CINE-CUBA: Historias brasileñas conquistan Festival de La Habana

Dos filmes brasileños, una audaz incursión en la violencia y la historia de un homosexual que pretende ser estrella, acaparan la atención del público y la crítica en el XXVI Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, que finaliza este viernes.

Las brasileñas ”Ciudad de Dios”, de Fernando Meirelles, y ”Madame Satán”, de Karim Aïnouz, ”clasifican desde ya entre lo mejor del cine latinoamericano de los últimos tiempos” reciban o no algún premio del certamen, afirmó el crítico de cine cubano Joel del Río.

Tras ver estas dos películas ”no queda más que inclinarnos rendidos a la absoluta superioridad de la muestra brasileña”, que incluye otros tres largometrajes de ficción. Una muestra así, añadió del Río, no se veía en La Habana desde 1986. La expectativa generada por ”Ciudad de Dios” llevó a los organizadores a preparar una exhibición del filme sólo por invitación, una medida aplicada en casos excepcionales que despiertan gran afluencia de público.

En tanto, ”Madame Satán” fue cuestionada por el comentarista Rolando Pérez Betancourt, del diario oficialista cubano Granma, quien se preguntó si sus explícitas escenas de sexo homosexual son ”artísticamente necesarias” o están usadas en ”demasía”.

El filme relata la historia real de Joao Francisco dos Santos, un homosexual negro, analfabeto y pobre que se empeña en hacer carrera y en ser respetado como ser humano en el Río de Janeiro de los años 30 y 40.

Según Del Río, el ”calvario” del personaje ”es relatado con impresionante visualidad, a pesar de la evidente carencia de grandes recursos para montar la época”.

Se trata de una ”nueva demostración de que para lograr una buena película importa mucho más tener algo relevante que contar y saber cómo hacerlo con gracia y poder para la emoción, que disponer de presupuestos millonarios”, afirmó.

Más de 20 salas en la capital de Cuba y otras tantas en el interior del país, muchas de ellas con capacidad para más de 1.000 espectadores, se mantienen a lleno completo desde la inauguración del festival, el martes 3.

Además de los 41 largometrajes de ficción en concurso, otros 17 en la categoría de óperas primas, 31 documentales y 27 filmes animados, el público disfruta en esta ocasión de muestras de cine independiente estadounidense, noruego, español y canadiense.

El programa incluyó además conferencias y demostraciones sobre las nuevas tecnologías de filmación digital, y la distribución de películas por Internet, incluidos los sistemas de producción, descarga y autenticación por los usuarios de la red mundial de computadoras.

Entre las películas fuera de concurso, el público se inclinó por ”Frida”, una realización de la directora estadounidense Julie Taymor, que incursiona en la vida política, artística y sexual de la pintora mexicana Frida Kahlo.

No sucedió lo mismo con ”La virgen de la lujuria”, del mexicano Arturo Ripstein, a la que varios críticos consideraron abrumadora, excesivamente larga y, aunque fiel a la estética del director, alejada de sus éxitos anteriores.

En entrevista con varios medios de prensa, el actor argentino Federico Luppi sostuvo que la cinematografía regional es ”muy buena”, pero se requieren mejores políticas culturales para estimular la producción en cada país.

”Con pocos medios se ha hecho mucho y de muy buen nivel”, dijo Luppi, protagonista de 75 filmes, entre ellos ”El año del conejo”, ”Tiempo de revancha”, ”Un lugar en el mundo” y ”Martín Hache”.

Con todo, añadió, ”los creadores no pueden trabajar de forma exclusiva en base al voluntarismo, hacen falta políticas de gobierno, que los dirigentes políticos entiendan que eso forma parte del acervo de un país”.

Luppi es uno de los homenajeados de este festival, junto a dos figuras que marcaron el llamado nuevo cine latinoamericano, el cineasta brasileño Glauber Rocha (1939-1981) y el exponente del neorrealismo italiano Cesare Zavattini (1902-1989).

Además de la muestra dedicada al fundador del movimiento del Nuevo Cine brasileño, se exhibió el documental ”Rocha que voa”, un intento del hijo del artista, Eric Rocha, por ”revitalizar temas que todavía no fueron resueltos”, muy vinculados a ”la vigencia del discurso” de su padre.

El documental es una mezcla de la influencia de lo mejor del cine latinoamericano de las últimas décadas y de elementos contemporáneos que marcan la vida de las generaciones más jóvenes, como el vídeo clip, la televisión o Internet.

”Su proyecto no se reducía a ese momento, era también un proyecto de futuro. Buscaba, a largo plazo, la formación de un nuevo público, de una mirada”, afirmó Rocha.

A su juicio, ”el problema en América Latina no es el cine comercial, que va a tener éxito siempre, sino la ausencia de espacios para la experimentación, la falta de películas de jóvenes cineastas, que haya un lugar para todo tipo de cine, y que esto posibilite el debate estético”. (

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