AMBIENTE: Futuro del cambio climático se negocia en Holanda

Más de 160 países negociarán en La Haya, Holanda, una nueva etapa del tratado internacional para reducir los gases invernadero, mientras organizaciones ecologistas advierten que mecanismos previstos por el instrumento permitirán a los países ricos seguir contaminando el ambiente.

En discusión están los «mecanismos flexibles del mercado», como la venta de permisos de emisión y la obtención de créditos por la plantación de árboles que absorben el dióxido de carbono, uno de los llamados gases invernadero.

La mayoría de los ecologistas consideran estas propuestas como vías de escape que permitirían a los países conseguir créditos por cumplir sus objetivos de reducción mediante hechos que, de todas maneras, habrían ocurrido.

A menos que los países resuelvan sus diferencias y se comprometan a reducir sus emisiones en Holanda a partir del lunes 13 hasta el 25, los científicos creen que las consecuencias serán desastrosas.

La mayoría de los meteorólogos creen que el recalentamiento planetario es causado por los gases invernadero, emitidos por la quema de combustibles fósiles, como petróleo, gas y carbón.

A estos gases se les atribuye el recalentamiento de los océanos, la fractura de los hielos antárticos y el agravamiento del fenómeno meteorológico El Niño.

Un informe de la organización de expertos Panel Intergubernamental de Cambio Climático, filtrado a la prensa, sostiene que es probable que los gases invernadero hayan «contribuido sustancialmente al recalentamiento observado en los últimos 50 años».

Para combatir el cambio climático, los países industrializados acordaron un convenio internacional en 1997, conocido como el Protocolo de Kyoto.

El tratado exige que los países industrializados reduzcan sus emisiones cinco por ciento por debajo de las de 1990 para el 2008- 2012.

El Protocolo requiere la ratificación de al menos 55 de los países que lo firmaron, incluso de los países industrializados que en 1990 eran responsables de más de la mitad de las emisiones de dióxido de carbono.

Pero el acuerdo aún debe ser ratificado por la mayoría de sus signatarios y el mayor emisor del mundo de gases invernadero, Estados Unidos, se opone al mismo. Aunque el presidente Bill Clinton firmó el tratado, el Senado estadounidense se niega a ratificarlo.

Pero la mayoría de los países en desarrollo de América Latina, Africa y Asia argumentan que los países industrializados deben ser los primeros en reducir sus emisiones ya que son los responsables de más de 80 por ciento de los gases invernadero en la atmósfera.

En La Haya se deberá resolver sobre los «mecanismos flexibles» del tratado, como el canje de emisiones y si éste debe tener un límite para utilizarse como forma de cumplir con el objetivo de Kyoto.

La Unión Europea considera que debe haber un límite a cuánto se pueden usar los mecanismos del mercado, pero el gobierno de Estados Unidos argumenta que debe tener la libertad de utilizar los mecanismos flexibles para cumplir con la reducción de emisiones.

Catorce países de América Latina anunciaron que apoyarán la postura de Estados Unidos, que permitiría a ese país contar la reducción de emisiones en otros países y la plantación o conservación de bosques como parte de su propia cuota en el protocolo de Kyoto.

Un informe de varias organizaciones ecologistas, entre ellas el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Unión de Científicos Preocupados, advirtió esta semana en Washington que estos mecanismos son vías de escape que permitirán continuar la producción industrial sin modificaciones.

Los ecologistas sostienen que el canje de emisiones de carbono entre los distintos países, sean ricos o pobres, no tiene posibilidad de funcionar ya que el carbono se emite desde millones de fuentes en todo el mundo y sería imposible de controlar.

«Los trucos de contabilidad podrán engañar a los burócratas, pero no a la Madre Naturaleza», dijo Alden Meyer, de la Unión de Científicos Preocupados.

«El tratado deberá reducir en serio la contaminación o las fuertes tormentas y otros fenómenos que comenzamos a padecer sólo se agravarán», dijo.

La situación se complica por la variación de las tendencias de emisión desde 1990, el año que el tratado toma como base.

Debido al colapso económico, las emisiones rusas de 1995 fueron 29 por ciento inferiores a las de 1990, mientras las ucranianas fueron 49 por ciento inferiores en 1997.

En 1997, las emisiones de la Unión Europea sólo fueron cuatro por ciento inferiores a las de 1990, mientras las de Estados Unidos fueron 11 por ciento superiores.

Debido a estas discrepancias, Rusia y Ucrania, entre otros países, cuentan con créditos a su favor en emisión de carbono valuados en miles de millones de dólares por años.

Eso le permitiría a Estados Unidos y otras grandes fuentes de contaminantes cumplir con la mayor parte de sus compromisos de reducción mediante la compra de créditos de esta región, por reducciones que ya se realizaron.

«Este tipo de compras socavaría la legitimidad de este sistema de canje de emisiones», argumenta Hillary French, del Worldwatch Institute, en Washington.

En La Haya los países también discutirán como aprovechar la capacidad de los bosques para absorber los gases invernadero. Australia, Canadá, Estados Unidos y Japón pretenden que se incluyan créditos de emisión para la plantación de árboles.

Pero un informe de Greenpeace y WWF divulgado esta semana señala que las reglas que permiten el uso de plantaciones de bosques para almacenar la contaminación del carbono en la atmósfera podrían, en realidad, acelerar la destrucción de bosques centenarios.

El informe denuncia el caso de la compañía de electricidad Tokyo Electric Power Company, la mayor empresa de electricidad de Japón, que destruyó bosques centenarios en el estado australiano de Tasmania para sustituirlo por eucaliptus, de rápido crecimiento, con el fin de obtener 130.000 toneladas de créditos y ayudar a neutralizar la creciente emisión de carbono japonesa.

«Si Japón, Australia, Canadá y Estados Unidos se salen con la suya, veríamos la destrucción de los bosques autóctonos sin ningún beneficio para el clima mundial», advirtió Jennifer Morgan, de WWF. (FIN/IPS/tra-en/dk/da/aq/en/00

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