YUGOSLAVIA: Una nueva guerra en gestación

La tensión entre Serbia y Montenegro, los dos países que todavía están unidos en Yugoslavia, pone en entredicho el futuro de esa república federal, que hace nueve años perdió a seis estados miembro.

El presidente de Montenegro, el reformista Milo Djukanovic, ha advertido "el riesgo de una nueva guerra" en Yugoslavia, debido a que el gobierno federal, presidido por Slobodan Milosevic, considera la democracia "su mortal enemigo".

"Milosevic teme que la ola de democratización inunde Serbia. Su régimen provocó cuatro guerras en los últimos 10 años (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo) y promueve crisis permanentemente", afirmó Djukanovic.

El presidente dijo a la prensa que hará lo posible por ahorrar a Milosevic motivos para intervenir en Montenegro.

Los serbios y los montenegrinos comparten la religión cristiana ortodoxa y consideran tener un tronco histórico común y que sólo los separan límites geográficos.

Las relaciones entre Serbia, de 7,5 millones de habitantes, y Montenegro, de 650.000, comenzaron a deteriorarse en 1998, cuando Djukanovic, un dirigente político reformista y abierto a Occidente, derrotó en las elecciones presidenciales a Momir Bulatovic, un candidato favorable a Milosevic.

El Partido Democrático de los Socialistas (DPS), de Djukanovic, se impuso también en los comicios parlamentarios.

Milosevic nunca reconoció esos resultados. Según la Constitución yugoslava, tras las elecciones debía renovarse la representación parlamentaria montenegrina en el Poder Legislativo federal, y un dirigente del DPS debía ser designado primer ministro de Yugoslavia.

Pero Milosevic designó primer ministro federal al derrotado Bulatovic y mantuvo en el parlamento de Yugoslavia la anterior representación de Montenegro, sin permitir la instalación de los nuevos diputados designados por la legislatura montenegrina.

Mientras, el ejército federal, que está subordinado directamente a Milosevic, comenzó a concentrar tropas en el norte de Montenegro.

Así mismo, Serbia impuso en marzo barreras aduaneras en la frontera administrativa con Montenegro, para impedir el envío de alimentos al territorio vecino y ahogar su economía.

El comandante de las fuerzas en Europa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), general Wesley Clark, advirtió hace una semana que Milosevic planifica una acción contra Montenegro.

"Con fuerzas militares y paramilitares y presión económica, el presidente Milosevic acumula medios para entrar en acción. Hemos visto en los últimos seis meses que, paso a paso, Milosevic aprieta el lazo en torno de Djukanovic", dijo Clark.

"Observamos el proceso con mucha atención. Milosevic debe tener en cuenta el poderío de la OTAN", advirtió.

Casi immediatamente, el jefe del estado mayor del ejército de Yugoslavia, general Nebojsa Pavkovic, aseguró que sus fuerzas "no preparan una intervención en Montenegro".

Bulatovic también desmintió los rumores. "El ejército yugoslavo no atacará nunca a Montenegro ni a su gobierno, elegido legalmente, aún en el caso de que Montenegro lo deseara", declaró.

Pero esas afirmaciones no bastaron para disipar la tensión. El ejército federal llamó súbitamente a filas a los reservistas de Serbia central, para "ejercicios regulares". La convocatoria fue rechazada por los reservistas de la localidad de Kraljevo, 170 kilómetros al sur de Belgrado, que durante varios días realizaron protestas.

Los soldados de reserva sospechaban que serían utilizados para luchar contra los montenegrinos. "No permitiré a mis hijos que vayan. ¿Dónde los llevarán? ¿A luchar contra nuestros hermanos de Montenegro? De ningún modo", dijo a IPS Dragica Pesic, madre de cuatro hijos, que tomó parte de las protestas en Kraljevo.

Mientras, la segunda división del ejército federal, estacionada en Montenegro, comenzó a formar un batallón especial con oficiales leales a Milosevic reclutados en la policía y entre las tropas de Serbia, según informaciones de prensa.

El primer ministro montenegrino Filip Vujanovic calificó el nuevo batallón de "unidad paramilitar", al estilo de grupos creados en el pasado por el ejécito y la policía de Serbia que fueron responsabilizados de atrocidades en las guerras de principios de los años 90.

Por su parte, la oposición política serbia acusó a Milosevic de gestar una crisis que podría desencadenar una nueva guerra.

La oposición serbia mantiene buenas relaciones con el presidente montenegrino Djukanovic y comparte sus proyectos de democratización y de apertura a Occidente.

"La única esperanza para Serbia es la democratización, al estilo del proceso que tiene lugar en Montenegro", afirmó Zoran Djindjic, líder del opositor Partido Democrático.

"Aguardamos el estallido de una nueva guerra, pero todavía tenemos esperanzas en salvar la paz", comentó Harun Hadzic, dirigente de la comunidad musulmana de Montenegro. (FIN/IPS/tra-en/vpz/sm/ff/ip/00

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