La relativa paz entre India y Pakistán depende de contactos a nivel popular desde que Nueva Delhi descartó la reanudación del diálogo con Islamabad hasta tener pruebas de la "cesación del terrorismo transfronterizo".
Un grupo de 41 mujeres indias visitó varias ciudades de Pakistán la semana pasada e incluso se reunió con el jefe de gobierno, general Pervez Musharraf, y obtuvo de éste la promesa de "dialogar en cualquier momento, en cualquier lugar y a cualquier nivel".
Organizada por la Iniciativa de Mujeres para la Paz en Asia Meridional (WIPSA), la visita se realizó por invitación de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, la Fundación Aurat y la filial paquistaní del Foro de los Pueblos de India y Pakistán para la Paz y la Democracia (PIPDF).
Más de 100 activistas del PIPDF planean asistir esta semana a una convención en la ciudad sureña india de Bangalore. Los activistas tendrán que llegar en tren, porque el domingo las autoridades de ambos lados les negaron el permiso para cruzar la frontera a pie.
La negativa del permiso "es una señal de estrechez mental", declaró I.A. Rehman, copresidente del PIPDF y director de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán.
Además del servicio ferroviario quincenal del Samjhauta Express, los viajeros transfronterizos también disponen de una línea de autobús entre Lahore y Nueva Delhi, inaugurada en febrero de 1999 por el primer ministro indio Atal Bihari Vajpayee como parte de una iniciativa de paz.
Sin embargo, el diálogo se interrumpió poco después debido a la infiltración en el lado indio de Cachemira, en la zona de Kargil, de militantes separatistas respaldados por el ejército de Pakistán.
Ambos países, armados de bombas nucleares, libraron durante tres meses una guerra convencional no declarada en Kargil, que terminó cuando el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, convenció al gobierno de Pakistán de retirar a los militantes.
Clinton terminó el mes pasado una gira de una semana por Asia meridional con un mensaje televisado al pueblo de Pakistán exhortándolo a reanudar el diálogo, respetar la Línea de Control (frontera de hecho con India) y abstenerse de cualquier intento de "redibujar las fronteras con sangre".
Musharraf respondió al mensaje de Clinton anunciando en una conferencia de prensa su disposición a dialogar, pero India rechazó esa posibilidad hasta tener pruebas tangibles del fin del apoyo de Pakistán a los separatistas de Cachemira, el único estado indio de mayoría musulmana.
India también reforzó sus operaciones de seguridad en el valle de Cachemira y afirma que mató a varios "mercenarios extranjeros", supuestamente responsables de la masacre de 35 hombres de la minoría sikh en la aldea de Chitsinghpura, el 20 de marzo, día del comienzo de la visita de Clinton.
El canciller indio Jaswant Singh atribuyó la masacre de Chitsinghpura a grupos militantes establecidos en Pakistán y respaldados por el gobierno de ese país.
Singh responsabiliza a Musharraf por la infiltración armada del año pasado en Kargil, y se ha negado tajantemente a dialogar con él o el resto de su gobierno, que llegó al poder el pasado octubre en un incruento golpe de Estado.
Sin embargo, Nueva Delhi no desaprueba los contactos "de pueblo a pueblo" entre ambos países vecinos y facilitó el viaje de WIPSA a Pakistán.
De manera similar, los miembros del PIPDF obtuvieron las visas necesarias para asistir a la convención en Bangalore, aun cuando no se les permitió cruzar la frontera a pie "por razones de seguridad", explicó un funcionario.
El lema del grupo de WIPSA, compuesto por destacadas periodistas, cinematógrafas, profesoras, abogadas, médicas y artistas, es "diálogo y no balas", destacó la activista por la paz Nirmala Deshpande, quien encabezó la delegación.
Otros miembros del grupo señalaron que, lejos de la hostilidad bilateral a nivel oficial, se encontraron con paquistaníes comunes llenos de calidez y buena voluntad en las ciudades de Lahore, Islamabad, Rawalpindi, Taxila y Panja Sahib.
"Los culis (trabajadores indios o chinos) no aceptaban dinero de nosotros, y un paquistaní insistió en pagar las llamadas que hicieron algunas integrantes de la delegación a Nueva Delhi", recordó la artista Vidya Rao.
Las personas que encontraron culparon a la prensa, tanto de India como de Pakistán, por hacerle el juego a los políticos y perpetuar las tensiones, explicó Mohini Giri, ex presidenta de la Comisión Nacional para la Mujer.
La visita de la delegación tomó a muchos por sorpresa en medio de las "nubes de guerra", dijo Giri, y agregó que ambos países "deben decidir si quieren destruirse mutuamente o vivir en paz como aliados".
Una delegación de mujeres paquistaníes devolverá la visita a India a fines de este mes, anunció Sayeeda Hamid, miembro de la Comisión Nacional para la Mujer, un organismo estatutario.
Varias declaraciones conjuntas de grupos de mujeres de ambos países exhortaron a levantar las restricciones a las visas para los viajes transfronterizos como forma de facilitar los contactos populares con miras a construir la paz. (FIN/IPS/tra-en/rdr/mlm/ip/00


