Indonesia podría quedar atrapada en su deuda por generaciones si el gobierno no logra controlar nuevos préstamos exteriores ni adopta políticas coherentes para restaurar la confianza internacional, advirtieron economistas.
En la actualidad, Indonesia destina 5,8 por ciento de su producto interno bruto (PIB) para pagar las cuotas de su deuda externa, que suma casi 120.000 millones de dólares.
Esa situación causa obviamente una gran presión en el presupuesto oficial, que ahora arroja un déficit equivalente a 7.100 millones de dólares. La ironía es que 32 por ciento de ese déficit será cubierto por nuevos préstamos externos.
Los analistas prevén que se apartarán sumas mayores para el pago de la deuda en el próximo presupuesto. El economista Aleksius Jermadu, de la Universidad Católica de Parahyangan, en Bandung, comentó que "prácticamente, Indonesia se debe endeudar más para poder pagar sus obligaciones anteriores".
Además de la deuda pública externa de 119.390 millones de dólares, empresas privadas indonesias deben 65.000 millones de dólares al exterior, y la deuda interna asciende a 75.000 millones de dólares en forma de bonos de tesorería para recapitalizar los bancos.
Como lo ven muchos expertos, el problema tiene origen en la asignación equivocada de 30 por ciento de los créditos externos contraídos por el gobierno, y en el uso por el sector privado de préstamos de corto plazo para proyectos de largo plazo.
"Ahora las cosas son imprevisibles y están fuera de control. Ningún experto puede decir durante cuánto tiempo quedará Indonesia atrapada en este problema", dijo el economista Soharsono Sagir, de la Universidad Padjadjaran.
La relación de la deuda con el PIB ha sido proyectada en 86 por ciento para el año próximo, pero el gobierno procura reducirla a 65 por ciento el año próximo a través de nuevos ingresos y más impuestos.
Una nueva fuente de ingresos ha sido la reventa de compañías privadas que ahora están bajo el control de la Agencia de Restructuración Bancaria (IBRA). La agencia se hizo cargo de esas firmas porque no pudieron seguir pagando las cuotas de sus préstamos.
IBRA confía en obtener 2.200 millones de dólares este año con la venta de 16 compañías. Esa suma se destinará en parte a cubrir el déficit del presupuesto en el corriente año fiscal que finaliza en diciembre.
Hasta ahora, IBRA ha recolectado 1.400 millones de dólares. La agencia espera obtener más dinero en efectivo de la reestructuración y recuperación de préstamos no utilizados cuando se hizo cargo de bancos cerrados o nacionalizados.
Pero algunos analistas opinaron que no es cuestión de juntar fondos, sino de cambiar la mentalidad oficial.
Uno de los recursos de que dispone el gobierno es un compromiso de los acreeedores del país que han formado el Grupo Consultivo de Indonesia (CGI). En la reunión del grupo, celebrada en Tokio hace dos semanas, los acreedores aceptaron otorgar al país un nuevo paquete de préstamos por 4.800 millones de dólares.
"Indonesia siempre pretende satisfacer a sus acreedores cada vez que está por realizarse la reunión anual del CGI", comentó Tony Prasetiantono, un economista de la Universidad Gadjah Mada, con sede en Yogyakarta.
"El gobierno siempre está esperando un préstamo más grande. Cuando lo obtiene, siente una especie de orgullo porque cree que ha logrado ganarse la confianza internacional", explicó. Sin embargo, "el gobierno no hace esfuerzos para reducir su dependencia de la deuda".
"Se supone que el orgullo debería sentirse por haber logrado librarse de la deuda y no al revés", agregó. Los economistas insisten en que el logro de una confianza propia es una de las maneras más eficaces de salir de la trampa de la deuda.
"Lo que necesita el gobierno ahora es lograr inversiones extranjeras directas en lugar de acosar a los acreedores por un nuevo préstamo. Debemos pasar de la inversión basada en el crédito a la inversión equitativa", instó Prasetiantono.
El analista opinó que Jakarta debería poner restricciones y controles sobre los nuevos préstamos externos contraídos tanto por el gobierno como el sector privado.
"El control debe ser asumido simultáneamente con los esfuerzos para alentar las exportaciones, pero los controles sobre ingresos de exportación deben mantenerse", dijo.
Sagir afirmó que uno de los errores del pasado fue depositar gran parte de los ingresos por exportaciones en bancos fuera del país. De esa manera, aunque los montos involucrados fueron muy altos, no afectaron la economía doméstica.
"Lo que se debe asegurar ahora es que el dinero resultante vaya a los bancos nacionales y sea usado para lubricar las ruedas de la economía", añadió.
Entre tanto, Indonesia ha tenido éxito en su propósito de restructurar y poner nuevos plazos de amortización a su deuda externa.
En la reunión del Club de Londres de acreedores financieros, en septiembre, el Banco Central de Indonesia obtuvo la aprobación para refinanciar alrededor de 340.000 millones de dólares.
Los acreedores extranjeros aceptaron extender la fecha de pago de la deuda principal a 12,5 años con un período graciable de tres años.
El compromiso se basó en un acuerdo similar alcanzado por el gobierno con el Club de París de naciones acreedoras, en abril, para fijar nuevos plazos de amortización de la deuda soberana. Sin embargo, los funcionarios indonesios saborearon la victoria por poco tiempo.
Hace una semana, Jack Boorman, director de política de desarrollo y revisiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo en una audiencia en la Cámara de Representantes que los problemas económicos de Indonesia son más profundos que la inestabilidad política considerada responsable de la crisis económica.
"Ahora la gente tiende a culpar al conflicto político por los graves problemas. Es una excusa. Aunque Indonesia sea capaz de resolver su problema político no hay garantias de que la economía pueda reponerse", expresó.
"Si se pretende recobrar la confianza internacional, jamás debe hablarse de alivio de la deuda o una moratoria", opinó Boorman. (FIN/IPS/tra-en/ky/ccb/js/ego/mlm/dv-if/00


