ESTADOS UNIDOS-AMERICA LATINA: El chiste de la limpieza electoral

El ex presidente estadounidense Jimmy Carter está acostumbrado a pedir calma en medio de un proceso electoral complicado, con frecuencia en América Latina. Ahora debió hacerlo por primera vez en su propio país.

En 1982, un año después de dejar la Presidencia, el ex mandatario creó el Centro Carter, cuya principal misión es observar y asesorar a países en desarrollo con poca experiencia en celebración de comicios o bajo riesgo de fraude.

Pero algo pasó el martes, cuando la mitad de los estadounidenses habilitados eligieron en las urnas entre el republicano gobernador de Texas George W. Bush y el demócrata vicepresidente Al Gore para suceder al presidente Bill Clinton.

Los problemas y demoras sin precedentes que sufre Estados Unidos para contar sus votos desde entonces originaron todo tipo de críticas en América Latina, cuyas autoridades estaban hasta ahora acostumbradas a ser las cuestionadas desde Washington.

«Hace un mes, el secretario general de la OEA, César Gaviria, y la secretaria de Estado (canciller) estadounidense, Madeleine Albright, estaban vigilando las elecciones de Perú. Es curioso que ahora guarden silencio», dijo Ciro Roldán, experto de la Universidad Nacional de Colombia.

«Si esto hubiera ocurrido en uno de nuestros países, ya nos hubieran enviado una comisión de la OEA (Organización de Estados Americanos)», dijo un embajador latinoamericano al enviado del diario argentino Clarín en Washington.

En Estados Unidos gana la Presidencia el candidato que logre 270 votos en un colegio electoral de 538 miembros, elegidos por sufragio popular pero no repartidos de manera proporcional entre los estados. El candidato que gana en un estado obtiene todos sus representantes en el colegio, por mínima que sea la diferencia.

Gore obtuvo 255 y Bush 246, y aún están en juego los 25 de Florida, los cinco de Nuevo México y los siete de Oregon.

El gobernador de Florida es Jeb Bush, hermano del candidato republicano que aventaja en ese estado al demócrata por 327 votos en más de seis millones, según datos extraoficiales. Los seguidores de Gore denunciaron irregularidades.

En julio, Carter observó en persona elecciones presidenciales en México y en Venezuela. En abril y mayo, el Centro Carter criticó el proceso de reelección de Alberto Fujimori en Perú. Sugirió algunas mejoras al sistema nicaragüense poco antes de los comicios municipales del día 5.

El último jueves, Carter recomendó en Washington «paciencia» al pueblo estadounidense, y pronosticó que «el proceso insumirá varios días». «Sería un gran error que el resultado final de estas elecciones no lograra el consenso general», dijo a los periodistas congregados en el National Press Club.

Las críticas latinoamericanas se refieren al sistema electoral indirecto, que permitiría a Bush acceder a la Presidencia aunque Gore haya obtenido 200.000 votos más que él, y a aspectos técnicos, como el diseño confuso de las boletas al que se atribuye la anulación de 19.000 votos en Palm Beach, Florida.

En un país cuyo sistema electoral está fragmentado entre sus 50 estados, sólo en Florida aparecieron 3.600 votos también en Palm Beach, un condado de mayoría judía, por Pat Buchanan, un candidato al que se atribuyen ideas antisemitas. Además, se hallaron urnas sin escrutar.

También hubo denuncias de acoso a votantes negros, una comunidad de tradición demócrata y que en esta ocasión votó por Gore en más de 90 por ciento en todo el país.

«Nadie va a quedar en paz, porque una diferencia de 1.000 votos va a ser inaceptable para cualquiera de los dos. Lo mejor sería repetir el proceso», recomendó el colombiano Roldán.

El gobernante Partido Comunista de Cuba, al que Washington acusa de antidemocrático, llegó incluso a recomendar a través del diario Granma la repetición del escrutinio en Florida.

Mientras, Costa Rica está libre de denuncias de fraude electoral. «La posibilidad de irregularidades es muy remota aquí, en primer lugar porque el voto es directo: los ciudadanos votan por el candidato y no por delegados», dijo a IPS Luis Antonio Sobrado, integrante del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

«Hay muy pocas posibilidades de confusión. El TSE elabora las papeletas de modo tal que nadie pueda votar por un candidato pensando que votó por otro. Cada candidato dispone de una columna entera en el papel, con su foto y con los colores del partido», agregó.

La falta de un sistema de representación proporcional para elegir al presidente es el mayor problema del sistema estadounidense, incluso en el plano ético, coincidió Mario Cataldi, quien participó en representación de la Corte Electoral de Uruguay como observador y asesor en numerosos comicios.

