Los proyectos que involucran a gobiernos, empresas, organismos multilaterales y la sociedad civil son privilegiados en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, lo cual, según algunos activistas, constituye un retroceso ante el marco multilateral acordado en 1992.
La primera semana de la Cumbre que se celebra en la nororiental ciudad sudafricana de Johannesburgo concluye con 300 compromisos de financiamiento de proyectos denominados del tipo 2, para diferenciarlas de los acordados por gobiernos y organismos intergubernamentales.
Algunas de estas asociaciones pueden ser consideradas experimentos en los que el sistema mundial no había pensado. Con ellas, la población local tendrá un mayor papel, un lugar en la toma de decisiones, dijo el secretario general de la Cumbre, Nitin Desai.
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible fue convocada para evaluar los avances registrados desde la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992 o Cumbre de la Tierra, por lo que también es denominada Río+10.
Los esfuerzos de la ONU, organismos multilaterales y distintos gobiernos por resaltar las asociaciones del tipo 2 contribuyen a restar importancia a instituciones mundiales significativas surgidas en Río de Janeiro, como el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), advierten activistas.
El GEF era percibido entonces como el tipo de mecanismo internacional que el mundo necesitaba para impulsar iniciativas de desarrollo sustentable a nivel multilateral.
Con estas acciones intergubernamentales, los países del mundo industrializado acordaban brindar ayuda por medios multilaterales al desarrollo sustentable mediante el incremento de la asistencia financiera a las naciones en desarrollo, de modo que éstas pudieran implementar proyectos respetuosos del ambiente.
Las prioridades marcadas en Johannesburgo llevaron a muchas organizaciones de la sociedad civil, como la humanitaria Oxfam y la ambientalista Greenpeace Internacional, a alertar que la cumbre de Johannesburgo es, más que un Río+10, un Río-10, es decir, un retroceso.
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible se convocó para garantizar el cumplimiento de los compromisos, en especial de financiamiento, en el marco multilateral de Río de Janeiro, pero ahora sabemos que eso no sucederá, dijo el activista Martin Khor, de la Red del Tercer Mundo.
Las acciones del 'tipo 2' fueron inventadas como opción para el caso de que no haya acuerdos multilaterales concretos. Así, podrán lograr que los periodistas digan que se hizo algo en la cumbre. Es un ejercicio de relaciones públicas, concluyó Khor.
A medida que la semana concluye, los funcionarios de la ONU no son los únicos que aplauden la constitución de este tipo de asociaciones. La delegación de Estados Unidos informó el jueves en la cumbre su apoyo a tales iniciativas.
Washington planifica gastar más de 1.000 millones de dólares en aliviar la pobreza y en el financiamiento de proyectos para proteger el ambiente mundial. La mayoría de ese dinero se canalizará a través de asociaciones con fundaciones y empresas, informaron funcionarios, es decir, del tipo 2.
Se trata de un nuevo enfoque para ofrecer a los pobres del mundo agua potable y alivio para el hambre, afirmaron. En cumbres como la de Johannesburgo, las palabras son buenas, pero solo las acciones concretas pueden acabar con estos problemas, dijo la subsecretaria de Estado estadounidense Paula Dobriansky.
Los proyectos dan pie a las declaraciones oficiales de Estados Unidos reivindicando su papel de líder mundial en desarrollo sustentable.
El GEF obtuvo un aporte inicial de los gobiernos de 2.900 millones de dólares en 1994, seguido por 2.750 millones de dólares en 1998. Este mes, se reunieron compromisos por 2.900 millones de dólares.
Estados Unidos fue el principal donante y ofreció ahora 500 millones de dólares, informó el jefe ejecutivo del GEF, Mohammed El-Ashry.
Pero el dinero que recibe el organismo no alcanza para los proyectos presentados por los países en desarrollo para proteger la biodiversidad, combatir el cambio climático y la degradación del suelo. Aunque tuviéramos 10.000 millones de dólares, no podríamos cubrid la demanda, dijo El-Ashry.
Para muchos activistas resulta evidente que muchos países industrializados se resisten a cumplir el compromiso reafirmado en Río de Janeiro de aportar 0,7 de su producto interno bruto como asistencia oficial al desarrollo, por lo que el GEF no puede esperar un mayor aporte de dinero por esa vía. (FIN/IPS/tra- eng/mmm/mj/dv en/02


