaron como voluntarios del WCI para organizar los programas de adopción simbólica de ballenas y en 1996 crearon el ICB con su estructura jurídica propia. "Hoy puedo decir que el ICB es mi proyecto de vida y de mi familia", dijo Schteinbarg a IPS.

La organización ambientalista internacional Greenpeace, cuestionada a menudo por la publicidad y espectacularidad que rodea sus acciones directas de denuncia, tiene también como soporte fundamental a un discreto y activo voluntariado.

Campañas de difusión con entrega de información al público y charlas en colegios, así como apoyo logístico a acciones directas, son parte de las tareas que encabeza María Vargas, coordinadora de un centenar de voluntarios de Greenpeace-Chile.

"Ellos (los voluntarios) tienen un compromiso muy alto con el medio ambiente. Son personas que practican el pacifismo como una forma de vida. Para Greenpeace son muy importantes", comentó Vargas a IPS.

Osar Soria, responsable de prensa de Greenpeace en Argentina, indicó a IPS que allí la organización trabaja con un contingente de voluntarios que fluctúa entre 50 y 100, pero cuenta además con el aporte de unos 2.000 "ciberactivistas" que apoyan campañas de difusión y denuncia a través de la red informática Internet.

La difusión es esencial para el activismo ambiental. "Hay bastante gente motivada para trabajar, aunque hay también mucha rotación. No es como antes, en que los voluntarios eran más comprometidos. Ahora llegan muchos jóvenes a probar como es esto. Por eso hay necesidad permanente de difusión", señaló Calvo a IPS.

Esta joven experta, vinculada desde los 19 años a Codeff y luego de estudiar cinco semestres la carrera de Biología Ambiental en la Universidad de Chile, siente que encontró en el voluntariado el cauce para su motivación inicial de contribuir a la preservación de la naturaleza.

"Aquí se desarrolla también toda una parte social con personas de intereses semejantes. Mi grupo de mejores amigos es de Codeff. Siempre se hacen las cosas por algo y como voluntaria se entrega, pero también se reciben conocimientos y experiencias", dijo Calvo.

* Con aportes de Viviana Alonso (Argentina, Diego Cevallos (México) y Humberto Márquez (Venezuela

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