Sin embargo, no parece que pueda prosperar la reforma de un sistema tan arraigado, pese a que la paridad dejó esta vez sus fallas en evidencia, dijo Cataldi a IPS. Carter había propuesto una reforma constitucional en ese sentido en 1977, sin éxito.

Estados Unidos es el único país de América donde persiste la elección presidencial indirecta. Argentina abandonó ese sistema en agosto de 1994, en la reforma constitucional que también permitió en 1995 la reelección del entonces presidente Carlos Menem.

El experto chileno Ricardo Israel también recomendó el cambio de sistema en Estados Unidos. «El colegio electoral no es democrático, estimula una excesiva preocupación de los candidatos por problemas locales y no es igualitario, pues unos votos pesan más que otros», sostuvo.

Esto es así porque «al llevarse el ganador de un estado todos los votos» en el colegio «aunque haya ganado por un voto, los votantes de estados de baja asistencia valen más que los de estados donde más gente acude a las urnas», dijo Israel en una columna difundida en Terra, un sitio de Internet.

El uruguayo Cataldi también criticó la posibilidad de repetir las elecciones en el distrito de Palm Beach, como reclaman votantes demócratas, porque eso dejaría en manos de un puñado de ciudadanos la elección del presidente de todo el país.

En Uruguay ocurrió eso en los años 40, cuando fue impugnado un circuito electoral en el interior del país y los nuevos comicios, en que participaron unos 300 ciudadanos, determinaron el ganador de la Presidencia, recordó.

En cuanto a las confusiones por la mala confección de las papeletas, Cataldi explicó que el sistema uruguayo prevé una hoja electoral por cada partido, con la foto del candidato presidencial.

El sistema electoral mexicano, antes al servicio del gobernante Partido Revolucionario Institucional, es considerado ahora uno de los más seguros del mundo tras pasar la prueba de las elecciones de julio, de la que emergió como presidente electo el opositor Vicente Fox.

En México, como en la mayoría de América Latina, no se prevé el voto en el extranjero, que en Estados Unidos será decisivo dado el escaso margen en el estado de Florida. El escrutinio en este país de 100 millones de habitantes es manual.

Paraguay, otro país cuya inseguridad electoral fue notoria durante seis décadas de hegemonía del Partido Colorado, pasó su propia prueba en agosto, cuando fue elegido vicepresidente Julio César Franco, del opositor Partido Liberal Radical Auténtico.

El proceso fue avalado por observadores de la OEA, el gobierno de Estados Unidos y organizaciones privadas.

Mientras, en las últimas elecciones en Brasil, las municipales de octubre, se emplearon terminales electrónicas en lugar de urnas, y solo hubo voto manual en una parte ínfima de los locales, en los que falló el sistema.

El resultado se supo pocas horas después de concluida la votación y no hubo denuncias de irregularidades. Las autoridades electorales aseguraron que sus pares de Europa manifestaron interés en importar esa tecnología.

En Brasil se vota por números, pero figura también la foto del candidato, de modo que aun los analfabetos pueden votar sin temor a equivocarse.

Las elecciones también son automatizadas en Venezuela. La última reforma constitucional obligó a convocar a 11,7 millones de votantes el 28 de mayo, pero esos comicios fueron postergados y desdoblados para el 30 de julio y el 1 de octubre al constatarse fallas técnicas.

Ambas elecciones fueron avaladas por los observadores internacionales pese a que la abrumadora mayoría obtenida en los dos casos por los partidarios del presidente Hugo Chávez podía haber dado lugar a sospechas.

En cambio, donde sí hubo cuestionamientos fue en las dos vueltas de las elecciones generales de Perú, que determinaron este año la tercera reelección consecutiva del presidente Alberto Fujimori quien, de todos modos, anunció que se retirará del cargo el año próximo.

Se denunciaron en el proceso 260 irregularidades por hostigamiento policial a delegados de candidatos en circuitos electorales, aparición de papeletas mal impresas o dañadas y obstáculos a los periodistas.

El candidato opositor Alejandro Toledo se negó a participar en la segunda vuelta del 28 de mayo porque el gobierno no la postergó, tal como solicitaban también equipos de observadores extranjeros como el de la OEA, que se retiró tras reclamar sin éxito mejoras al sistema de cómputos.

«Por nuestra experiencia en otros países, cuando las elecciones no siguen los criterios internacionales, debe considerarse la posibilidad de nuevas elecciones», dijo Patrick Merloe, del Instituto Nacional Demócrata, una organización estadounidense que tiene estrechos vínculos con el Centro Carter.

Merloe se refería a las elecciones de mayo en Perú. Pero bien pudo haber repetido esas palabras en Estados Unidos esta semana. (FIN/IPS/tra-en/mj/aq/ip/00)

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