TURQUIA: Gobierno aplica iniciativa para niños de la calle

Berivan, una niña de nueve años de edad, frunce el ceño mientras se concentra en su juego de ajedrez en el Centro Infantil Beyoglu, de Estambul, donde pasa su tiempo libre después de la escuela.

No hace mucho, el principal problema de Beriwan no era ganar al ajedrez sino soportar la dureza de la calle y ganar dinero para mantener a sus padres y tres hermanos menores.

Aseguró que estaba agradecida a "sus hermanos mayores", como llama a los funcionarios del Centro gubernamental, "porque nos han salvado de las calles".

Beriwan es una entre miles de niños kurdos obligados a emigrar desde el sudeste de Turquía a Estambul y otras ciudades durante el sangriento conflicto que ya dura 15 años entre el ejército turco y el rebelde PKK (Partidos de los Trabajadores del Kurdistán), que lucha por la independencia del sudeste.

Beriwan pasaba sus días y parte de la noche vendiendo pañuelos de papel, hasta que fue inscripta en la escuela por el Centro Beyoglu. La entidad ayuda a su familia, y ésta, a cambio, permite que Beriwan reciba una educación.

"Nunca me gustaron los pañuelos de papel", dijo la niña con expresión de alivio. "Siempre estaba asustada y tenía frío por la noche o sudaba a muerte durante los días calurosos. Estoy tan feliz de no tener que trabajar…"

Beriwan contó que ganaba cuatro dólares por día, el precio de medio kilo de carne, de su trabajo en las calles. Su familia dependía de ella y su hermano mayor Seyhmus para subsistir.

"Mamá no quiere que trabajemos porque teme que el Centro Infantil no le pague si nos obliga a hacerlo", dijo Beriwan a IPS. La familia emigró aparentemente del distrito de Midyat, en la provincia sudoriental de Mardin, en 1997. La madre es enferma y el padre inválido.

El proyecto del Centro Infantil lanzado por el Ministerio de la Mujer y la Familia en octubre de 1998 procura que los niños vayan a la escuela y evitar que trabajen en la calle.

El proyecto está basado en un apoyo financiero de 50 dólares por niño, con la condición de que sea inscripto en una escuela primaria. El Centro mantiene un máximo de tres hijos por familia.

Según los datos de la entidad, en dos años el proyecto ha inscripto a 550 niños del distrito de Beyoglu, de los cuales 270 han dejado completamente de trabajar en las calles de Estambul.

"Hemos supervisado la inscripción de 120 niños en escuelas primarias y el centro ha asumido su protección", explicó Mehmet Fatih Demir, un funcionario de la entidad.

"La clave del éxito es afecto y perseverancia. Cooperamos con las familias y los niños", agregó Demir, uno de los tres asistentes sociales del Centro.

"Brindar una alternativa es esencial. Aconsejamos a los padres que intercambien papeles con sus hijos. Deben trabajar en vez de hacerlos trabajar", dijo a IPS.

"Solamente en Estambul, se calcula que más de 5.000 niños trabajan en las calles", apuntó Kahraman Eroglu, presidenta del Directorio de Servicios Sociales. Agregó que se está haciendo un estudio para saber la exacta dimensión del problema.

El Centro también ejerce presión para sancionar a las familias que mandan los chicos a la calle para ganarse la vida.

"Ya demandamos judicialmente a dos familias. Presentarse ante el juez puede ser desagradable, pero algunos aceptan los incentivos y después siguen obligando a sus hijos a trabajar", explicó Eroglu.

"Los niños son individuos con derechos propios. Cualquiera que trabe sus derechos merece ser castigado", acotó.

Pero Seda Akco, de la Comisión Infantil de la Asociación de Abogados de Estambul, señaló que el problema es más complicado y tiene raíces más profundas de lo que parece.

"El gobierno carece de políticas para evitar que los chicos trabajen en las calles e incurran en el crimen. No hay políticas para luchar contra la pobreza. Es inaceptable demandar judicialmente a familias por dejar que algunos de sus innumerables hijos trabajen en las calles", dijo.

"El proyecto actual ataca los efectos y no las causas de un profundo problema social", apuntó.

Según datos del Directorio de Servicios Sociales, la mayoría de los chicos que trabajan en las calles provienen de familias con bajos niveles de instrucción, que se han trasladado a las grandes ciudades en el último quinquenio. La mayoría de los niños tienen entre siete y 15 años, pero algunos son menores todavía.

Los chicos venden pañuelos de papel, caramelos y flores. Algunos se ganan la vida lustrando zapatos o limpiando parabrisas de autos.

"Dado el desempleo masivo, no se puede evitar que los chicos anden por la calle, especialmente si los padres carecen de una alternativa para aliviar la pobreza de sus familias", dijo Ayse Gulsen, una asistente social de Izmir.

"Además, no hay justificación legal para tomar medidas judiciales contra las familias. Esos chicos son el resultado del sistema actual y, sin embargo, se buscan remedios instantáneos. Al parecer, se quiere apaciguar la conciencia pública que se avergüenza de la evidente miseria que afrontan esos niños", expresó Gulsen.

"Entonces, ¿cuál es la solución para cientos de miles de niños que trabajan en la agricultura, las industrias e incluso en la prostitución?", inquirió.

"Debe brindarse rápida seguridad a los chicos de la calle, luego mejorar sus condiciones de trabajo y, finalmente, erradicar las causas que los llevan a ganarse el pan fuera del hogar".

Demir, del Centro Beyoglu, subrayó que la mayoría de los chicos son de origen kurdo y provienen de las provincias de Mardin y Siirt. Además, los barrios bajos que rodean el distrito también están habitados por kurdos.

El ministro turco de la Mujer y la Familia, Hasan Gemici, dijo que el proyecto será ampliado a las provincias sudorientales de Urfa, Batman y Diyarbakir, así como también las provincias occidentales con numerosa población de inmigrantes como Mersin, Ankara e Izmir.

"Ya hemos localizado a 3.400 niños en Batman, Adana, Mersin e Izmir", declaró Gemici. "Este proyecto también está dirigido a prevenir que los chicos que todavía no trabajan en las calles, lo hagan en el futuro", explicó.

"Las acciones penales deberían ser adoptadas sólo en circunstancias excepcionales. El proyecto está basado sobre todo en el apoyo y no en el castigo", señaló el ministro. (FIN/IPS/tra- eng/nm/sm/ego-mlm/hd/00

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