Las únicas negociaciones multilaterales en curso para el control de armamentos, destinadas a reforzar la Convención sobre Armas Biológicas, sufren por falta de decisiones políticas las mismas parálisis que afectan al resto de los debates intergubernamentales sobre el desarme.
El grupo especial que redacta en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) un protocolo para mejorar la aplicación de esa Convención concluyó la semana pasada otro período de sesiones sin alcanzar prácticamente ningún progreso.
Mientras el grupo especial sostenía su reunión, del 13 al 31 de marzo, finalizaron también en Ginebra las sesiones del primer período anual de la Conferencia de Desarme, sin abandonar la inmovilidad que domina desde hace por lo menos dos años a ese foro, el más importante de la escena internacional en la materia.
En el caso del grupo especial sobre armas biológicas, su presidente, Tibor Toth, representante de Hungría ante los organismos internacionales en Viena, reconoció que después de 50 semanas de sesiones, iniciadas en 1995, "cada vez es más difícil ignorar que tenemos que tomar una decisión política".
Patricia Lewis, directora del Instituto de la ONU para Investigación sobre Desarme (UNIDIR), previno que si la redacción del protocolo no está concluida antes de la Conferencia de revisión de la Convención, convocada para 2001, es probable que se necesiten muchos años para que se presente otra oportunidad.
El mayor problema es que Estados Unidos realiza sus elecciones presidenciales a fines de este año, observó Lewis. No se podrá avanzar mucho antes de esas elecciones y aun después porque el nuevo presidente, cualquiera sea, necesitará algún tiempo para trazar políticas que se transformen en decisiones, vaticinó.
Lewis no descartó que las negociaciones puedan salir del estancamiento mediante un impulso político súbito, como ocurrió en 1995 con el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT), reactivado entonces por el anuncio de Estados Unidos y Francia de suspender todas sus pruebas de ese tipo.
Pero mientras tanto, las negociaciones del protocolo de armas biológicas carece todavía de un "texto del presidente", un tipo de documento que suele condensar propuestas sin contrastes profundos.
El grupo especial trabaja todavía sobre un texto evolutivo, una etapa preliminar en la que el documento se integra con numerosas observaciones entre corchetes, muchas veces totalmente opuestas.
En los temas principales que equivalen a la médula de la Convención, como las inspecciones y las visitas para determinar eventuales violaciones, "no existe todavía ningún acuerdo", describió la directora de UNIDIR.
Lewis estimó que las diferencias de interpretación y de objetivos entre varios grupos de países "tienen un fondo sobre todo filosófico".
Algunos países alegan que las armas biológicas son tan pequeñas y la biotecnología se puede aplicar en espacios tan reducidos, inclusive en un departamento de investigaciones de una universidad, que resulta imposible establecer un sistema de verificación.
Los argumentos de otros estados se fundan en la elevada peligrosidad que atribuyen a las armas biológicas y sostienen que debido a las dificultades para verificar su producción se requieren medidas más rigurosas de verificación.
En una tercera posición, desde el campo de los países en desarrollo, se advierte que la única forma de aceptar las inspecciones y las visitas de control sería a cambio de compartir con los países industrializados los conocimientos sobre biotecnología.
Lewis explicó que algunas naciones industrializadas aceptan la idea de cooperación técnica y científica como una vía para establecer fórmulas de confianza multilateral. Pero otros países ricos, dijo, rechazan esa posibilidad. "Esta es nuestra propia tecnología. Desarrollen ustedes la suya", argumentan.
Henrietta Wilson, experta de The Verification Research, Training and Information Centre (VERTIC), incluyó a Estados Unidos entre los países que atribuyen gran importancia al peligro de proliferación de armas biológicas.
Sin embargo, algunos sectores estadounidenses no aceptan la idea de que un protocolo pueda acrecentar la seguridad de su país, e inclusive, otros piensan que puede llegar a ser perjudicial.
En cambio, otros estados occidentales reconocen el riesgo de la proliferación, pero a diferencia de Estados Unidos estiman que un protocolo apropiado puede contribuir a su seguridad.
Algunos países en desarrollo no participan en el grupo especial, en parte porque identifican amenazas mayores procedentes de otras áreas, como la economía o el ambiente. Otros lo hacen por desilusión ante las experiencias con otros regímenes internacionales de control de armas.
Wilson llamó la atención de la actitud de los países africanos que, con excepción de Sudáfrica, desisten de asumir un papel importante en el grupo especial, en consonancia con la renuencia de los estados de ese continente a ratificar la Convención de Armas Químicas.
Las primeras prevenciones sobre el riesgo de las armas biológicas coincidieron con la expansión vertiginosa de la bioltecnología y de la ingeniería genética en las últimas pocas décadas.
Pero el episodio que extendió la alarma fue el ataque con gas venenoso sarín perpetrado el 20 de marzo de 1995, en las líneas de trenes metropolitanos de Tokio, por el culto Aum-Shinrikyo. La acción delictiva causó 11 muertos y 3.796 heridos.
UNIDIR sostuvo que la amenaza procedente de las armas biológicas y del bioterrorismo constituye una preocupación creciente. Lewis precisó que el problema se vislumbra para el futuro.
Sin embargo, la funcionaria de la ONU dijo que la Convención sobre Prohibición del Desarrollo, la Producción y el Almacenamiento de Armas Bacteriológicas (Biológicas) y Toxínicas y sobre su Destrucción ha sido violada por dos de sus estados partes.
La experta, también de nacionalidad británica, identificó a Rusia y a Iraq. "Algunas personas no están convencidas de que Rusia haya abandonado sus programas de armas biológicas", dijo. (FIN/IPS/pc/mj/ip/00


