TIMOR ORIENTAL: Hambre amenaza a refugiados en Timor Occidental

Indonesia anunció que a partir del 31 de marzo no brindará más asistencia a unos 100.000 refugiados de Timor Oriental en Timor Occidental, y se teme que ocurra un desastre alimentario en los campamentos de desplazados.

Unos 260.000 timorenses orientales fueron deportados a Timor Occidental o escaparon hacia allí de la ola de violencia desatada por milicias pro indonesias, luego de un plebiscito de autodeterminación en Timor Oriental realizado el 30 de agosto.

En ese plebiscito, realizado bajo supervisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 78,5 por ciento de los votantes eligieron la independencia total de Yakarta, y 21,5 por ciento prefirieron seguir bajo la dominación de Indonesia, que posee la parte occidental de la isla y ocupó la oriental en 1975.

Los campos de refugiados en Timor Occidental son administrados por las autoridades indonesias, y se estima que permanecen en ellos, amenazadas por las milicias, unas 100.000 personas, incluyendo a familias de ex empleados o militares de la administración indonesia de Timor Oriental, aún fieles a Yakarta.

Los demás se trasladaron a Timor Oriental luego de que las tropas de Yakarta se retiraron de esa parte de la isla, o emigraron.

Hasta ahora las autoridades de Timor Occidental han brindado a los desplazados agua potable, arroz y atención médica, con ayuda de agencias de la ONU y de organizaciones humanitarias, pero anunciaron que desde el 1 de abril la alimentación y tutela de los refugiados quedará a cargo de la comunidad internacional.

Yakarta desea que antes del 31 de marzo los refugiados decidan si quieren volver a Timor Oriental o reinstalarse en Indonesia.

El ministro indonesio de Derechos Humanos, Hasballah Saad, recorrió los campos hace una semana y advirtió que puede producirse un desastre humanitario para los refugiados si la distribución de víveres cesa la semana próxima.

El líder timorense José Ramos-Horta, Premio Nobel de la Paz, declaró que los refugiados son víctimas de una situación "criminal", y urgió a la comunidad internacional a ayudar a repatriarlos con rapidez.

"Es preciso enviar trabajadores humanitarios a los campos, para que llamen la atención del mundo sobre lo que nuestra gente soporta a diario", afirmó.

"Aún hay acciones de intimidación en Timor Occidental. La semana pasada llegó un convoy con ayuda humanitaria y las milicias apedrearon los vehículos", declaró Fernando del Mundo, un funcionario del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Del Mundo aseguró que "las milicias siguen activas en dos de los campos".

Funcionarios del ACNUR fueron blanco de la violencia de las milicias y existen restricciones a su acceso a los campos. Sus esfuerzos para lograr que los desplazados regresen a Timor Oriental se verifican a menudo en circunstancias muy riesgosas.

En febrero último, un convoy de camiones que transportaba 1.000 refugiados y funcionarios del ACNUR hacia la parte oriental fue atacado por las milicias, que dañaron uno de los camiones. Sólo 179 de esos refugiados pudieron ser repatriados.

"El problema básico es que los milicianos tienen permiso para hacer lo que quieran. Gozan de impunidad para intimidar, acosar y maltratar. Esa es la cuestión", expresó Jessen Peterson, asistente del Alto Comisionado.

La Cruz Roja pudo realizar operaciones humanitarias en Timor Oriental y Occidental, pero tampoco se le ha permitido acceso irrestricto a los campos de refugiados en la zona indonesia, afectados por enfermedades y desnutrición.

Sari Kendar, un representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en la ciudad timorense occidental de Atambúa, cercana a la frontera con Timor Oriental, dijo que esa agencia de la ONU no había previsto que se produjera una epidemia de malaria, y ahora presta especial atención a esa enfermedad.

"La cantidad de médicos es inadecuada', indicó.

Del Mundo estimó que más de la mitad de los refugiados querrán volver a Timor Oriental. "Esas personas todavía no regresaron porque temen a las milicias y no tienen certeza sobre lo que les espera si vuelven a sus hogares", comentó.

Trabajadores humanitarios están preocupados por informes de que las milicias, y en especial la Unión de Guerreros Timorenses, está pagando avisos en los diarios de la parte occidental para atemorizar a quienes deseen volver a Timor Oriental.

Un aviso reciente sugirió que quienes opten por la repatriación serán rociados con gasolina y quemados vivos. Otros amenazan con torturas y fusilamientos. El ACNUR ha tratado de contrarrestar esa propaganda, pero muchos refugiados no creen que la agencia de la ONU pueda garantizar su seguridad.

Según un artículo publicado el 19 de marzo por el diario indonesio Jakarta Post, el ministro de Bienestar Social y Erradicación de la Pobreza de Indonesia, Basri Hassanuddin, afirmó que 10.000 timorenses orientales repatriados por agencias internacionales habían regresado a Timor Occidental en febrero.

El ministro declaró que esas personas regresaron a los campos de refugiados para escapar del hambre y la incertidumbre que hallaron del lado oriental.

Del Mundo, quien visitó la región fronteriza entre ambas partes de la isla la semana pasada, señaló que no había evidencia alguna de que semejante cantidad de timorenses orientales estuvieran regresando a Timor Occidental.

El funcionario comentó que el ACNUR desea que Yakarta aclare cuándo ocurrieron los hechos mencionados por Hassanuddin, y aseguró que la cantidad de refugiados que vuelven a Timor Oriental desde la parte occidental aumentó en las últimas semanas.

"El lunes 19 regresaron 450 personas, y el jueves 24 lo hicieron unas 800, 500 de ellas a bordo de un buque", indicó.

El Observatorio de Timor Oriental, una organización humanitaria con sede en Portugal, señaló que hay gran preocupación porque los refugiados no están siendo repatriados con la rapidez necesaria, antes de que expire el plazo fijado por Yakarta.

"El promedio de repatriados fue 2.000 por día entre el 8 de octubre y fines de noviembre. pero la cantidad descendió a 400 diarios en diciembre", advirtió.

"Según trabajadores humanitarios, la mayoría de quienes regresaron al principio habían estado en lugares a los cuales las agencias internacionales pudieron acceder, pero muchos otros tienen dificultades para abandonar campos controlados por milicias opuestas al proceso de repatriación", explicó. (FIN/IPS/tra- eng/si/ral/ego/mp/hd ip/00)

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